Francisco Vicente Aguilera y Tamayo

El peregrino de la patria

A 130 años de su muerte, Cuba rinde homenaje a este bayamés preclaro

Por LUDÍN B. FONSECA GARCÍA *

(Tomado de la revista Bohemia del 13 de febrero de 2007)

 

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Uno de los primeros conspiradores, poseedor de apreciable fortuna, Francisco Vicente Aguilera ha quedado en la historia de Cuba como ejemplo de compromiso sin límite con la patria.

Cuando en 1836 murió su padre, le dejó el cometido de obtener para la familia, utilizando las rentas del ingenio azucarero Pilar de Jucaibama, un título nobiliario de Castilla, aparte de continuar la tradición de poseer los de Regidor Alcalde Mayor y el grado militar de coronel de los Reales Ejércitos y del Batallón de Milicias Blancas Disciplinadas de Infantería de Bayamo y Santiago de Cuba.

El joven Francisco Vicente Aguilera y Tamayo, quien había nacido el 22 de junio de 1821 en la villa de Bayamo, no cumplió esta encomienda. Su aspiración era subvertir la sujeción colonial que ataba a Cuba de España. Y es que en el transcurso de una generación se había operado una transformación en el pensamiento político de la familia Aguilera, como sucedió en casi toda la sociedad bayamesa. De un ideario monárquico y pro español, se evolucionó al republicano independentista.

La toma de conciencia en Aguilera se manifiesta desde su juventud. En 1851, con 30 años, ya era miembro de la conspiración -y su jefe en Bayamo-, liderada por el camagüeyano Joaquín Agüero, quien proyectaba un alzamiento separatista nacional. También participó en un proyecto, en unión de Carlos Manuel de Céspedes, que pretendía iniciar un levantamiento contra el colonialismo español y cuyas primeras acciones serían tomar las ciudades de Bayamo y Manzanillo.

Después de la muerte de su madre, Juana Tamayo, ocurrida en 1863, inició un periplo por diferentes países de Europa y por los Estados Unidos. Este incidió en su formación, pues lo puso en contacto con las ideas políticas y económicas más avanzadas. Desde su arribo a Bayamo comenzó a elevar proyectos al Gobierno de la Isla, para desarrollar económicamente la jurisdicción, en los que se aplicaran los adelantos de la ciencia y la técnica. El más importante era la construcción de un ferrocarril entre Bayamo y Santiago de Cuba.

A partir de este momento es un revolucionario en extensión y profundidad. Su acción se manifiesta en dos aristas definidas: el logro de la independencia de Cuba, y, mientras esto no suceda, la transformación del régimen económico arcaico existente en Bayamo. Este ímpetu capitalista lo llevó a convertirse en el hombre de mayor fortuna en la región oriental de Cuba. En 1868 su caudal activo ascendía a dos millones 168 mil 54 pesos.

El insurrecto

En 1867 fundó el Comité Revolucionario de Bayamo. Su pensamiento revolucionario se radicalizaba. Se discutía la fecha del alzamiento subordinándola a la existencia de pertrechos militares con que enfrentar al Ejército Español. Aguilera era de la opinión que debía posponerse para poder acopiar armas. Y es en este momento cuando se compromete a trasladarse a los Estados Unidos y regresar antes del 24 de diciembre, fecha máxima aceptada por los conspiradores para pronunciarse, con suficiente material de guerra para dar comienzo a la Revolución. Los hechos se precipitaron y el 10 de octubre de 1868, en el ingenio Demajagua, Céspedes protagonizó el alzamiento.

Ya en la guerra, Aguilera ocupó importantes responsabilidades político-militares. Carlos Manuel de Céspedes decidió enviarlo a Estados Unidos para unificar a los emigrados y lograr el envío de expediciones con logística con las cuales abastecer las tropas del Ejército Libertador. Partió en 1871.

En esta determinación de Céspedes debieron pesar varias causas, entre ellas que Aguilera había sido partidario de esta idea antes del inicio de la Revolución, por los conocimientos que poseía en el manejo de fondos, pues había creado una fortuna millonaria, así como por su pensamiento y forma de actuar, que lo habían convertido en paradigma del pensamiento unitario. Las distintas fracciones políticas, civiles y militares, lo veían como un hombre íntegro, ético y revolucionario.

Aguilera partió a cumplir esta misión a pesar de las opiniones contrarias de sus amigos que insistían que era una habilidad política del Presidente para alejarlo de la escena política cubana, quitarlo como posible rival, y aspirante a la presidencia. A pesar de estos criterios, estaba convencido de que en esos momentos la Patria era allí donde lo necesitaba, para resolver los problemas existentes.

Latinoamericanista

El período vivido en la emigración contribuyó a radicalizar su visión sobre los Estados Unidos. Muchos cubanos soñaban con la ayuda de este país para el logro de la independencia. Como resultado de las relaciones que estableció con políticos norteamericanos y ser víctima de promesas incumplidas, evasivas, obstáculos directos que hicieron fracasar expediciones y no permitir las recaudaciones necesarias, llegó a la conclusión de que el Gobierno de esa nación nunca apoyaría a los cubanos para obtener la independencia y sentenció: "Ayudarán a Cuba cuando Cuba se haya ayudado a sí misma. Esperar más que eso es una vaga ilusión".

