Cuba vs. Plattismo

105 años de lucha

La batalla de los cubanos contra la funesta Enmienda y el injerencismo que ella implicaba comenzó desde antes de su imposición

Por: PEDRO ANTONIO GARCÍA
(tomado de la revista Bohemia)

En 1898, tras 30 años de lucha del pueblo cubano, cesó la dominación española en nuestro archipiélago. Pero ello no implicó la independencia. Mediante el Tratado de París, suscrito por Estados Unidos y España a espaldas de los mambises, se legitimaba la ocupación militar norteamericana en Cuba y se abría el camino de su anexión al imperio norteño.
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Así reflejó la prensa cubana de la época la imposición de la Enmienda Platt
El sentimiento independentista de los cubanos frustró las apetencias expansionistas de Washington. El costo político de imponer la anexión mediante la violencia era muy alto. Estados Unidos apela a otros métodos: convoca a una Asamblea Constituyente con el fin de redactar una Carta Magna para Cuba y acordar "las relaciones que habrían que existir" entre su futuro gobierno y el estadounidense. Y como condición para el nacimiento de la nueva república, impusieron como apéndice constitucional la llamada
Hasta última hora, los delegados a la Asamblea Constituyente intentaron resistir o aminorar esta imposición. Pero el ultimátum del imperio fue tajante: como condición ineludible para retirar la ocupación militar, no podía quitársele ni una coma a la Enmienda Platt. Esta se mostraba como lo que siempre fue, una forma velada de anexión.
Cuando las vacilaciones comenzaron a campear entre los cubanos se alzó la voz de
En la sesión secreta del 12 de junio de 1901, de los 27 delegados presentes, 16 votaron por su aceptación. "Es la única forma de establecer la República", se lamentó Domingo Méndez Capote. "Toda resistencia sería funesta", afirmó Manuel Sanguily para justificar su acción. "Entiendo que ya se ha resistido bastante y no puede resistirse más", dijo José N. Ferrer.
Once constituyentes persistieron en el rechazo con el voto en contra, entre los que se encontraban Juan Gualberto Gómez y Salvador Cisneros Betancourt. Uno de ellos, el general Lacret, resumió el sentir general: "Nos hemos esclavizado para siempre con férreas y gruesas cadenas".
Y en los diccionarios políticos comenzó a acuñarse un nuevo concepto: "neocolonia".

Cuba como protectorado yanqui

Como apéndice constitucional, podía ser revocada si se modificaba o derogaba la Carta Magna. Por eso, en su cláusula ocho, la Enmienda Platt determinó "que para mayor seguridad en lo futuro" se insertaran todas sus disposiciones en un Tratado Permanente entre Cuba y los Estados Unidos, el cual se suscribió el 22 de mayo de 1903.

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Dos voces que se alzaron contra el injerencismo: Salvador Cisneros Betancourt y Juan Gualberto Gómez

Tal como también estipulaba la Enmienda, una vez constituida la república neocolonial, el régimen de Estrada Palma fue apremiado a firmar un convenio de arrendamiento para bases navales y carboneras, mediante el cual cedía extensiones de tierra y agua "a los EE.UU. por el tiempo que lo necesitaren". La base naval de Guantánamo devino desde entonces punto de partida para la injerencia norteamericana en nuestro país.
De allí partieron en más de una ocasión marines para intervenir militarmente en Cuba, como en 1912, cuando participaron -sin que el gobierno de turno lo solicitara- en la represión contra el levantamiento de los Independientes de color. O en 1917, durante la llamada Guerra de la Chambelona, con el pretexto de "defender bienes e intereses de ciudadanos estadounidenses".
Después de 1959, ha sido foco de agresiones, conspiraciones y todo tipo de actividad contrarrevolucionaria, incluso refugio de criminales reclamados por la justicia. Justo en nuestros días, el imperio la emplea sin vergüenza como cárcel para cientos de prisioneros encarcelados de forma ilegal.
A pedido del presidente Estrada Palma, en 1906, Estados Unidos hizo uso de la tercera disposición de la Enmienda, que le permitía "ejercitar el derecho a intervenir" en el archipiélago. Sus tropas ocuparon militarmente el país hasta 1909. Desde entonces el imperio aplicó en Cuba la llamada "política preventiva", tendente a aconsejar, amenazar y dirigir al gobierno de turno, así como a entrometerse en nuestros asuntos internos, amparado en la mencionada disposición.
El embajador yanqui se convirtió en la máxima autoridad de la Isla, incluso por encima del presidente, como hiciera William González, quien enviaba notas y
proclamas a los diarios, al pueblo, a la oposición y al presidente Mario García Menocal (1913-1921), prodigando consejos y amenazas. Tal situación se repitió durante la presidencia de Alfredo Zayas (1921-1925), con otro enviado especial: Enoch Crowder.

