mfraginalsEl manejo de datos en la clase de Historia

Por Roberto Gómez Montano

“Quien no maneje e interprete las cifras, quien sea inepto para las matemáticas, jamás será historiador”, expresó en carta[1] dirigida al Comandante Ernesto Guevara el investigador cubano Manuel Moreno Fraginal[2] al definir algunas de las características que debían poseer en su formación intelectual quienes se dedicasen a los estudios históricos. Estas palabras son también válidas para los que ejercemos la docencia de las asignaturas de Ciencias Sociales: Historia, Cultura Política y Educación Cívica, por citar algunas de las que aparecen en los programas de estudio que se imparten en los diferentes niveles de enseñanza en Cuba.El nuevo curso a punto de iniciarse viene acompañado de insistentes llamados a fortalecer la calidad de las clases que serán impartidas, algo que necesariamente transita por nuestra capacidad para ofrecer las herramientas necesarias para que los estudiantes puedan explicar, caracterizar, argumentar y valorar hechos y procesos históricos apoyados en el análisis de datos, en la comprensión de las peculiaridades de los diferentes momentos históricos que son estudiados. Lograr que la clase sea culta e interesante depende de un maestro bien preparado para ofrecer los elementos probatorios que sustenten el análisis histórico que realiza en conjunto con sus educandos.

Si se estudia la sociedad criolla de los siglos XVIII y XIX y no se ofrecen cifras que ilustren la cantidad de esclavos introducidos en la Isla, su composición etárea, horas de trabajo, años que vivían y datos sobre sus condiciones de vida en el barracón o en la casa de vivienda, será imposible una cabal comprensión del terrible flagelo de la esclavitud en Cuba.

En su carta al Che, Fraginal alertaba sobre el peligro que podían correr los historiadores que reducían su análisis de este momento de nuestra historia al enfrentamiento entre españoles y cubanos: “Así, la lámpara mágica de nuestros historiadores profesionales, Aladinos de la historia, borra del panorama de la Isla las trágicas figuras silenciosas de medio millón de esclavos —cinco años de promedio de vida en la plantación, 16 horas diarias de trabajo, sangrientas sublevaciones, inversión económica de centenares de millones de pesos— y pueden resumir el trágico año de 1834 en una polémica entre el cubano Saco y el español Tacón.” Y es que una verdadera clase de historia y por extensión de cualquier otra materia gana en rigor académico y científico cuando viene acompañada de datos, cifras, análisis de procesos y ejemplos que favorecen la apropiación de sus contenidos por parte de los estudiantes y esto es algo que contribuye a desterrar la enseñanza memorística y el empleo de argumentos y explicaciones dogmáticas.

Según el investigador Pedro Pablo Rodríguez[3] la manera en que se enseña historia juega un papel esencial: “Porque no se puede reducir a un conjunto de esquemas y recetas seudomarxistas que durante un tiempo se quisieron aplicar a la gente y resolvían todo con cuatro frases. Fue la época en que la lucha de clases entre capitalistas y obreros explicaba la república.”

(…) “Tampoco debemos pretender que se aprenda la Historia de memoria. Porque no se asimila nada o se enseña a pensar dentro de un esquema, y cuando empiecen a descubrir algo que se les sale del esquema les parecerá que no es verídico. O de pronto se les cae el mundo porque usted le construyó acotaciones con las cuales se explica todo muy bonito, y después no puede entender cómo un general de la guerra de independencia termina siendo un asesino como Machado; cómo un general de la guerra de independencia termina siendo un aliado de los Estados Unidos como Mario García Menocal; o un general de la guerra de independencia termina siendo el simpático rey de la corrupción en Cuba como fue José Miguel Gómez. Si se instruye con sentido de buenos y malos estamos fritos.”

Una buena clase de historia debe ser capaz de mostrar el entramado de relaciones económicas (con datos de participación en las ganancias, cifras de negocios y propiedades) entre estos presidentes y las clases dominantes cubanas de la época y los intereses del capital yanqui, lo cual unido a las condiciones en que surge la República cubana explican la actuación de estas figuras.

Al enjuiciar la enseñanza de la historia en la década del 60 en Cuba, Fraginal señalaba en la misiva anteriormente mencionada: “El alumno no se entera de los grandes problemas de la producción; no aprende cómo se traza un flujo tecnológico y por lo tanto jamás entenderá, en su raíz, qué honda transformación provocó en Europa el complejo de los nuevos telares o en Cuba la aplicación de la evaporación al vacío en los ingenios.”

Al leer estas reflexiones del autor de “El ingenio”, pienso que es mucho todavía lo que podemos hacer para con el uso de datos, cifras y ejemplos que ilustren los contenidos estudiados, elevar el carácter científico de nuestras clases.
Regresar a temas para profundizar

Responsable: M.Sc Roberto Amado Gómez Montano
Correo: historia@cubaeduca.cu



[1] Carta cursada en octubre de 1966

[2] Manuel Moreno Fraginals (1920-2001) historiador cubano conocido internacionalmente por su obra El ingenio, editada en 1964, un extensísimo y detallado estudio de las economías de plantaciones esclavistas en Cuba y el Caribe.

[3] Pedro Pablo Rodríguez López, Premio Nacional de Ciencias Sociales en el 2009 y de Historia en el 2010.

Comentarios


Deja un comentario