Derogación Enmienda Platt

El nuevo rostro del neocoloniaje

(tomado de Bohemia)

Hace 75 años, Estados Unidos derogó la Enmienda Platt y apeló a injerencias y mecanismos de dominación más sutiles

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA

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El tema que a continuación podrás leer constituye un acercamiento al proceso de reordenamiento neocolonial producido en Cuba a partir del año 1934, el cual tuvo entre sus rasgos distintivos la derogación de la Enmienda Platt y la aplicación de nuevos mecanismos de dominación que venían a fortalecer el control imperialista sobre la república neocolonial. Después de leer el tema, tus notas de clase realacionadas con él y la información que aparece en el libro de texto puedes realizar las siguientes actividades.

cuba-indigencia1Cuba atravesaba una crítica
situación socioeconómica, con el
33 por ciento de la población
activa desempleada y una
disminución del ingreso nacional
en casi el 50 por ciento

En el atardecer del domingo 7 de mayo de 1933 llegó al puerto de La Habana el blanquirrojo vapor Petén, de la United Fruit. Cuentan que miles de personas se congregaron junto a los muros del Malecón para contemplar cómo descendía del buque la espigada y aristocrática figura de Benjamin Sumner Welles, el recién designado embajador de Estados Unidos en la Isla. Según un periodista tarifado, “querían ver al hombre en cuya cartera diplomática venían los destinos de Cuba”.

De acuerdo con las instrucciones del secretario de Estado norteamericano, Cordell Hull, publicadas íntegramente en un documento desclasificado en 1952, Welles debía considerar “como su principal objetivo, el llegar a un entendimiento definido y detallado entre el actual Gobierno y los dirigentes responsables de los grupos de oposición”. Otro punto priorizado era la concertación de un nuevo acuerdo comercial de reciprocidad entre los dos países. Para que no hubiera duda alguna, el presidente Franklin D. Roosevelt le aclaraba en carta privada al tirano Gerardo Machado que el flamante embajador poseía todo el respaldo de Washington.

La administración Roosevelt, dentro de su política del “Buen Vecino”, tenía una interpretación muy particular del principio de “no intervención”. La llamada “injerencia preventiva” no era considerada un entrometimiento en los asuntos internos de otras naciones. Máxime si en Cuba se hacía al amparo de la Enmienda Platt.

Tal estrategia no era nueva. Ya en la primera década del siglo XX, Philander Knox, secretario de Estado de la administración Taft, abogaba “por sustituir las balas con los dólares” y suplantar el desembarco de marines por “una forma preventiva de intervención”, como las que padeció nuestro país en 1917 y 1921. El nuevo embajador tenía experiencia al respecto: su mediación en República Dominicana en 1924 había llevado al poder, seis años después, a Rafael Leonidas Trujillo, cuyo régimen represivo defendía los intereses yanquis en esa nación.

Errada percepción de Washington

2.Fulgencio-Batista-1

Batista había logrado reorganizar y controlar el
ejército en medida suficiente para convertirse en
una fuerza decisiva para el cambio político

En la Misión Welles de 1933, sin embargo, se evidencia una errada percepción por parte de los “tanques pensantes” de Washington. Como ha subrayado el historiador Oscar Zanetti, achacaban la crítica situación económica y social de Cuba —el ingreso nacional había disminuido casi en el 50 por ciento durante un quinquenio y un tercio de la fuerza de trabajo se hallaba desempleada— a la declinación de las ventas azucareras, sin tomar en cuenta a la deformada estructura económica de la nación caribeña.

Consideraban a la tiranía machadista, añade Zanetti, “como un extravío del sistema político cubano y no como una evidencia de su descomposición”. Por lo tanto, inferían que el incremento de las exportaciones de azúcar hacia Estados Unidos, propiciado gracias a la renovación del Tratado de Reciprocidad Comercial, y la sustitución de la dictadura por un gobierno no tan represivo pero sumiso a los dictados del imperialismo, harían retornar la vida de la neocolonia a la normalidad.

Con prepotencia de procónsul, Welles dirigió la Mediación entre el Gobierno de Machado y la oposición burguesa. Acudieron a su convocatoria la Unión Nacionalista, de Carlos Mendieta, los seguidores de Miguel Mariano Gómez y el ABC. Una parte importante de la base social de esta última organización rechazó la injerencia, con la misma vehemencia que lo hizo el Directorio Estudiantil Universitario (DEU).

El movimiento obrero y comunista, junto con el Ala Izquierda estudiantil y el grupo que se nucleaba alrededor de Antonio Guiteras, también condenaron el intervencionismo solapado del embajador. Todos estos sectores antimediacionistas, algunos de un modo más explícito que otros, repudiaban la Enmienda Platt, al igual que la mayoría del pueblo cubano.

Un paro obrero espontáneo en un paradero de tranvías, a finales de julio de 1933, fue la chispa de la huelga general que paralizó el país y provocó la huida del general Machado a las Bahamas, el 12 de agosto, con dos millones de dólares en las maletas.

El embajador yanqui creó entonces un gobierno de transición a imagen y semejanza de sus ambiciones de procónsul. Pero el 4 de septiembre del mismo año un levantamiento de sargentos y soldados, apoyado por el DEU, echó por tierra su estrategia. Como consecuencia de la asonada, el día 10 asumió la presidencia Ramón Grau San Martín con Antonio Guiteras como secretario de Gobernación. Al sargento taquígrafo devenido coronel Fulgencio Batista lo designaban jefe del ejército.

3.Sumner-Welles-1

El secretario de Estado Cordell Hull (izquierda)
junto al embajador estadounidense en Cuba
Benjamín Sumner Welles

Más contrariado que objetivo en el análisis, Welles informaba a Cordell Hull el 5 de septiembre que el gobierno provisional estaba compuesto por “los radicales más extremistas de las organizaciones estudiantiles y por tres profesores cuyas teorías son francamente comunistas”.

