GUILLERMÓN MONCADA
El mambí que levantó a Oriente
Al llamado de la patria y de Martí, el mayor general santiaguero puso en pie de guerra al sudeste cubano, desde Baire hasta Maisí, en 1895
Por PEDRO ANTONIO GARCÍA
(Tomado de Bohemia 16 de marzo de 2010)

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Guillermón era el líder indiscutido
del independentismo en el
sudeste del Oriente cubano
y el jefe de mayor prestigio
allí en ausencia de Antonio Maceo

Las orientaciones de Juan Gualberto Gómez, delegado del Partido Revolucionario Cubano en la Isla, eran precisas. Tranquilino Latapier tenía que entrevistarse primeramente con Guillermón Moncada, líder indiscutido del independentismo en el sudeste del Oriente cubano y el jefe de mayor prestigio allí en ausencia de Antonio Maceo, y conocer si existían condiciones para que el mayor general santiaguero y sus subalternos secundaran el alzamiento simultáneo previsto por José Martí, el cual debía ocurrir durante “la segunda quincena, no antes, del mes de febrero”. En caso afirmativo, se les solicitaba a los orientales proponer una fecha para el levantamiento.
Como siempre, Guillermón respondió al llamado de la Patria y de Martí.
Tras consultas con sus compañeros, enviaron a Juan Gualberto la propuesta del 24 de febrero, primer domingo de carnaval, para el inicio de las hostilidades. El 16 de febrero de 1895, Moncada recibió un cablegrama. “Giros aceptados”, le respondían. Ese mismo día comenzó a impartirles órdenes a todos los comprometidos bajo su mando.
Envió a Apolonio Ferrer Cuevas y a Tomás Muñoz a la finca La Confianza, en Guantánamo, para anunciar la buena noticia a Periquito Pérez, quien a su vez trasmitió sus instrucciones a los mambises de la región tal como ya se había planificado. A Victoriano Garzón le asignó la jefatura de los patriotas de Santiago, quienes se levantarían en armas después del mediodía del 24. A Alfonso Goulet le encomendó sublevar a El Cobre. Al inquieto Quintín Bandera, alzarse en horas de la tarde en San Luis. La misión de Silvestre Ferrer Cuevas y otros 20 hombres armados era incendiar el poblado de Loma del Gato, centro de operaciones del ejército español en contiendas pasadas. Mediante José Figueredo, se le avisó a Saturnino Lora, líder de los conspiradores en Baire. “De orden del general Moncada, que se levante el día 24 por la tarde y espere órdenes”, le comunicaba en una nota.

Consciente de que estaba estrechamente vigilado por la policía española, Guillermón se sumió en la clandestinidad y el 19 de febrero abandonó Santiago, en compañía de otro patriota, y se fue al poblado de Auras, en donde halló refugio en casa del patriota Fulgencio Falgueras. En la mañana del 24 de febrero, se dirigió a Alto Songo, seguido de otros mambises, y en la loma de la Lombriz estableció campamento.

Todas sus órdenes fueron cabalmente cumplidas. En el sudeste de Oriente sí se produjo el levantamiento simultáneo que había previsto Martí.

Guillermón

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Casa natal en Santiago de Cuba

José Guillermo Moncada nació en Santiago de Cuba el 25 de junio de 1841. Nunca fue reconocido por su padre biológico por lo que llevaba solo el apellido materno. En la Guerra del 68 se alzó a mediados de noviembre y se puso bajo las órdenes de Donato Mármol, quien luego, al designarlo segundo jefe de batallón, lo subordinó al capitán Policarpo Pineda Rustán. Al reorganizar Máximo Gómez la División Cuba en 1870, le entrega a Guillermón la jefatura de un batallón, ya con el grado de capitán.

Carlos Manuel de Céspedes una vez lo describió “negro, muy alto, delgado, (de) labio superior corto, dientes grandes y blancos, y cojo por heridas”. Un jefe suyo en la manigua, Rustán, lo presentaba como el capitán más valiente de su regimiento. “Es bueno y bravo y se puede confiar en él”, agregaba. A raíz de conocerlo (1870), Máximo Gómez dijo: “Este Guillermón vale mucho, además de muy valiente, tiene dotes de mando y gran habilidad estratégica (…) Si no lo matan, llegará muy lejos”.

