Por TOMÁS GUTIÉRREZ GONZÁLEZ*

(Tomado de Bohemia)
Como parte del plan del Gobierno de los Estados Unidos por desestabilizar a la Revolución Cubana se produjo este sabotaje en la rada habanera. La respuesta inmediata: ¡Patria o muerte!
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Una segunda explosión sorprende a los que habían ido a auxiliar a las víctimas

El 4 de marzo de 1960 amaneció invernal y apacible. Obreros portuarios se dedicaban a la descarga del buque francés La Coubre, que había arribado al puerto habanero con armamento necesario para la defensa del país. De pronto una potente detonación rasgó cual terrible trueno la monotonía de la aparente normalidad vespertina. Media hora más tarde, cuando se realizaban las acciones de rescate, una segunda explosión de parecida magnitud completó la obra macabra. La muerte y el dolor transformaron la vida de numerosas familias humildes. El resultado final: un centenar de muertos, incluyendo 34 desaparecidos, alrededor de 400 heridos o lesionados —decenas de ellos incapacitados de por vida— y como consecuencia, decenas de viudas y más de 80 huérfanos.

Ese hecho, extraordinario en sí mismo, adquirió al día siguiente una especial relevancia para la historia de nuestra patria. Frente al intento enemigo de aterrorizar al pueblo cubano para que desistiera del esperanzador camino recién emprendido, la respuesta expresada por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz en el sepelio de las víctimas fue la de resistir y luchar hasta la última gota de sangre, lo que quedó resumido a partir de ese día y para siempre en nuestro grito inmortal de ¡Patria o Muerte!
Antecedentes
Ante el empuje de la victoriosa insurrección popular encabezada por el Ejército Rebelde, el primer día de enero de 1959 cayó derrocada la tiranía batistiana. Desde el primer momento, los principales dirigentes de la Revolución Cubana orientaron los esfuerzos a consolidar el recién iniciado proceso de transformaciones, con el objetivo de garantizar el cumplimiento del programa contenido en La Historia me absolverá, que abriría las puertas a la consecución de la independencia política y económica y la justicia social.

Estos nobles propósitos comenzaron a encontrar la inmediata oposición del Gobierno norteamericano, hasta entonces amistoso y complaciente con el dictador recién derrotado y con los gobiernos de la república neocolonial que “generosamente” le entregaban las riquezas del país. En el mes de agosto de 1959, fue derrotada la llamada “conspiración trujillista”, que con la complicidad de Washington se proponía invadir nuestro territorio con fuerzas mercenarias reclutadas y organizadas por el tirano dominicano Rafael Leónidas Trujillo.
La permanente amenaza contra Cuba de invasiones armadas desde el exterior, y la carencia de los medios de guerra necesarios para enfrentarlas y vencerlas con la participación de todo el pueblo, movilizó a la dirección revolucionaria para llevar a cabo la rápida reorganización de sus incipientes fuerzas armadas. Con ese propósito la Revolución comenzó a dar los pasos necesarios para comprar armas y municiones.

El Gobierno de Estados Unidos hizo todo lo posible por impedir que Cuba adquiriera esas armas en países de Europa occidental. Los intentos realizados por funcionarios cubanos ante el Reino Unido, con el propósito de sustituir aviones de combate de la pequeña Fuerza Aérea cubana por otros más modernos, fracasaron por la directa intervención norteamericana. Sin embargo, a pesar de las gestiones del cónsul y otros diplomáticos estadounidenses ante el Ministerio de Relaciones Exteriores belga y la fábrica productora de los modernos fusiles FAL, se logró firmar un importante contrato. En cumplimiento de este, en octubre de 1959, el buque La Coubre transportó un cargamento de armas hacia Cuba sin ningún contratiempo.

coubre2En la rada habanera

Al amanecer del 4 de marzo de 1960 la nave francesa se aproximó nuevamente a La Habana en su viaje número 54, procedente de los puertos europeos de Hamburgo, Amberes y Le Havre. Luego continuaría hacia Estados Unidos, México y Haití. A las 8 y 12 minutos de la mañana penetró en aguas de la bahía habanera y atracó, alrededor de la diez, en el muelle de la Pan American Docks (Arsenal). En cinco bodegas transportaba carga general y en la número seis, al final de la popa, algo más de 75 toneladas de municiones y granadas para fusiles FAL estibadas en el puerto belga de Amberes. A las 11:00 de la mañana comenzó la descarga.

Los trabajadores portuarios designados para esa labor eran experimentados estibadores, braceros y empleados de ese muelle. Participaban dirigentes del Distrito de la Aduana y de la Compañía General Trasatlántica francesa radicada en Cuba.

Fueron extremadas las medidas de seguridad para proteger la operación, restringir el acceso al lugar y prevenir incendios y accidentes. Un destacamento procedente del Campamento de Managua participaba en la protección, al que se agregaron miembros de la Policía Militar del cercano Cuartel de San Ambrosio, todos dirigidos por el jefe y otros oficiales de la Sección de Material de Guerra del Estado Mayor General.

