Revés, desasosiego, reinicio

Aunque se perdió el viaje triple y la traición frustró el añorado proyecto, Martí habló de renacer y no mirar lo deshecho, sino ir a lo que hay que hacer.
Por: Julio Batista y Mercedes Alonso

(Tomado de la Revista Bohemia 21 de enero de 2005)

No era delirio de persecución, ni paranoia la que sentía Martí en esos días de diciembre de 1894, mientras activaba el plan de Fernandina. Con afiebrada inquietud, el Delegado del Partido Revolucionario Cubano escribía en sus cartas al general Gómez y a Serafín Sánchez acerca de los espías que al servicio del gobierno colonial español se movían de un sitio a otro intentando descubrir sus planes revolucionarios. Y al propio Generalísimo le hablaba de la manera en que actuaba con la mayor compartimentación para que nadie pudiera imaginar detalle alguno acerca de los barcos.

barcos_PlanfernandinaEl Amadis, el Lagonda y el Baracoa trasladarían material de guerra para mil efectivos, todo esto comprado gracias a los fondos aportados por los tabaqueros de Tampa, Cayo Hueso y otras ciudades de la Florida, arrancados de sus magros salarios por el sacrificio de la Patria.El enviado de Serafín

Martí conocía desde tiempo atrás a Fernando López de Queralta, veterano de la Guerra Grande> (1868-1878) y a quien le había dedicado años antes un ejemplar de sus Versos Sencillos. Ahora le llegaba como enviado de Serafín Sánchez, uno de los hombres a quien más apreciaba el Apóstol y por supuesto, no hubo desconfianza alguna hacia él, por lo que de inmediato le hizo partícipe de todos los detalles, ya adelantados, de Fernandina.

Queralta insistió una y otra vez en sus posibilidades para obtener un vapor, cuyo capitán era de toda su confianza y podía conocer el objeto del viaje. Ante la desconfianza de Martí, aquel ofreció todo tipo de garantías, y el héroe cometió el error de visitar a plena luz del día una oficina de corredores de buques.

Pero López de Queralta consideraba una simulación absurda la idea de Martí de encubrir su nombre y personalidad con la del propietario de minas y exportaciones agrícolas, D. E. Mantell. De nada valieron los argumentos del Delegado y de nada sirvieron sus explicaciones acerca de los espías de las agencias Pinkerton y Davis que actuaban al servicio de la metrópoli tras las huellas de los revolucionarios.

Los resultados no pudieron ser peores. Queralta reveló a los consignatarios el motivo real del contrato y confesó que Martí y Mr. Mantell eran la misma persona. Precisamente, Manuel Mantilla había firmado el contrato del Lagonda con ese mismo nombre.
Fue en medio de la confusión que se originó en el corredor que Martí salió de la oficina e increpó a Queralta por su falta de discreción. Dijo que todo seguiría según lo que él había previsto en el plan original.El Plan en peligro
Coléricos y amargos fueron los días que siguieron a la existencia del Apóstol cubano. No siempre la confianza es virtud. Este es el caso. Diciembre de 1894 se convertiría para el apóstol cubano en uno de los meses más tristes y difíciles de su angustiosa vida. Sabía que de muchas maneras no solo su vida, sino su razón de ser: la lucha por la independencia de su patria, estaban en juego, merced a los espías coloniales y los agentes de la Pinkerton pagados por España.

Y como si no hubieran sido suficientes los errores cometidos, Queralta envió por ferrocarriles parte del cargamento de armas y pertrechos, bajo el rótulo de "artículos militares" y con las cajas de las cápsulas descubiertas.

Los días de diciembre de 1894, hasta ese 10 de enero de 1895, el rostro del héroe cubano revelaba el alma sombría y plena de presagios. No podía ser de otra manera.

Justamente ese décimo día del primer mes del año en que tendría lugar el reinicio de la guerra por la independencia de Cuba, las autoridades norteamericanas confiscaban todos los materiales de guerra de las expediciones, incluyendo los barcos.

El plan de la Fernandina, según lo previsto, hubiera provocado el desembarco simultáneo y a pocas horas de iniciada la insurrección en Cuba. Los jefes militares establecerían comunicación inmediata con los patriotas y actuarían en común acuerdo contra el ejército español, a fin de impedir su recuperación y la llegada de refuerzos. Lamentablemente, el gobierno de Washington no era amigo de los cubanos, como había dicho Martí.

Mayia_RodriguezJosé María Rodríguez, Mayía, representante personal del General en Jefe Máximo Gómez

Los propios conspiradores desconocían la magnitud de toda la preparación y envío de pertrechos. La mayoría se asombró de la gran capacidad organizativa de José Martí. Entonces, muchos lo vieron sufrir como pocos. Perdidos por la traición del oficial al cual se le había confiado la conducción de uno de los buques, quedaban en manos de las autoridades norteamericanas los recursos de humildes tabaqueros de la Florida, logrados con privaciones y años de enormes esfuerzos.Otra vez comenzar de la nada

No hay momento mayor para probarse que ese en que todo parece derrumbarse. El revés de la Fernandina pudo haber sido el fin de aquel magno comienzo. Pero los preparativos comenzaron de nuevo. La guerra era ya un proceso inevitable y todos los de adentro esperaban que llegasen los grandes jefes. Otro plan de alzamiento fue concebido de inmediato.
El terrible golpe no había disminuido la capacidad de lucha del Apóstol cubano. "No tema de mí, sé padecer y renovar. La cobardía, o más, de un hombre inepto, se nos clavó de arrancada en la hora grande. Renaceremos." Así escribió a José Dolores Poyo y a Gómez le reiteró: "Yo no miro a lo deshecho, sino a lo que hay que hacer".

El 29 de enero de 1895 José Martí cursó la orden del levantamiento, firmada por él, como Delegado del Partido Revolucionario Cubano, José María Rodríguez, Mayía, representante personal del general en jefe Máximo Gómez, y Enrique Collazo en nombre de la Junta Revolucionaria de La Habana ante el Partido. Iba remitido a Juan Gualberto Gómez, el delegado del Delegado en La Habana, y en algunos de sus párrafos decía:

Se autoriza el levantamiento simultáneo, o con la mayor y favorable, que es durante la segunda quincena y no antes, simultaneidad posible, de las regiones comprometidas, en que la conjunción con la acción del exterior será ya fácil del mes de febrero.

Enriquecollazo

Se considera peligroso, y de ningún modo recomendable, todo alzamiento en Occidente que no se efectúe a la vez en que los de Oriente, y con los mayores acuerdos posibles en Camagüey y Las Villas.
Se asegura el concurso inmediato de los valiosos recursos ya adquiridos y la ayuda continua e incansable del exterior.

Tras recibir la orden en los primeros días de febrero de 1895, reunidos en La Habana, Juan Gualberto Gómez, Julio Sanguily, José María Aguirre, López Coloma y Pedro Betancourt, la fecha para el reinicio de la guerra fue prevista para el 24 de febrero de ese año.Enrique Collazo firmó la orden de levantamiento por la Junta Revolucionaria de La Habana

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