El Maine y la inteligencia mambisa
Por Roberto Gómez Montano

El año 1898 vería el fin del dominio colonial español en la Isla. Los servicios de inteligencia mambises no estuvieron ajenos a los importantes acontecimientos que se sucedieron casi desde el mes de enero.

El día 14 de enero el agente revolucionario “El Diablo” que operaba desde Caibarién escribe una carta[1] dirigida a Máximo Gómez para contarle sobre los sucesos ocurridos el 12 en la Habana cuando se produjeron asaltos a los locales de los periódicos “La Discusión”, “El Reconcentrado” y “El Diario de la Marina”. La información la había recibido de José Pons Naranjo santaclareño radicado en La Habana y fundador de una agencia clandestina de apoyo a la lucha independentista. En una descripción muy pintoresca de los hechos da cuenta del galletazo dado por el oficial de los amotinados al General Garrich Gobernador Militar de la plaza y de la actitud firme de Blanco quien apoyado por sus partidarios se posicionó en las fortalezas de la ciudad. El cónsul norteamericano en La Habana informaría con inquietud a sus superiores sobre la explosiva situación existente y la posibilidad de que fuese necesaria la presencia de una unidad naval de la marina para preservar la vida y propiedades norteamericanas. El día 25 entra por el canal de la bahía el USS Maine, este acorazado sería pieza clave en una sucesión de acontecimientos que desembocarían en la declaración de guerra por parte de los Estados Unidos a España y el inicio de la Guerra Hispano-Norteamericana. Un día después de la llegada del Maine a La Habana Pons Naranjo, que operaba bajo el pseudónimo de “Agente Luis” , escribe una carta a Fernando Méndez Miranda (miembro del Departamento de Expediciones del PRC) en respuesta a la que el pinareño le ha enviado desde Cayo Hueso. Es posible apreciar en ella el optimismo ante el estado en que se encuentra la lucha cuando le dice: “…todo marcha muy bien “El Cauto” sigue en poder de nuestro Ejército donde ha sido derrotado el Gral Pando, en persona por dos veces.”[2]Le advierte sobre la falsedad de lo que publica la prensa colonialista que fantaseaba sobre supuestas victorias de su ejército: “…todo ello es pura falsa, lo que le puedo decir es que están divididas y que aquí nadie quiere la Autonomía sino aquellos malos cubanos que la están explotando hoy a su gusto.”[3]

