Cuba no sólo tiene que ser libre, sino que no puede ya volver a ser esclava

Por Roberto Gómez Montano

altEste mes de octubre se cumplen 141 años de un hecho que Fidel caracterizaría como “el comienzo de la revolución en Cuba, porque en Cuba solo ha habido una revolución: la que comenzó Carlos Manuel de Céspedes el 10 de Octubre de 1868”.

Siglos de dominación colonial llevaron las contradicciones colonia-metrópoli hasta un punto en que la única solución a los problemas de la Isla necesariamente debería lograrse con la separación de la metrópoli. El pueblo que comenzaba la lucha estaba en proceso de formación y desde ese momento no cejaría en su empeño de convertir a su tierra en una nación soberana. El camino que comenzaba a ser recorrido estaba lleno de obstáculos que deberían ser vencidos a partir de una inmensa cuota de sacrificio, fortaleza de espíritu y decisión de los hombres y mujeres que se lanzaron a recorrerlo. A la falta de madurez propia de un pueblo en forja, se sumaría el formidable poder colonial que debía ser enfrentado, la oposición de las clases adineradas que se aliaron a España temerosas de perder sus riquezas actuando como enemigos de la Nación en ciernes y por si esto fuera poco la actitud hostil del poderoso vecino que ambicionaba a nuestra tierra.

Martí nos dejó una sentida valoración del pueblo que en 1868 dejó atrás sus hogares y se lanzó a la lucha anticolonial: “…una epopeya, el alzamiento de todo un pueblo, el abandono voluntario de la riqueza, la abolición de la esclavitud en nuestro primer momento de la libertad, el incendio de nuestras ciudades con nuestras propias manos, la creación de pueblos y fábricas en los bosques vírgenes, el vestir a nuestras mujeres con los tejidos de los árboles, el tener a raya, en diez años de esa vida, a un adversario poderoso, que perdió doscientos mil hombres a manos de un pequeño ejército de patriotas, sin más ayuda que la naturaleza!”

Es imposible recordar el Alzamiento del Diez de Octubre sin referirse a Carlos Manuel de Céspedes, el iniciador y primer Presidente de la República en Armas, el Padre de la Patria. Acerca de él dijo Fidel: “No hay, desde luego, la menor duda de que Céspedes simbolizó el espíritu de los cubanos de aquella época, simbolizó la dignidad y la rebeldía de un pueblo —heterogéneo todavía— que comenzaba a nacer en la historia.”

altHabía sido partidario durante el proceso conspirativo de no dilatar el comienzo de la lucha y estuvo además decidido a hacerlo concediendo la libertad a sus esclavos: “…lo que engrandece a Céspedes es no solo la decisión adoptada, firme y resuelta de levantarse en armas, sino el acto con que acompañó aquella decisión —que fue el primer acto después de la proclamación de la independencia—, que fue concederles la libertad a sus esclavos, a la vez que proclamar su criterio sobre la esclavitud…” Este acto de conceder la libertad a los esclavos tendría continuidad en lo acordado en la Constitución de Guáimaro de 1869 y en La Circular del Ejecutivo sobre la abolición de la esclavitud de 1870.

El empeño independentista se vio frustrado tras diez años, más por los errores cometidos dentro del campo cubano que por el poder del enemigo o la hostilidad yanqui, pero sería un punto de partida y experiencia para nuevas etapas de lucha, forja de tradiciones y figuras que acompañarían al pueblo cubano para siempre, pues como dijera Céspedes en carta a Charles Sumner “Nuestro lema es y será siempre: Independencia o Muerte. Cuba no sólo tiene que ser libre, sino que no puede ya volver a ser esclava.”

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