Los tres docentes eran Grau, Guillermo Portela y Gustavo Cuervo Rubio, cuyas ideas se hallaban en las antípodas del marxismo-leninismo. Si exceptuamos a Guiteras, la tendencia predominante en el llamado Gobierno de los 100 días era el reformismo nacionalista. En dicho informe, sin saberlo, apuntaba una buena noticia para el imperialismo: Batista había contactado con la embajada estadounidense.

Repitiendo el esquema que había sido exitoso en Quisqueya, el embajador comenzó a cultivar su alianza con el ambicioso ex sargento. Como afirma Zanetti, “mientras las fuerzas civiles llegadas al poder tras el 4 de septiembre, laceradas por sus antagonismos tendían a la disgregación, Batista había logrado reorganizar y controlar el ejército en medida suficiente para convertirse en una fuerza decisiva para el cambio político”. Pero no sería Welles sino su sucesor desde el 18 de diciembre de 1933, Jefferson Caffery, quien coronaría luego con éxito la conspiración contrarrevolucionaria.

Por los días en que Caffery llegaba a La Habana, el secretario Cordell Hull se enfrentaba a la representación del Gobierno de los 100 días, encabezada por el guiterista Ángel Alberto Giraudy, en la Séptima Conferencia Internacional Americana de Montevideo, donde la delegación cubana había logrado la aprobación por unanimidad del principio de no intervención de país alguno en los asuntos internos de cualquier nación del hemisferio. Ante este precepto legal, se hacia insostenible la existencia de la Enmienda Platt.

 

Reajustes en el modelo de dominación

4.gobierno-de-los-100-dias

El Gobierno de los 100 días distaba mucho de estar
compuesto “por los radicales más extremistas de
Cuba”, como los calificara Welles

A mediados de enero de 1934, con el derrocamiento del llamado Gobierno de los 100 días, retornaban a los primeros planos de la vida política las antiguas fuerzas mediacionistas, bajo la presidencia tutelada de Carlos Mendieta, figura decorativa que encubría el verdadero poder: el embajador Caffery y el ya hombre fuerte de los yanquis en Cuba: Fulgencio Batista.

El 9 de mayo de 1934, Roosevelt aprobaba la Ley Costigan-Jones, mediante la cual se asignaba una cuota fija de importación para los principales abastecedores de azúcar del mercado estadounidense. En el caso de Cuba, vio reducida su participación a poco más de la mitad de sus ventas al vecino norteño hasta 1929.

Aparentemente, a nuestro país se le beneficiaba al asegurarle la compra de una cantidad considerable de su principal producto, en momentos en que la crisis económica azotaba violentamente nuestra economía. Pero por otra parte, a largo plazo, hipotecaba su desarrollo futuro ya que detenía toda perspectiva de expansión de esa industria, cualquier posibilidad de aumentar las exportaciones.

Mediante un complejo procedimiento arancelario, que se concretaría con el Tratado de Reciprocidad Comercial, el azúcar cubano gozaría de un precio preferencial en el mercado estadounidense, muy superior al precio del mercado mundial. Pero el que hizo la Ley… En la Costigan-Jones, Estados Unidos se reservaba el derecho de aumentar, disminuir y/o suprimir la cuota según la actitud “amistosa” (léase, sumisa) mostrada por la nación “favorecida”. Un argumento tan sólido como el desembarco de una división de marines para apuntalar la injerencia preventiva.

El 29 de mayo de 1934 se suscribió el Tratado de Relaciones entre Cuba y los Estados Unidos, que abolía el Tratado Permanente de 1903 mediante el cual, al reproducir los artículos de la Enmienda Platt, se formalizaba el derecho de intervención. No obstante, el nuevo convenio de 1934 ratificaba, al igual que la ya derogada Enmienda, los actos realizados en la primera ocupación estadounidense y convalidaba la permanencia de la base naval de Guantánamo sin fijarle fecha límite de ocupación.

Con el Tratado de Reciprocidad Comercial, firmado el 3 de junio de 1934, se completaría la ejecución del conjunto de medidas ideadas para la estabilización del sistema neocolonial. A cambio de ventajas arancelarias entre un 20 por ciento y un 50 por ciento a unos 35 productos cubanos, se le otorgaban rebajas entre un 20 y un 60 por ciento a más de 400 artículos norteamericanos. Azúcar, vegetales, frutas y tabacos aparecían como los rubros cubanos más favorecidos. A cambio, nuestro mercado se inundó de mercancías estadounidenses, que al hacerle una desleal competencia a la incipiente industria nacional, le provocó grandes perjuicios.

A partir de 1934, debido a estos mecanismos más sutiles de dominación, la burguesía azucarera devino aún más sumiso siervo de los dictados imperialistas, pues su prosperidad dependía de la benevolencia de Washington. El Ejército Constitucional sería desde entonces el garante del sistema de dominación y a él acudió el imperialismo cada vez que vio amenazado sus intereses en la mayor isla del Caribe.

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Fuentes consultadas
Los libros La Historia de la Enmienda Platt. Una interpretación de la realidad cubana, de Emilio Roig de Leuchsenring; Historia Económica de Cuba, de Julio Le Riverend; La Revolución precursora de 1933, de Lionel Soto; La república: notas sobre economía y sociedad, de Oscar Zanetti; y Crónicas del año 33, de Enrique de la Osa. El ensayo Reajustes para la estabilización del sistema neocolonial, de Federico Chang, que aparece en el libro Neocolonia. Organización y crisis desde 1899 hasta 1940, editado por el Instituto de Historia de Cuba.

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