Actividad revolucionaria de Julio Antonio Mella
mella02 El tema que presentamos a continuación, escrito por el profesor e investigador cubano Felipe de Jesús Pérez Cruz, ofrece un valioso análisis del pensamiento y la actividad revolucionaria de quien fuera ejemplar luchador antimperialista, fundador del Primer Partido Comunista y una de las principales figuras que protagonizara la lucha contra el gobierno dictatorial de Gerardo Machado.

Julio Antonio Mella

El joven y audaz fundador (I)
A cien años de su nacimiento, continúa junto a nosotros en la lucha por "hacer lo que la memoria del Apóstol y la necesidad imponen"
Por: FELIPE DE JESÚS PÉREZ CRUZ *
Nieto del general Ramón Matías Mella, prócer de la independencia del pueblo dominicano, Julio Antonio Mella nació el 25 de marzo de 1903. Nicanor, el hijo del general "del ímpetu", era un próspero sastre que dictaba la moda en la capital habanera. Cecilia Magdalena Mac Partland y Diez, la madre, procedente de Hampshire, Inglaterra, llegó a amar profundamente la tierra de sus dos primeros hijos y nunca dejó de militar en las filas de quienes se oponían a la Enmienda Platt.
De tales padres heredaría Julio Antonio, desde la cuna, su vocación cosmopolita. Desde su origen, como hijo de una unión extramatrimonial, debió enfrentarse con los injustos preceptos del derecho burgués que impedían la voluntad de don Nicanor de reconocerlo con todos los derechos legales, junto a su hermano menor Cecilio.
No por desprecio al apellido McPartland –de la madre que, aunque en tierra lejana, siempre estuvo muy cerca de él–, sino por recta justicia, definitivamente adoptaría el apellido paterno, junto al nombre que definía sus sueños de emular las epopeyas de la antigüedad clásica.
En los documentos del Apóstol encontrará las coordenadas para el análisis del proceso de formación de la nacionalidad cubana
De la mano del poeta mexicano Salvador Díaz Mirón, profesor de Historia y Literatura en la Academia Newton, irá el joven Mella al primer descubrimiento raigal de su vida: el ideario del fundador del Partido Revolucionario Cubano. Ya en 1919 están publicados los principales trabajos del Maestro, en ediciones incompletas y muy reducidas, pero capaces de permitirle un acercamiento al pensamiento revolucionario martiano.
En los documentos del Apóstol encontrará las coordenadas para el análisis del proceso de formación de la nacionalidad cubana y del papel que juegan maestros como José de la Luz y Caballero y Félix Varela. Martí lo prepara también para acercarse a lo más progresivo del positivismo latinoamericano: a Enrique José Varona y José Ingenieros.
De Martí y en Martí conoce profundamente el pensamiento bolivariano. Su sueño de ser militar y pelear por la Patria americana se convierte en fuerte resolución. El anhelo de matricular en el Colegio Militar de San Jacinto lo lleva a emprender en 1920 viaje a México. Desde ese país en revolución se abrió a la América Nuestra y comprendió la doble moral imperialista que declaraba el "panamericanismo" y la "democracia", mientras mantenía sus tropas de ocupación en Nicaragua, Haití y República Dominicana.
Junto a Alberto Chomat y Miguel Ángel de la Torre, en su época de universitario, cuando luchaba por la unidad del estudiantado de todo el país
En esta temprana visita a la patria de Juárez, Mella precisa definitivamente cuál es el enemigo principal, y se planteará la vía de la unidad latinoamericana para derrotarlo. En una de las crónicas en que narra su viaje por tierra mexicana definirá: "Los pueblos hermanos que un loco tenaz descubriera, cachorros de un caduco león son hoy presas de un águila estrellada. ¿Por qué razón? ¿Por qué justicia? Por ninguna (...) Ver unidas a las repúblicas hispanoamericanas para verlas fuertes, dominadoras y servidoras de la libertad, diosa. He aquí mi ideal".
Es asombrosa la profundidad y lucidez con que el joven Julio Antonio, con solo 17 años, lleva dentro de sí las ideas del Maestro. Antes de 1920 ningún otro cubano había asumido con tanta nitidez la concepción central de la unidad latinoamericana, como condición de supervivencia y desarrollo frente a la agresiva expansión imperialista de los Estados Unidos, que latía en el Héroe de Dos Ríos.
El penetrante análisis martiano de la política norteamericana e hispanoamericana de finales del siglo XIX, proporciona a Mella los elementos iniciales para la comprensión de la falsa y corrupta "democracia multipartidista" instaurada en Cuba, la permanente extorsión política y económica a través de las intervenciones militares, de la Enmienda Platt, la "reciprocidad" comercial y los empréstitos. Esta era, en lenguaje martiano, una "república teórica".
