Diplomacia cubana e intervención norteamerica en la Guerra de 1895.

Autor(a): Dr. Yoel Cordoví Núñez.

La Legación Cubana y la diplomacia

La búsqueda del apoyo internacional a la revolución fue una de las tareas prioritarias en su fase organizativa; también, en su ejecución. Los trabajos de José Martí, encaminados a lograr con los "pueblos amigos" las relaciones que tendieran a "acelerar con la menor sangre y sacrificios posibles el éxito de la guerra y la fundación de la nueva república",1 estaban entre las prioridades emprendidas por el Maestro, ya fuese de forma directa o por medio de comisionados: "Grande y constante es el socorro que el Delegado espera abrir en los pueblos americanos...",2 así expresaba a los presidentes de los clubes del Partido Revolucionario Cubano (PRC) en el Cuerpo de Consejo de Cayo Hueso.

Como un "deber de conservación nacional" consideraba la atención que debía prestársele a las relaciones con Estados Unidos, imposibles de obviar, tanto por su cercanía, número de emigrados cubanos, centro donde radicaba la dirección del Partido, así como por las pretensiones expansionistas sobre los pueblos de América Latina, avizoradas por él desde fecha temprana. La independencia de Cuba y Puerto Rico, según el Delegado, sólo estaría garantizada cuando el pueblo norteamericano conociera y respetara los méritos y capacidades de los habitantes de estas islas. El peligro estaba latente: "... se correría gran riesgo si no se lograse mover a efecto y consideración al pueblo y gobierno de los Estados Unidos."3

Una vez iniciada la guerra y establecida la Delegación Plenipotenciaria , esta mantuvo la cuestión de la diplomacia entre sus líneas de acción principales. Las agencias y la Legación Cubana en Washington fueron las estructuras encargadas de desempeñar tales funciones, apoyados en todo momento por los clubes y Cuerpos de Consejos del PRC.

Los agentes de la Delegación en Estados Unidos eran, por lo general, figuras formadas en esa nación, con perfecto dominio del idioma inglés y que gozaban, además, de gran influencia en amplios círculos de la política y los negocios, a través de los cuales gestionaban el apoyo y la mediación del gobierno norteño en el conflicto hispano-cubano. Algunos, como los casos de Juan Guiteras, Fernando Figueredo y Nelson Polhamus, habían desempeñado o desempeñaban funciones y cargos en ese país.

 

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Fernando Figueredo Socarrás nació en Puerto Príncipe, hoy ciudad de Camagüey, el 9 de febrero de 1846 y falleció el 13 de agosto de 1929
El Dr. Guiteras, agente de Filadelfia y profesor de la Universidad de Pennsylvania, se desempeñó en el cargo de Inspector de Salubridad Pública en los estados de Georgia, Florida y Las Carolinas, mientras que el agente en Tampa, Figueredo, ocupó un asiento en la Cámara de la Florida durante la reelección del senador demócrata Wilkinson Call, figura importante en los debates parlamentarios a favor de la intervención en el problema cubano. Por su parte, el agente Polhamus, además de los vínculos estrechos sostenidos con las agencias de información, se codeaba con lo más selecto de la sociedad en los estados de Alabama, Mississippi y Tenesse.

Si bien los ejes Filadelfia-Nueva York y Washington-Nueva York, marcaban el ritmo de los esfuerzos diplomáticos, las agencias ubicadas en otras ciudades, como Boston, Texas e Illinois, también trabajaron con el objetivo de cumplir con uno de los deberes planteados por Estrada Palma: "... procurar que el gobierno de los Estados Unidos nos reconozca como beligerante."4

Los esfuerzos por lograr el reconocimiento de la beligerancia de los gobiernos y el apoyo de los pueblos a la causa libertadora no fue una misión exclusiva de los funcionarios cubanos en Estados Unidos. En México, por ejemplo, las indicaciones de Estrada Palma a su agente Nicolás Domínguez Cowan tenían dos finalidades esenciales: explorar la voluntad de los hombres públicos y de estado de México e ir preparando el terreno para gestionar el reconocimiento y reunir fondos y recursos de guerra en esa nación.5

Fue la república mexicana uno de los centros priorizados en América Latina para la labor diplomática. El trabajo con esta nación fue atendido a través de Cowan, pero también de forma directa mediante el Encargado de Negocios en Washington. En dos ocasiones durante la guerra Quesada viajó a México y son conocidos sus fallidos intentos por entrevistarse con el presidente Porfirio Díaz, quien sólo se limitaba a enviar a su secretario con instrucciones nada precisas con relación a la independencia de la vecina Isla.6

Otra república del hemisferio con la que la directiva de la Delegación trabajó directamente fue Chile, tal vez teniendo en cuenta el apoyo oficial y activo que prestó esa nación a la independencia de Cuba durante la Guerra de los Diez Años. En abril de 1897 Gonzalo de Quesada llegó al país andino para presentar al ministro Domingo Gana un proyecto de acción común entre las repúblicas del continente a favor de la causa cubana. Fue otro fracaso. Ese mismo año fueron concertados tratados importantes entre España y Chile que se extendieron a Perú, Costa Rica y Guatemala, además de los tratados de paz y propiedad literaria firmados con México y Uruguay.7

La importancia de la labor diplomática en Estados Unidos se hacía más notable en la medida que se percibía, claramente, el distanciamiento y la hostilidad de los gobiernos de las repúblicas latinoamericanas hacia la independencia de Cuba. En América Latina a finales del siglo XIX dominaban los círculos más conservadores del liberalismo en íntima asociación con el capital extranjero, desplazando a los sectores populares, más ligados al proceso libertador en la Isla. Igualmente , España dejaba de constituir una amenaza para las jóvenes naciones del continente, influidas por cierto espíritu hispanista que llegó a cristalizar en iniciativas como la Unión Ibero-Américana , la amplia conmemoración hemisférica del cuarto centenario en 1892 y las solicitudes formuladas por varios gobiernos para que la antigua metrópoli mediara en delicados litigios fronterizos.