Del antinjerencismo al antimperialismo

La lucha cubana contra la Enmienda Platt comenzó desde el mismo momento de su imposición. Figuras como Enrique José Varona y Enrique Collazo, entre otras, devinieron estandartes del antinjerencismo. En 1909 se fundó, incluso, una Liga Antiplattista, que tuvo por órgano principal de sus actividades el diario habanero El Triunfo, mientras Julio César Gandarilla, desde su libro Contra el yanqui, convocaba a luchar contra la injerencia estadounidense "no predicando gratitud, sino la santa rebeldía".
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El Primer Congreso Nacional de Estudiantes (1923), organizado y liderado por Julio Antonio Mella, declaró su rechazo al Tratado Permanente y la Enmienda Platt

Esa "santa rebeldía" la asumieron las jóvenes generaciones. Uno de sus más altos exponentes en la poesía, el destacado revolucionario Rubén Martínez Villena, pediría en su Mensaje Lírico Civil (1923), una carga para matar bribones/ para acabar la obra de las Revoluciones, entre otras cosas para poder un día, con prestigio y razón/extirpar el apéndice de la Constitución.
También el movimiento estudiantil se pronunció "especialmente en contra de la intromisión del imperialismo yanqui en nuestros asuntos internos". El Primer Congreso Nacional de Estudiantes (1923), organizado y liderado por Julio Antonio Mella, "se declara contrario abiertamente al Tratado Permanente entre Cuba y los EE.UU. (vulgarmente Enmienda Platt) y proclama que uno de sus más vehementes aspiraciones es verlo desaparecer".
Pronto esta generación se percató de que la Enmienda Platt era solo un mecanismo más dentro de todo un complejo proceso de dominación neocolonial. Mella fundamentó esta toma de conciencia en su ensayo Cuba, un pueblo que nunca ha sido libre, donde demostró cómo a través de los empréstitos y la inversión de capitales, se creaba una "total dependencia" de Cuba al "Estado capitalista del gringo Sam". A la vez, Rubén Martínez Villena, en Cuba, factoría yanqui, explicó cómo, al amparo de la Enmienda Platt, "la situación de Cuba como esclava del capital yanqui se ha asegurado definitivamente".
Mella y Villena fueron también los más destacados dirigentes e ideólogos del primer Partido Comunista de Cuba, organización que tuvo como uno de los objetivos supremos de su proyecto político la lucha contra todo tipo de penetración y dominio del imperialismo yanqui en nuestro país.

