El día que dijimos ¡Patria o Muerte!
Por Roberto Gómez Montano
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Ha transcurrido más de medio siglo de la fecha en que se produjo la explosión del vapor francés “La Coubre”, hecho enmarcado en la política hostil de los círculos de poder norteamericanos hacia la joven revolución cubana y los servicios de inteligencia y el gobierno de los Estados Unidos se niegan a desclasificar documentos relacionados con lo que a todas luces fue un sabotaje para impedir que el estado cubano adquiriese las armas necesarias para fortalecer la defensa del país.
Dos explosiones “…en una sola tarde y en pocos minutos produjeron 47 víctimas en nuestra población desprevenida e indefensa.” De esta manera resumiría Fidel Castro en su discurso del siguiente día en la despedida de duelo, el saldo de la cobarde agresión, cuyas macabras imágenes de cuerpos humanos despedazados por la explosión y quemados por el fuego recogieron los noticiarios como prueba irrefutable del horror vivido en aquel instante.
En su discurso del día 5 de marzo de 1960 Fidel hacía un profundo análisis de la agresiva política norteamericana hacia la Cuba revolucionaria, la cual se había iniciado desde el mismo día del triunfo. Después de argumentar como las agresiones estaban destinadas a frenar el proceso de cambios iniciado por la Revolución, reflexiona sobre la manera en que el imperialismo intentaba aprovechar la dependencia económica fomentada durante la neocolonia para imponer su voluntad a Cuba: “Es decir que, utilizando la ventaja económica de que disfrutan a consecuencia de la política de monocultivo y de latifundio y de subdesarrollo que siguieron aquí, tratan de restringir los derechos de nuestro pueblo a actuar de manera independiente y soberana, bajo la amenaza de matarnos de hambre”. El líder revolucionario a continuación comparara esta acción con la imposición antes que se iniciara la república, de un mecanismo político que les garantizó a los Estados Unidos el derecho a la intervención: “¿Qué quiere decir eso sino una Enmienda Platt económica? (…) ¿Qué es eso sino un intento de menoscabar la soberanía de un país, un intento de restringir la independencia de un país?"
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Las imágenes cinematográficas que atesoran los archivos cubanos muestran la destrucción y el dolor de las víctimas causados por la explosión de la peligrosa carga almacenada en la bodega del barco, pero también testimonian la actitud asumida por el pueblo y sus dirigentes en ese instante: “…quien haya visto como las multitudes avanzaban hacia el fuego, como avanzaban los soldados, los obreros, los policías, los marinos, los bomberos, las milicias, como avanzaban hacia aquel lugar de peligro (…) puede estar seguro de que nuestro pueblo está en condiciones de defenderse; es un pueblo capaz de avanzar hasta contra los hongos de las bombas nucleares.”
Después de hacer esta valoración de la actitud asumida por los cientos de personas que acudieron al escuchar la primera explosión a socorrer a las víctimas, tarea en la que fueron sorprendidos por una segunda y devastadora detonación Fidel analiza que en esta oportunidad los cubanos de ese instante estaban en mejor condición que sus compatriotas de otros momentos históricos para impulsar hacia adelante el proceso revolucionario “no porque seamos mejores, sino porque hemos tenido la fortuna de ver más claro, porque hemos tenido la fortuna de recibir el ejemplo y la lección de la historia; la lección que costó tantos sacrificios a nuestros antepasados…”
Segundos después, al recordar que un día él y sus compañeros fueron doce hombres capaces de resistir las fuerzas superiores del ejército de la tiranía tras el revés de Alegría de Pío, expresó lo que desde entonces se convirtió en nuestro grito de guerra y de victoria: ¡Patria o Muerte!
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