La posición del gobierno de Estados Unidos no distó de la que asumieron las repúblicas del continente. El no reconocimiento de la beligerancia, la crítica al movimiento revolucionario y los obstáculos constantes en la organización y envío de expediciones caracterizaron tanto a la administración de Grover Cleveland como la de su sucesor William McKinley. Existían, no obstante, diferencias notables que favorecían la búsqueda de la mediación de Estados Unidos con más probabilidades de éxito, aunque también con mayores riesgos: las comunidades de emigrados, superior en número y organización a las del resto del mundo, cercanía, desarrollo e historia, sensibilidad del pueblo norteamericano por la causa cubana e, incluso, la propia existencia de concepciones expansionistas, susceptibles a acudir al intervencionismo como recurso de dominación.

Desconocer la labor diplomática desplegada por la delegación cubana en el transcurso de la guerra, reduciendo este intríngulis a las relaciones entre Estados Unidos y España, es soslayar una parte esencial, nada despreciable en el conjunto de factores que imbricados condujeron a la intervención. Desde el primer año de la guerra, las estructuras de la Delegación comenzaron a proyectarse activamente en encauzar los sentimientos del pueblo estadounidense hasta lograr una acción conjunta e invariable que impulsara al Congreso y al Gobierno del país a variar la política hostil anunciada por la administración Cleveland.

 

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Gonzalo de Quesada
Mucho se ha hablado acerca del papel de la "prensa amarilla" en la creación de estados de opinión favorables a la intervención de Estados Unidos, pero muy pocas veces se menciona el papel de la prensa cubana, ni de la Legación Cubana como fuentes y proveedores de información. Los reporteros norteamericanos acudían diariamente a la Legación a partir de las cuatro de la tarde, en busca de las últimas noticias recibidas desde la isla. A esa hora, Horacio Rubens o Gonzalo de Quesada los recibían y les ofrecían los materiales pertinentes. El "Club del Maní ", como se le llamó a estos encuentros, fue una de las variantes en la obtención de información por las cadenas publicistas. De las oficinas salían los reporteros con cartas de altos jefes militares cubanos, partes de guerra, noticias sobre la situación del conflicto en distintas partes del país, fotos del campo insurrecto y de sus más connotados líderes, declaraciones a favor de la independencia y esclarecimiento de hechos utilizados por la prensa proespañola para desacreditar la lucha de los cubanos. 8

Estas informaciones eran también solicitadas por algunos congresistas, quienes acudían a las oficinas de la Legación en busca de datos: "Los reporteros me tienen loco, pero es preciso darles material, precisaba Quesada a Estrada Palma en abril de 1896.9 Al mes siguiente, el Encargado de Negocios, quien junto a Rubens y a Albertini, constituían las verdaderas cabezas pensantes en las gestiones de la intervención, volvía a retomar el asunto, pero esta vez para quejarse al Delegado por la ausencia de noticias: "Hágame el favor de contestarme mis cartas y crea que a veces estoy ansioso porque no tengo noticias de lo que pasa que puede tener buen efecto aquí..."10 Esta preocupación sería reiterada en varias ocasiones:

... No me mandan nada, ya no hay aquí más argumentos de Rubens, ni folletos, ni impresos. Yo sentiría que por falta de datos no pudiéramos pelear mejor. Yo comprendo que Vd. está muy ocupado, pero a esto de Washington y a mis cartas deben atenderse...11

Sin dudas, la campaña publicista de la prensa cubana y principalmente de la prensa norteamericana a favor de la lucha de los cubanos (al margen de las pretensiones), contribuyó a movilizar la opinión del pueblo estadounidense desde el mismo año 1895. Múltiples fueron las expresiones de simpatía en toda la nación, aún en aquellos estados en los que la composición de cubanos era reducida. Alejados del bullicio del Peñón, en la ciudad de Wilmington, el edificio Gran Opera House acogió en una noche a más de 12000 personas para manifestar su apoyo a los independentistas cubanos y recoger acuerdos de solicitudes de beligerancia al Congreso.12 Igualmente, se encontraba la actitud de hombres como el norteamericano Varnun Stevenson, de Illinois, quien no cejaba en sus disputas con la policía de la ciudad por obcecarse en desplegar diariamente la bandera cubana en una de las esquinas del correo.13

A medida que la guerra avanzaba, el incremento en la formación de clubes y organizaciones norteamericanas proindependentistas y de las notas al gabinete presidencial en reclamo de la intervención, creaban un clima de expectación a tener en cuenta en la agenda electoral de los partidos políticos y en los libros de cuenta de los hombres de negocio. Los miembros de la Delegación , conscientes de esta situación y ante la prolongación del conflicto, movieron los resortes pertinentes que agilizaban el tratamiento de la intervención, entendida ésta no sólo en su carácter directo o armado, sino como cualquier acto mediador que pusiera fin a las hostilidades en un plazo breve.

Desde septiembre de 1895, fecha en que se estableció oficialmente la Delegación Plenipotenciaria , Quesada en compañía de Rubens, se las arreglaba para contactar con congresistas y figuras cercanas al presidente. El trabajo principal era averiguar los votos con los que se podía contar y los que serían hostiles, "debido a los grandes intereses que se mueven aquí en contra de la independencia de Cuba, y lo que tibios o indiferentes o neutrales podemos atraer a nuestro lado..."14

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