El antimperialismo

Rasgo característico del pensamiento revolucionario cubano desde finales del siglo XIX y su importancia en la enseñanza aprendizaje de la Historia de Cuba.
Por: Roberto Gómez Montano

Jos_Mart_I1De José Martí a Fidel Castro se desarrolla una línea de pensamiento revolucionario en la que el antiimperialismo constituye un componente esencial. Un antiimperialismo marcado por la comprensión del peligro representado por el apetito expansionista norteamericano para Cuba y América desde finales del siglo XIX, que se extendería una vez llegado el XX a otros confines del mundo. No escaparía a los principales exponentes del pensamiento antimperialista en el siglo XX, la identificación del imperialismo como responsable de la frustración del ideal de república soñado por Martí y de los males que acompañaron su existencia hasta 1958 y por tanto la necesidad de combatirlo: “Un estudio somero de la situación político-económica de Cuba, nos había llevado a la conclusión de que un movimiento, que no fuese antiimperialista en Cuba, no era una revolución. Se servía al imperialismo yanqui o se servía al pueblo, pues sus intereses eran incompatibles”, escribía Guiteras en 1934. [1]

A las voces patrióticas de Salvador Cisneros Betancourt, Juan Gualberto Gómez y Manuel Sanguily opuestas a la imposición de la Enmienda Platt y la dominación extranjera, acompañadas por el magisterio ilustre de Enrique José Varona, se iría sumando al avanzar la república la intelectualidad joven, revolucionaria y antimperialista representada en las figuras de Emilio Roig, Juan Marinello, Julio A. Mella y Rubén Martínez Villena.

Fruto del desarrollo de la conciencia antimperialista en el seno de esta intelectualidad joven y de su repercusión en otros sectores de la sociedad cubana, fueron las declaraciones de repudio al imperialismo yanqui, la aplicación de la Enmienda Platt y el Tratado Permanente de Relaciones hechas durante el Primer Congreso Nacional de Estudiantes el 25 de octubre de 1923, la fundación de la Liga Antimperialista de Cuba, el 14 de julio de 1925, el enfrentamiento popular al injerencismo norteamericano personalizado en la figura de sus representantes diplomáticos Crowder, Sumner Welles y Jefferson Caffery durante los gobiernos de Zayas, Machado y Mendieta respectivamente y la fundación por Antonio Guiteras en mayo de 1934 de “La Joven Cuba”, organización revolucionaria con un programa político antimperialista que concebía la lucha armada como vía para conquistar el poder e iniciar las transformaciones en la república neocolonial.

En el plano de la producción literaria el desarrollo del antiimperialismo se evidenció en los trabajos “Cuba, un pueblo que jamás ha sido libre” (1924), de Julio A. Mella, “Cuba, factoría yanqui” (1927), de Rubén Martínez Villena e “Historia de la Enmienda Platt” (1935), de Emilio Roig, entre otros.
Durante las décadas del cuarenta y cincuenta del siglo XX la dominación norteamericana sería responsable fundamental del agravamiento de la situación de miseria de las masas y los males que aquejaban la república. Los sectores más avanzados de la sociedad cubana y sus figuras representativas continuaron el combate antimperialista y entre ellos los militantes del Partido Socialista Popular que llevaron adelante su labor en condiciones muy adversas: “Aunque existía un destacamento abnegado y combativo de comunistas cubanos, la burguesía y el imperialismo habían logrado aislarlo políticamente. (…) El Partido marxista-leni­nista, por sí solo, no contaba con medios, fuerzas ni con­diciones nacionales e internacionales para llevar a cabo una insurrección armada.” [2]

Surge entonces una nueva hornada de revolucionarios dispuestos a dar la batalla final contra la dominación imperialista en nuestra patria, algunos de los cuales, como había sido común desde el inicio de la República, habían completado su formación ideológica transitando desde el pensamiento independentista y antimperialista de Martí al ideal del marxismo-leninismo. Fue la Generación del Centenario que hizo posible la obra de la Revolución, que como planteara Fidel: “…tuvo que ser obra de nuevos comunistas, sencillamente, porque no eran conocidos como tales y porque no tuvieron que padecer en el seno de nues­tra sociedad, infestada de prejuicios y controles policíacos imperialistas, el terrible aislamiento y la exclusión que padecían los abnegados combatientes revoluciona­rios de nuestro primer Partido comunista.” [3]