El antimperialismo al poder

El repudio de los cubanos a la Enmienda Platt, y la evolución de sus posiciones antinjerencistas hacia un pensamiento netamente antimperialista, hicieron comprender a los círculos de poder de los EE.UU. la necesidad de variar los mecanismos dentro de su estrategia de dominación sobre Cuba. Al mediodía del 7 de mayo de 1933, llegó a la Isla Benjamin Sumner Welles. Aunque tenía entre sus objetivos un rediseño de la Enmienda Platt, tuvo que concentrarse en otros problemas: el país se hallaba en medio de una situación revolucionaria.
Con su "mediación", Welles intentaba evitar a toda costa el triunfo de la Revolución. Al amparo de la Enmienda Platt conspiró con la oposición, aconsejó y amenazó al gobierno; y en medio de una huelga general que derribó al régimen machadista el 12 de agosto de 1933, conformó un gobierno títere, de corta vida, derrocado 23 días después por una insólita coalición de sargentos, soldados, intelectuales y estudiantes.
Ante la consternación y el azoro del imperio, el nuevo gobierno decretó leyes de franco matiz antimperialista, a propuesta de uno de sus miembros, Antonio Guiteras. Por primera vez en nuestra historia republicana una administración se atrevía a desafiar al imperio y a repudiar en público, incluso, el injerencismo.
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Para Antonio Guiteras, todo movimiento revolucionario en Cuba tiene que ser necesariamente antimperialista
En la VII Conferencia Internacional Americana, inaugurada en Montevideo el 3 de diciembre de 1933, un miembro de la delegación cubana declaró: "La Enmienda Platt y el Tratado Permanente tienen vicios de coacción, porque el pueblo de Cuba no (los) aceptó libérrimamente... ya que mi país estaba intervenido por las bayonetas norteamericanas". Y proseguía en su denuncia: "Cuba es y será contraria a la intervención, Cuba declara que la Enmienda Platt y el Tratado Permanente tienen vicios de ilegalidad y fueron impuestos por la coacción sobre ella en momentos de los más críticos que un pueblo puede afrontar".
La falta de unión entre las fuerzas antimperialistas impidió la formación de un frente común y la Revolución fue derrotada. Se implantó un régimen de corte fascista, regenteado por el nuevo embajador yanqui Jefferson Caffery y el sargento devenido coronel Fulgencio Batista.
Guiteras, al convocar a la lucha armada desde la clandestinidad, reiteró la denuncia a la Enmienda y a todo injerencismo y trazó como su principal objetivo de lucha la profunda transformación socioeconómica del país.

Plattismo sin Enmienda

El 29 de mayo de 1934, los gobiernos de Estados Unidos y Cuba -es decir, el embajador Caffery y su socio Batista- firmaron el Tratado de Relaciones entre ambas repúblicas, que proclamaba la derogación de la Enmienda Platt. La abrogación de la Enmienda recibió un comentario mordaz del reaccionario William Casttle: "No quiere decir que los Estados Unidos no volverán a intervenir en Cuba (...), puede que en el futuro surjan ocasiones en que los EE.UU. se vean obligados a intervenir", recordando que el propio Rossevelt ya lo había hecho "haciendo abandonar el poder a Gerardo Machado y obligando a hacer lo mismo a Grau San Martín, a quien se negó a reconocer".
Los años le darían la razón a Casttle. El imperio apoyaría abiertamente a la tiranía batistiana (1952-1958) e incluso su embajador, Earl Smith, trataría de evitar el triunfo revolucionario con un intento mediacionista de conformar un gobierno títere, derrotado por la huelga general revolucionaria que Fidel convocó en enero de 1959.

El plattismo hoy

La mentalidad plattista sigue vigente en la política norteamericana hacia nuestro país. El agravamiento del bloqueo mediante leyes extraterritoriales como la Torricelli y la Helms-Burton o la aplicación de otras como la de Ajuste Cubano y demás engendros anticubanos persiguen el fin de negar a nuestro país su derecho a existir como nación independiente o, de lo contrario, aplastarlo por hambre y enfermedades. A esas variantes actuales del injerencismo, a las que habría que agregar, de los últimos tiempos, el Plan Bush para la titulada transición democrática en Cuba, que va más lejos, incluso, que la Enmienda Platt, pues pretende convertir a nuestro país en algo aún más oprobioso que una neocolonia.
A un siglo de distancia, este pueblo que tanto combatió contra el infame apéndice y contra el injerencismo político y económico, no se cansa de luchar. Ni se cansará. De Martí, Juan Gualberto, Mella, Villena, Guiteras y tantos otros nos llega ese profundo espíritu antimperialista que se transformó en Revolución triunfante el 1ro. de enero de 1959 y que nos sigue guiando en este continuo batallar contra el imperio más poderoso de la historia.
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