Camagüey en armas en 1868. Conspiración y primeras acciones tras alzamiento en Las Clavellinas

Por MC. Fernando Crespo Baró

Hacia el verano de 1868 la Ilustración Revolucionaria, seguida por miembros de capas más humildes de la población camagüeyana, comenzó a gestar el levantamiento armado para lograr la definitiva liberación del poder colonialista en la Isla, como mismo adelantaban sus trabajos los revolucionarios del extremo Oriente de Cuba.

En esa dirección fue de gran utilidad la labor desplegada por la Junta Revolucionaria de Puerto Príncipe(1) y el cuerpo masónico de la logia Tínima.

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Las reuniones clandestinas preliminares se desarrollaron en medio de un ambiente político favorable, contando con la presencia de Salvador Cisneros Betancourt, Francisco Socarrás Wilson y Eduardo Agramonte Piña(2). Mientras, el cuerpo masónico, igualmente nutrido de simpatizantes de la lucha, fortalecía los vínculos con los núcleos conspirativos de Bayamo, Jiguaní y otras localidades del Oriente a través de los revolucionarios Leopoldo Arteaga y Fernando Agüero Betancourt(3).

Realmente la Sociedad Filarmónica de Puerto Príncipe(4), entidad difusora de lo más avanzado de la cultura hasta entonces en el territorio principeño, la logia Tínima N° 16(5) y la Junta Revolucionaria formaron los tres núcleos donde se calorizó el proyecto liberador en la región. De la primera, alrededor de setenta miembros ayudaron a formar los primeros pelotones de los combatientes camagüeyanos.

En la reunión del 3 de agosto de 1868, en la hacienda San Miguel del Rompe, Las Tunas, Salvador Cisneros y Carlos Loret de Mola Varona, aceptaron acelerar el movimiento en el Camagüey, pero, en esa oportunidad, alegándose más tiempo y acopio de recursos armados. Por su lado, Carlos Manuel de Céspedes y del Castillo fue partidario del inmediato alzamiento.

Poco después Cisneros y Augusto Arango Agüero acudieron a una nueva cita en las Tunas el 3 de septiembre, ocasión en la que expusieron el criterio de la Junta Revolucionaria de oponerse a toda tentativa precipitada.

Finalmente, tras la reunión del 7 de octubre en El Rosario, Manzanillo, los orientales corrieron la fecha para el 14, pero luego de conocerse la orden de detención de los principales líderes, Céspedes decidió el levantamiento en su ingenio Demajagua, el 10 de octubre de 1868, marcando el inicio de la Guerra Grande. Ese día Manuel de Jesús Valdés Urra, Pedro Recio Agramonte, Fernando Agüero y Augusto Arango, comenzaron a operar militarmente por la jurisdicción camagüeyana.

La contraparte castrense española, sin estrategia ni planes de operaciones para neutralizar la lucha irregular desencadenada, fue tomada por sorpresa. A esto se sumó el desconocimiento de la topografía regional y la manera de actuar en el teatro de operaciones de la insurgencia, que sí lo conocía muy bien.

A las dificultades anteriores se sumaba el vestuario de las tropas, ya que este no se ajustaba al clima de la Isla, igualmente la infraestructura y aseguramiento logístico no respondió a las necesidades del momento y el armamento era limitado y atrasado, como los revólveres Lefaucheux, carabinas Minié y los fusiles Berdán.

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