El propio día 26 en otra misiva destinada a “Angiolillo”,[4] hace una certera valoración de la situación: “Por aquí están completamente divididos los españoles y acogiéndose al último recurso que les queda la Autonomía y presiento el día glorioso de nuestro triunfo ya muy cercano.” En la carta escrita en pequeños pedazos de papel con letra de conspirador, un tanto ilegible por el apuro con que parece haber sido redactada, expone el desánimo de los españoles por la destrucción de la caña y el tabaco que se sumaba a la paralización de la industria y el comercio. Se refiere también a la corrupción de las autoridades que tienen “…el robo y el cohecho por divisa…”[5]
Era Pons un agudo observador a cuya sagacidad no escapa la estrategia desesperada de los españoles, que buscan lograr con sobornos y rumores lo que no han podido hacer con las armas: “Se trata de conseguir por medio del dinero presentaciones colectivas y de Jefes importantes para restarnos fuerzas y contrarrestar las resoluciones [que en] estos momentos se tomen en esa República en favor de nuestra causa y se lo indico para que por todos los medios de propaganda de a conocer la perfidia de nuestros enemigos.”[6]
El trabajo del Agente Luis y sus compañeros continuaba en ascenso. La Agencia cumplía de forma segura y eficiente con el manejo de la correspondencia desde los diferentes Cuerpos del Ejército hacia la Delegación del Partido Revolucionario Cubano en Nueva York y en sentido inverso distribuía las que provenían de la emigración cubana en los Estados Unidos. El conspirador cubano estaba tan convencido de la seguridad con que funcionaba el sistema de correo implementado por su agencia, basado en la amplia red de colaboradores diseminados a lo largo de la Isla que en esta carta a Alfredo Zayas le comunicaba: “Enviaré por el propio conducto que recibo las que Vd. mande, todas las cartas y comunicaciones que llegan a mí. Puede V. cuando a bien lo tenga mandar lo que guste para toda la Isla pues estoy en relación directa con todos sus departamentos…”[7]
El 8 de febrero una carta del Ministro español en Whashington fue publicada por el periódico New York Journal, donde ente otras cosas calificaba al presidente norteamericano de “… débil y populachero, y además, un politicastro que quiere (…) quedar bien con los jingoes[8] de su partido…”
En un artículo de “Patria y Libertad” periódico de la Asociación de Veteranos de la Independencia, donde se reseñó la celebración del aniversario 23 de la fundación de la Agencia General Revolucionaria, se evidencia que el trabajo de inteligencia de la organización clandestina estuvo ligado al incidente que permitió a los norteamericanos arreciar su campaña antiespañola dado que “…un modesto agente revolucionario apellidado Escoto, aprovechando la confianza que en él había depositado el prohombre español señor Canalejas, sustrajo dicha carta y con la ayuda del Dr. Mora y de la Agencia Revolucionaria la llevó al Representante de la Revolución Cubana en New York, don Tomás Estrada Palma, el cual la entregó al gobierno de los Estados Unidos.”[9]
La anécdota fue contada en un almuerzo celebrado en el Hotel Plaza el 5 de enero de 1918 por Federico Mora agente revolucionario que trabajó bajo el pseudónimo de “El cónsul” quien durante la ocupación norteamericana fungió como Fiscal del Tribunal Supremo. Es evidente que el aparato clandestino de la Revolución había tenido la capacidad de colocar a algunos de sus miembros en posiciones claves para acceder a información altamente sensible y un olfato bien aguzado para emplear aquellas que eran obtenidas fruto de la indiscreción o de la ingenuidad de algunos funcionarios españoles.
El 15 de febrero de 1898 pasada las nueve de la noche una violenta explosión ocurrida en el USS Maine fondeado desde el 25 de enero en la bahía de La Habana se escucha en toda la ciudad. El hecho ha sido objeto de reiteradas investigaciones a lo largo de más de un siglo, dirigidas primero a determinar las causas de la explosión y más tarde a establecer su relación con el proceso que condujo a la declaración de guerra por parte de los Estados Unidos a España. En 1954 la Universidad de la Habana envió al Archivo Nacional tres cartas de Pons y Naranjo que estaban en la papelería del Dr. Benigno Souza, biógrafo de Máximo Gómez; dos dirigidas a Alfredo Zayas y una a “Rosa”. Esta última[10] contiene un breve análisis de Pons sobre lo ocurrido donde expresa el criterio de que la explosión era resultado de la actividad enemiga española, algo que también creyeron en ese momento muchos cubanos.
Aunque las autoridades coloniales prestaron toda la atención posible a los heridos y mostraron gran respeto hacia los que habían muerto, una furibunda campaña de prensa se desató en los Estados Unidos como preludio a la declaración de guerra y posterior desembarco de tropas norteamericanas en los alrededores de Santiago de Cuba, al oriente de la Isla.
El 24 de febrero, desde Sagua, el agente “El Diablo” le responde a Pons su carta enviada el 22. El tiempo que media entre una y otra misiva constituye un indicador de la celeridad con que funcionaba el correo entre las agencia de espionaje mambí. Puede apreciarse la articulación que existía entre los diferentes núcleos de combatientes clandestinos e incluso criterios valorativos del estado de la moral combativa dentro del independentismo. Resalta además la previsión de estos agentes, que intentaban adelantarse a los acontecimientos que podían derivarse de la explosión del Maine y actuar en consecuencia.
Mí querido Luis[11]: En mi poder su apreciable del día 22 con 29 pliegos 4 folletos y una muda de ropa para Olmo. La anterior fue recibida con 7 pliegos y 4 latas de fósforos que ya están en su destino. Anoche regresó el correo y tuvimos la desgracia de naufragar yéndose al agua el saco de correspondencia y mañana salen a intentar sacarlo. Supongo que venía correo de importancia pues desde el mismo día que supe lo del Maine lo comuniqué y tengo una comisión en un punto determinado esperando órdenes.
(…)
En caso de que vengan jaleos por los E.U. y se necesiten prácticos desde la Habana a Nuevitas de canal y puertos dígame cuántos quiere para tenerlos preparados.
(…)
Es suyo y lo quiere
El Diablo
Sagua 24 de febrero
El 15 de marzo Fernando Méndez Miranda le escribe a Máximo Gómez desde Cayo Hueso para informarle que ese mismo día saldría en una expedición hacia Cuba. Este Coronel había llegado a Nueva York el 31 de diciembre de 1897 como resultado de las gestiones de Pons Naranjo con el Consulado norteamericano y poder así cumplir con el encargo de entregarle cartas del Generalísimo a Tomás Estrada Palma. Había estado enfermo por lo que no pudo venir a Cuba en una expedición programada para el 3 de enero.
En su carta[12] Méndez Miranda le dice a Gómez haber pedido “…a Caibarién [agencia “El Diablo”] un buen práctico, el que “Vencedor” [María Escobar] de seguida me lo mandó y ya lo tengo en este cayo esperando órdenes de Caibarién me escriben que toda esa costa está muy vigilada por tierra y por mar porque descubrieron la salida del práctico para esta. No crea que eso me sujete pues si por ese punto no se puede iré por otro.”
Le cuenta también de los abundantes indicios de preparativos de guerra norteamericanos visibles en Cayo Hueso como eran la acumulación de barcos y carbón: “… a la vista de este cayo se ven varios acorazados. En fin mi querido General creo que los españoles se han sacado la lotería pues se comprende que este país los quiere hacer desaparecer hasta del mapa y será de la única manera que quedarán conformes por la voladura del “Maine”.”
El trabajo de las agencias de la inteligencia mambisa es infatigable y estrechamente coordinado como puede apreciarse al leer la carta enviada a Máximo Gómez por “El Diablo” de la célula de Caibarién. Su texto refleja la confianza que tienen en la forma en que han implementado el trasiego de la correspondencia dentro y fuera de la Isla y la capacidad de hacer sugerencias al Mando de la insurgencia con el fin de perfeccionar el trabajo operativo. El texto evidencia los vínculos entre Pons, la Junta de la Habana y la de Nueva York. Es notoria la capacidad del aparato clandestino para estar siempre un paso adelante en la lucha y poder responder a las necesidades de la contienda cuando ya es previsible la intervención norteamericana, prueba de ello es el envío de un práctico a Cayo Hueso para que estuviese disponible para auxiliar a la marina norteamericana.
Partido Revolucionario Cubano[13]
Agencia “El Diablo”
Al C. Gral en Gefe M. Gómez
Respetable y querido Gral: Hemos sido honrados con su atenta comunicación del 1 del actual y desde luego ratificamos cuanto hemos manifestado de adhesión y disciplina y los medios rápidos y seguros de que disponemos para comunicarnos con toda la Isla y el extranjero.
(…)
No ha habido incidente que no hayamos comunicado a ese Cuartel General y como se avecinan grandes sucesos me permito suplicarle e indicarle que los medios de comunicación se hallen preparados y corrientes con ese Cuartel Gral. En los puntos que conocen.
(…)
Hemos remitido al T C Mendez un práctico que a estas horas se halla en Cayo Hueso y tenemos preparados varios en caso de que sean necesarios a la escuadra yanqui.
Que Dios le proteja y guíe los suyos le ayudan y respetan.
Queda de Vd en P y L
El Diablo
Tras la intervención norteamericana en la guerra, la derrota de la flota de Cervera a la salida de la bahía de Santiago de Cuba y la toma de la ciudad, la rendición española del 16 de julio precipitaría la caída del colonialismo español.
El 10 de diciembre se firmaría el Tratado de París sin la presencia de representantes cubanos; finalizaba así la primera guerra de la época imperialista. En un escenario no tan conocido (la lucha clandestina), hombres y mujeres de los servicios de inteligencia mambisa habían arriesgado sus vidas para proveer a la jefatura de la Revolución de información útil y constante para actuar exitosamente bajo las nuevas condiciones creadas por la intervención de tropas norteamericanas en el conflicto.