A pesar de la comprensión alcanzada por determinados sectores de avanzada dentro del pueblo, acerca de la responsabilidad norteamericana en el surgimiento de la república neocolonial y los graves problemas que la afectaron, la formación de una conciencia antimperialista en las nuevas generaciones de compatriotas fue tarea asumida excepcionalmente por el magisterio cubano, aislado de cualquier directiva o patrocinio gubernamental. La oligarquía criolla jamás estuvo interesada en educar a los jóvenes en sentimientos de repulsa a la dominación imperialista; todo lo contrario.

El triunfo revolucionario posibilitó la divulgación masiva del pensamiento antimperialista cubano incluyendo su estudio en los diferentes niveles de enseñanza y junto a ello rescatar para las nuevas generaciones de cubanos la verdad histórica en cuanto a la actitud hostil que asumieron los círculos de poder norteamericanos contra la Nación Cubana sistemáticamente falseada durante la república neocolonial: ”A los niños se les enseñaba en las escuelas que ese país era el generoso libertador de nuestra patria”. [4]

Este proceso de divulgación del ideario antimperialista y de esclarecimiento de la verdad histórica sobre la actuación de los círculos de poder norteamericanos hacia Cuba, tuvo en Fidel Castro su principal y más temprano impulsor: “Se acabó la Enmienda Platt que fue una injusticia imponerla a una generación que luchó por la independencia, aquella ley que le quitaba precisamente la independencia.” [5], expresó en discurso pronunciado el 13 de enero de 1959 al referirse al principal mecanismo político de dominación imperialista impuesto por las autoridades de ocupación como condición para el surgimiento de la República, para dos días más tarde agregar: “Y se implantó la Enmienda Platt, que, o nos portábamos bien, bien en el sentido y en el concepto que le interesaba al país extranjero, o nosotros, pues, perdíamos nuestra soberanía, pues los Estados Unidos tenían el derecho de intervenir en Cuba.” [6]

Se evidencia, en estos primeros discursos del Jefe de la Revolución, la intención de contribuir a formar en el pueblo cubano una conciencia antimperialista que partiese del establecimiento de la verdad histórica y de explicar el papel desempeñado por el imperialismo y sus servidores en la frustración del ideal martiano de república: “(…) Nosotros hemos sido víctimas históricamente de la influencia poderosa de los Estados Unidos en el destino de nuestro país. Esto es algo que tanto Maceo, como Martí, como todos los próceres de la independencia comprendieron, y les preocupó mucho. Ustedes saben además, que siempre hubo en Cuba una corriente anexionista. El anexionismo fue la corriente que en la historia del país se oponía a la corriente independentista.” [7]

En medio siglo de Poder Revolucionario, esta sistemática labor de fortalecimiento de la conciencia antimperialista emprendida por Fidel, ha tenido en la enseñanza de la Historia Nacional por maestros y profesores en la escuela un importante sostén, mantenerlo es y será esencia de nuestro trabajo.

Bibliografía

  • Guiteras Antonio, “Septembrismo”, Revista Bohemia, 1 de abril de 1934 (1)
  • Castro Fidel, Informe Central al Primer Congreso del PCC, 1975, Editora Política (2.3, 4)
  • Castro Fidel, discurso en el homenaje ofrecido por el Club de Leones al Ejército Rebelde, La Habana, 13 de enero de 1959. Cuadernos de Historia Habanera, No 66. Oficina del Historiador de La Habana, 1959, pp.118, 120-121. (5)
  • Castro Fidel, discurso pronunciado el 15 de enero de 1959 en el Club Rotario, “El pensamiento de Fidel Castro, selección temática, tomo I, volumen I, p. 5, Editora Política, 1983. (6)
  • Comparecencia en el programa de televisión “Ante la Prensa”, La Habana, 19 de febrero de 1959. (7)

 

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