Unos minutos antes de las tres de la tarde concluyó la extracción de las cajas de municiones que ocupaban el entrepuente inferior de la bodega seis. Momentos después, comenzó la descarga de las de granadas ubicadas en su entrepuente superior.

Zarpazos terroristas
A las tres y diez minutos, cuando ya estaban sobre el muelle unas 20 cajas, se produjo una estremecedora explosión dentro de la bodega de donde eran extraídas, que destruyó la popa del buque, parte del muelle y las edificaciones cercanas. Todas las miradas se enfocaron hacia la enorme columna de humo en forma de hongo que comenzó a ganar altura.

Hacia allí se movilizaron miembros de la Policía Nacional Revolucionaria, jefes, oficiales y combatientes del Ejército Rebelde, bomberos y personal de la Cruz Roja. De manera espontánea y solidaria también se presentaron vecinos y trabajadores de las cercanías.
coubre3Desde diferentes puntos de la ciudad acudieron con rapidez nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro, los comandantes Raúl Castro, Che Guevara, Juan Almeida, Ramiro Valdés y Efigenio Ameijeiras, el entonces presidente Osvaldo Dorticós y el comisionado José Llanusa, entre otros dirigentes revolucionarios.

En medio de una gran confusión, donde quejidos de intenso dolor, restos humanos cercenados y cuerpos consumidos por el fuego, se mezclaban con el denso y penetrante humo y con múltiples obstáculos que dificultaban el paso, se produjeron escenas impresionantes de solidaridad humana y actitudes de increíble valor para auxiliar a las víctimas que habían quedado atrapadas entre el fuego y los escombros provocados por la explosión.

Una segunda deflagración dejó su mortífera huella en los cuerpos de los que se encontraban enfrascados en las labores de rescate, lo que no impidió que se repitieran similares actitudes en el socorro a las nuevas víctimas. Cerca de las ocho de la noche, los bomberos habían controlado el fuego, pero se apreciaba un escenario dantesco. El saldo final de muertes incluyó a seis marinos franceses. Entre los trabajadores muertos se hallaban diez personas mayores de 60 años y entre los heridos 15 mujeres y 12 niños que vivían o se encontraban en los alrededores. El Gobierno Revolucionario garantizó la protección de todas las familias afectadas por la catástrofe.

Evidencias del sabotaje

Durante el proceso investigativo fue identificado el interior del compartimiento superior de la bodega número 6, donde se descargaban las cajas de granadas, como el lugar donde se habían producido las explosiones. Quedó demostrado que la caída de una caja de granadas desde cualquier altura no podía provocar su explosión, lo que fue corroborado al disponerse que oficiales de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) efectuaran pruebas con el lanzamiento de varias de ellas desde una nave aérea en vuelo. No se trataba de un accidente, como quedó bien probado.

Era un hecho intencional, un sabotaje preparado fuera de Cuba.

Con bastante antelación a este acto criminal, el Gobierno norteamericano había decidido liquidar a la Revolución Cubana por medio de la subversión y la fuerza de las armas, lo que consta en declaraciones de sus más altos dirigentes de aquella época y en múltiples documentos desclasificados posteriormente, en particular los pertenecientes a la Agencia Central de Inteligencia (CIA).

Los servicios de inteligencia norteamericanos incrementaron desde octubre de 1959 diversas acciones terroristas subversivas contra nuestro pueblo, con el propósito de sembrar el pánico y debilitar su apoyo al proceso revolucionario. Bombardeos de ciudades, poblados, cañaverales y centrales azucareros, sabotajes contra objetivos económicos y sociales, planes de atentados contra la vida de los principales dirigentes revolucionarios, junto a la promoción de alzamientos y la creación de organizaciones contrarrevolucionarias dentro y fuera de nuestro país, constituían acciones cotidianas para preparar el terreno a la posterior invasión mercenaria por Playa Girón, con la que pretendían derrocar la Revolución.

Todo indica, de acuerdo con las evidencias, que la explosión de La Coubre había sido provocada por un sabotaje en el que estuvo presente la mano de los servicios de inteligencia norteamericanos.

A 50 años de aquel abominable crimen, mientras el Gobierno norteamericano continúa enfrascado en destruir la Revolución Cubana e increíblemente incluye a Cuba en su lista de países promotores del terrorismo, el pueblo cubano rinde honor a los mártires de La Coubre, exigiendo la libertad de Gerardo, Ramón, René, Antonio y Fernando, nuestros cinco héroes injustamente condenados en cortes norteamericanas por luchar contra el terrorismo, y enarbolando con más firmeza y decisión que nunca su viril respuesta de ¡Patria o Muerte!
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* Investigador del Centro de Investigaciones Históricas de la Seguridad del Estado.

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