(Se respetó la ortografía original en las citas de los documentos)


[1] “De “El Diablo” a Máximo Gómez”. 14 de enero de 1898. Archivo Nacional. Fondo Máximo Gómez, Legajo 13, expediente 1858.
[2] “De Pons Naranjo a Fernando Méndez Miranda”. 26 de enero de 1898. Inventario Delegación PRC Agencia Cienfuegos. Caja 71, No, 12 951. Copia cedida al autor por el historiador René González Barrios.
[3] Ibídem
[4] “De Pons Naranjo a Alfredo Zayas”. 26 de enero de 1898. Archivo Nacional. Fondo Donativos y Remisiones Legajo 605 Folio 48.
[5]Ibídem[6] Ibídem.
[7] Ibídem
[8] Políticos del ala guerrerista.
[9] Patria y Libertad. 31 de enero de 1918, p.9.
[10]“De Pons Naranjo a Alfredo Zayas.”26 de enero de 1898. Archivo Nacional. Fondo de Donativos y Remisiones. Legajo 605 Folio 48
[11] “De El Diablo a Pons Naranjo.” 24 de febrero de 1898. Carta original en el archivo personal de Ignacio Pons Blanco que conserva la Dra. Isabel Caraballo Pons.
[12] De Fernando Méndez Miranda a Máximo Gómez” 15 de marzo de 1898. Archivo Nacional. Fondos Máximo Gómez. Expediente 1751, Legajo 12.
[13] “De “El Diablo” a Máximo Gómez.” 24 de marzo de 1898. Archivo Nacional, Fondo Máximo Gómez, Legajo 12, expediente 1757.






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