 

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Ruinas del hogar de los Aguilera. Como todos los bayameses patriotas, le dio fuego a su casa durante el incendio de la ciudad

Allí, además, trató con hombres de un profundo pensamiento latinoamericanista como el puertorriqueño Eugenio María de Hostos, con quien compartió una profunda amistad, lo que le permitió ser, también, el fundador del pensamiento latinoamericanista cubano, al plantear la necesidad de crear una Confederación Antillana que le hiciera frente a la política expansionista de los Estados Unidos.

Escaso fue el dinero que pudo recaudar Aguilera en los primeros meses de su estancia en Nueva York. Por eso decidió, en junio de 1872, iniciar un periplo por Europa. Le habían prometido que los capitalistas cubanos emigrados en Francia le financiarían una gran expedición.

La realidad fue diferente, y comenzó a padecer desaires, subterfugios, el dinero no fluía, las discusiones se dilataban, y los burgueses, temerosos de que sus propiedades fueran embargadas, no contribuían, o querían hacerlo sin que se supiera su nombre y por ello las cantidades que entregaban eran irrisorias. Estas limitaciones lo convencieron de que no podía obtener los recursos necesarios en París, pero aún así continuó insistiendo. Se convirtió en un misionero por la independencia de Cuba.

El periplo europeo definió el pensamiento de Aguilera respecto a la burguesía cubana que poseía importantes capitales que proteger en Cuba. Finalmente cuando abandonó París, en marzo de 1873, como resultado de un llamado imperioso que le hacen desde Nueva York al conocerse que Céspedes lo había destituido como Agente General en el exterior, tiene la plena convicción de que no regresaría jamás por que este sector de la burguesía cubana no financiaría la independencia de Cuba.

Un emigrado más

La estancia en Europa le posibilitó establecer una ruptura que quizás hubiese sido imposible de concebir en otro momento, por que tal vez pensó que todos los propietarios cubanos tenían la misma decisión que él en sacrificar su fortuna y bienestar por la independencia de la Patria. En sus últimos días europeos se comienza a mostrar en Aguilera una actitud a gestionar fondos con banqueros de diferentes nacionalidades, que podían contribuir a la causa cubana por los beneficios económicos que obtendrían. Se alejó, definitivamente, de la burguesía.

 

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Monumento a Aguilera en Santiago de Cuba

Su retorno a Nueva York significó continuar trabajando en el envío de una gran expedición a Cuba. Pero ahora la situación había cambiado. Ya no era el Agente General, sino un emigrado, solo lo diferenciaba el hecho de ser iniciador de la revolución y el prestigio que poseía por su honradez y desinterés por la independencia de Cuba. En estas circunstancias desarrolló su obra, sin incorporarse a las luchas intestinas que desangraban a la emigración. Y es a partir de este momento cuando quedó plasmado el perfil que hoy poseemos de él. Las dificultades por las que tuvo que atravesar, la miseria en que vivió y murió, las penurias de su familia dejó estupefactos a quienes lo conocieron.

El peregrinaje por los Estados Unidos lo puso en contacto con la burguesía cubana que había enfrentado a la metrópoli española. Aquí, al igual que en París, pudo comprobar que no obtendría los recursos necesarios. Inició un recorrido por ciudades norteamericanas con el objeto de buscar un vapor que lo trasladase a Cuba, así como para recaudar dinero. Visitó Baltimore, Filadelfia, Nueva Orleans y Cayo Hueso. En esta última se comenzaba a desarrollar un importante concentrado de emigrados cubanos, los que aportaron una cifra considerable de dinero, unos siete mil pesos, entre los meses de febrero-abril de 1874. Este desprendimiento le causó profunda impresión.

A pesar de esta demostración su pensamiento continuó considerando que las sumas para el financiamiento de las expediciones debían aportarlas los emigrados cubanos que mayor capital poseían. Por ello siguió vinculado a sectores de la burguesía cubana del occidente de la Isla, así como a terratenientes, que muchos entraban en componendas con las autoridades españoles. Estos descartaban un pensamiento independentista cubano radical. No percibió las diferencias que existían entre este sector y el que había iniciado la contienda independentista.

Sus últimos años

Fue tanta la desidia que padeció Aguilera que finalmente, al no poder armar una gran expedición -y carente de recursos-, decidió regresar a Cuba. El 22 de abril de 1876 efectuó su último intento. Llegó a Las Bahamas, donde pretendía abordar el buque Anna, y al no encontrarlo se dirigió a Nassau. El 12 de junio embarcó rumbo a Haití. El viaje resultó imposible. Arribó a Nueva York el 15 de agosto de 1876. Ya se encontraba gravemente enfermo del cáncer que lo aquejaba, pero aún así insistía en volver a la Patria, aunque fuera en un bote.

El 22 de febrero de 1877 falleció Francisco Vicente Aguilera en Nueva York, rodeado de su esposa e hijos, sin haber podido cumplir su mayor anhelo: libertar a su Patria; ni su sueño de regresar a Cuba con una fuerte expedición.

Las aspiraciones de Francisco Vicente Aguilera fueron más ambiciosas que las de sus ancestros y se centró en fundar un pensamiento político que contemplaba la idea de lograr la independencia de Cuba del colonialismo español empuñando las armas. El engrandecimiento que le reportaría a su familia no sería en el orden de lo que soñó su padre, o sea en la obtención de un título nobiliario, detentar cargos políticos en la estructura de gobierno de la villa o provincia, o en la milicia, sino al convertir, al linaje Aguilera, en uno de los fundadores de la nación cubana.

* Master en Ciencias Históricas. Director de la Casa de la Nacionalidad Cubana e Historiador de Bayamo, Monumento Nacional

 

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