Julio Antonio parte de la concepción ética de José Martí que lo convoca directamente a la acción, a la praxis revolucionaria. México insurgente le ratifica la validez de ese principio y pronto comprobará que es ese el más eficaz instrumento para hacer triunfar las ideas en las masas. Así inicia su participación en el movimiento renovador universitario.
La reforma universitaria
Su primera acción al frente del movimiento estudiantil en el despegue de 1921, demuestra la inspiración martiana del joven. Es un hecho esencialmente político de profunda connotación antimperialista y latinoamericanista. Esta primera batalla se libra, afirma, para impedir vincular la Universidad al "carro de triunfo del imperialismo yanqui de la postguerra", cuando Cuba "sin distinción alguna" está vejada a cada paso "como Santo Domingo y Haití".
Al interés propiamente académico por la renovación universitaria se unía en Mella la preocupación política por la modernización de la sociedad, en busca de la ampliación de la democracia y la participación de los estudiantes en la vida nacional. Para lograr tal propósito se hacía indispensable la unidad de todo el estudiantado, primero universitario, después del país. Así fundó la Federación de Estudiantes Universitarios en 1922 y al siguiente año, guió las labores del primer congreso revolucionario de estudiantes.
En medio del combate estudiantil hallará la solidaridad militante de la clase obrera. El sindicalismo revolucionario de Alfredo López y el venerable magisterio del veterano marxista Carlos Baliño le ratifican que no puede haber una verdadera reforma universitaria sin Revolución, que la unidad obrero estudiantil tiene un carácter estratégico en el combate por la liberación nacional y el socialismo.
El eje López–Baliño sería definitivo en la formación del joven líder. Junto a ellos, en el fragor de la lucha política, precisa el sentido de su vida como servicio patriótico e internacionalista a la causa de la liberación nacional y la revolución socialista. Por eso se incorpora a los primeros grupos leninistas desde 1923, y estará entre los fundadores y dirigentes del primer Partido Comunista de Cuba en agosto de 1925.
Martiano y leninista
Hay que fijar el año 1924 como el momento de un pensamiento marxista y leninista definitivo en Julio A. Mella, teoría que ha aceptado para interpretar y transformar la realidad sobre la base de las tradiciones ideológicas nacionales. De Martí transita Mella al socialismo científico, a Marx y Engels, a Lenin. De Lenin, con más pasión y certeza aún, reincorpora una definitiva lectura de Martí. El latinoamericanismo y antimperialismo martianos se le revelan en toda su trascendente dimensión. La obra organizativa y el programa liberador e internacionalista del Partido Revolucionario Cubano, con sus bases proletarias en Tampa y Cayo Hueso, enriquecen su concepción revolucionaria de la historia de Cuba y le demuestran las raíces precursoras de los ideales de justicia social e independencia nacional que enarbolan los comunistas.
En el Congreso de Bruselas contra el imperialismo y la opresión colonial, contactó con revolucionarios y luchadores anticolonialistas de todo el mundo
Mella declaró a la clase obrera cubana de la época, heredera y continuadora de Martí y defendió con tesón la línea del ideario democrático revolucionario martiano en los combates de los comunistas cubanos. Esta concepción será el nervio central de la Universidad Popular José Martí, fundada en noviembre de 1923.
El continuo descubrimiento de José Martí, de su avanzado pensamiento, le daría una gran ventaja –en lo ideológico y lo político–, sobre otros revolucionarios que en Cuba y América Latina abrazaron la causa del proletariado. Lo preparó para asumir una postura creadora, opuesta a los dogmas y las asimilaciones miméticas de experiencias revolucionarias válidas en otras circunstancias.
Julio Antonio tiene muy presente las ideas del maestro. "Injértese en nuestras repúblicas el mundo, pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas", había sentenciado Martí en Nuestra América y junto a Máximo Gómez, en el Manifiesto de Montecristi, una vez más critica el error de ajustar la realidad "a moldes extranjeros de dogma incierto o mera relación a su lugar de origen". Es por ello que Mella comprende, con solo veintiún años, el extraordinario paso dado por el hombre en el camino de su liberación con el triunfo de la Gran Revolución de Octubre, y afirma: "No pretendemos implantar en nuestro medio, copias serviles de revoluciones hechas por otros hombres en otros climas...".

Así, incorpora el marxismo y el leninismo a la ideología revolucionaria cubana como programa de asimilación cognoscitivo, valorativo y práctico transformador de la realidad. Y comprende desde sus primeras incursiones teóricas al socialismo, que éste solo puede funcionar en una cultura de manera histórico-concreta, fundido con la herencia espiritual y práctico-transformadora en la que se incluye. De esta forma inició el controvertido pero vital camino de identificar y reconocer en las obras de Marx, Engels y Lenin –así como en la Gran Revolución Socialista de Octubre y en los procesos revolucionarios de la India y China–, junto a sus extraordinarios méritos, lo estrictamente referido al pasado siglo XIX o comienzos del XX, lo ruso o asiático, de lo universal y e históricamente trascendente.
El joven y audaz fundador (III y final)
Latinoamericanismo y antimperialismo
En julio de 1925 nació la Liga Antimperialista de Cuba. Fundada por Mella y Baliño contó con la presencia combativa de Rubén Martínez Villena y otros luchadores. La Liga, inspirada por la Internacional Comunista, sería un instrumento fundamental para la aplicación creativa de las ideas leninistas en los países coloniales y dependientes. Julio Antonio llegaría a convertirse en el máximo orientador de la organización en toda Latinoamérica. Al llegar a México en 1926 es nombrado secretario general de su Comité Continental Organizador y desde esta posición rectora establece contacto con los revolucionarios y demócratas de toda la región e impulsa las actividades preparatorias para un evento internacional.
En febrero de 1927 participa en el Congreso de Bruselas contra el imperialismo y la opresión colonial. Como anticipó en carta a Sarah Pascual, "la experiencia que se adquirirá en este Congreso vale una vida". En él contacta con los revolucionarios y luchadores anticolonialistas de 37 países y 137 organizaciones progresistas del mundo.
Bajo la conducción de Mella, los latinoamericanos hicieron en el Congreso un importante aporte al pensamiento revolucionario de la época. La Resolución sobre América Latina se destaca por su claridad y precisión. Adelanta una caracterización de nuestra región de acuerdo con sus relaciones con el imperialismo yanqui, lo que representaba una novedad teórica en el concierto del movimiento revolucionario del momento. Se denuncian las dictaduras criminales que apuntalan los monopolios norteamericanos y desenmascara la Unión Panamericana como instrumento de la expansión estadounidense.
Junto al trabajo teórico, Mella realizaría una constante labor de apoyo material y solidario a la causa del pueblo nicaragüense que, comandado por Augusto César Sandino, resistía la invasión yanqui. Consideraba que este líder marcaba el camino de la respuesta revolucionaria que debía partir desde nuestras tierras. También apoyó las labores conspirativas de los revolucionarios venezolanos que se preparaban para la lucha armada contra la dictadura proimperialista en su país.
"La lucha contra el imperialismo de todas las fuerzas y tendencias –afirmaba en su prédica latinoamericanista–, es la lucha más importante en el momento actual (...), tenemos el deber de plantear el problema ‘nacionalista’ para unos, el ‘social’ para otros pero antimperialista para todos"
Cuba Libre, para los trabajadores
Concibe la liberación de Cuba –como lo hizo Martí–, como parte inseparable del combate antimperialista a escala continental. Así se siente continuador de la tarea histórica del Partido Revolucionario Cubano creado por Martí. Considera que la maravillosa herencia política de Martí se enriquecía con las tesis leninistas sobre el frente único y la estrategia revolucionaria en los países coloniales y dependientes.
La tarea liberadora bosquejada desde los días fundacionales de agosto de 1925, tendría con la articulación en México, en 1928 de la Asociación de Nuevos Emigrados Revolucionarios de Cuba (ANERC), un vehículo idóneo de realización en las condiciones de la lucha antimachadista. "Cuba Libre, para los trabajadores", es la consigna que expresa la dialéctica histórica que Mella defiende. Organización de frente amplio, donde los comunistas lograban nuclear a todos los luchadores contra la tiranía y la injerencia norteamericana; la ANERC sería dotada por su creador de un programa que abría una nueva perspectiva para el desarrollo del pensamiento y la práctica revolucionaria en Cuba y América Latina.
Cuando preparaba la expedición que lo traería desde México para incorporarse a la lucha armada, en la noche del 10 de enero de 1929, pistoleros a sueldo del dictador de turno en la entonces neocolonia cubana asesinaron a Julio Antonio Mella. El programa martiano, marxista y leninista de liberación nacional que dio a conocer a través de la ANERC, sería su testamento político.
Continúa entre nosotros
Julio Antonio Mella no pretendió ser un hombre infalible, pero sí consecuente con sus opiniones y actuar. Esta honestidad revolucionaria se puso a prueba no solo frente a los tenaces enemigos de clase. Supo con firmeza y dignidad enfrentar las incomprensiones y erróneas acusaciones, dentro de las propias filas comunistas, y sobre todo, halló las vías más idóneas para superar esos momentos difíciles en aras de los intereses mayores de la Revolución.
El hoy centenario fundador, audaz, valiente, creativo, tanto en lo vital como en lo ideológico, nos enseña a vivir en tiempos difíciles, a luchar con las armas de la teoría y la práctica. Continúa junto a nosotros en la lucha por "hacer –diríamos con Mella– lo que la memoria del Apóstol y la necesidad imponen.
* Historiador. Investigador del Centro de Estudios sobre América.
Regresar a Temas de onceno

Comentarios


Deja un comentario