En febrero de 1871 Moncada asumió interinamente el mando del regimiento que comandaba Rustán, quien se hallaba gravemente herido. Meses después, a principios de mayo, en un lugar que algunos llaman Palenque y otros Peladero, a unos 10 kilómetros al sudoeste de Mayarí Arriba, acometió con su tropa a las tristemente célebres escuadras de Santa Catalina del Guaso, integradas por traidores a su tierra, y sostuvo un particular duelo con el jefe de estas, el odiado coronel de origen cubano Miguel Pérez Céspedes.
El duelo
duelo

Guillermón, sereno, fue asestando golpes efectivos al renegado con su afilado machete hasta que lo dejó
mortalmente herido

 

Cuenta la tradición oral que, enterado Miguel Pérez de que Guillermón campeaba por su zona de operaciones, mandó a poner carteles en árboles, bohíos, cercas y demás lugares visibles con el siguiente mensaje: “Guillermón Moncada, dondequiera que se encuentre.

Mambí, no está lejos el día en que pueda sobre el campo de la lucha bañado por tu sangre, izar la bandera española sobre las trizas de la bandera cubana. Firmado, Miguel Pérez”.
En los mismos lugares en que encontró el reto del traidor, Moncada colocó su respuesta: “Por dicha para mí se aproxima la hora en que mediremos nuestras armas. No me jacto de nada, pero te prometo que mi brazo de negro y mi corazón de cubano tienen fe en la victoria.
Y siento que un hermano extraviado me brinde la triste oportunidad de quitarle el filo a mi machete, mas, porque Cuba sea libre, hasta el mismo mal es bien”.
Cerca de Mayarí Arriba el regimiento insurrecto se topó con las escuadras de Santa Catalina del Guaso. Dicen que el combate duró unas cinco horas. Encerrados en un cerco de hierro y fuego, los cubanos traidores fueron prácticamente aniquilados por los mambises.
El renegado intentó escapar pero un centinela dio la voz de alarma.
“Se va Miguel Pérez”. El traidor se vio rodeado de iracundos mambises. Se oyó la voz de Guillermón: “Que nadie lo toque, ni se meta en el duelo”, y le dio la oportunidad a Pérez de defenderse.

Ambos eran diestros en el manejo del arma blanca, cuenta la tradición. Un testigo del duelo relataría años después a un historiador santiaguero: “El traidor Pérez era valiente, impetuoso en el combate, pero Guillermón, sereno, fue asestando golpes efectivos con su afilado machete hasta que lo dejó mortalmente herido”.
Más tarde, narraba el veterano mambí que peleó en Palenque, junto al parte de la acción, Moncada envió a Máximo Gómez las insignias y el arma del cubano traidor que había sembrado el terror en los campos guantanameros.

Combatiente de tres guerras

A Guillermón le impusieron las estrellas de teniente coronel ese mismo año y las de coronel en 1873. Combatió con Gómez en Camagüey (1874) y en 1877 lo designaron jefe de la Brigada de Mayarí. Ante el Pacto del Zanjón fijó claramente su posición: “No podemos admitir nunca la paz que bajo condiciones tan humillantes nos brindan los españoles”. Participó en la Protesta de Baraguá y el gobierno provisional de Titá Calvar le otorgó el grado de general de brigada. Se alzó durante la Guerra Chiquita y el Comité Revolucionario Cubano, presidido por Calixto García, lo ascendió a mayor general.
Al terminar la Guerra Chiquita, marchó para Jamaica pero los españoles lo apresaron traicioneramente en alta mar. Padeció los maltratos de las cárceles españolas y contrajo tuberculosis en ellas. Le liberaron en 1886, año en que regresó a Cuba. En la Isla volvió a sufrir prisión en el cuartel Reina Mercedes (llamado posteriormente Moncada, en su honor) de diciembre de 1893 a junio de 1894. El luego teniente coronel mambí Lino Dou se lo encontró en una calle santiaguera al ser puesto en libertad. “Aunque se notaba en su semblante y en su cuerpo el mal que lo minaba, aún se encontraba erguido y gallardo”, recordaría años después. Un grupo de jóvenes se cuadró militarmente ante su presencia. “A sus órdenes, mi general”.
Visiblemente emocionado, el veterano mambí sonrió: “¿Que esperan, muchachos, a que me flaqueen las piernas?”. Dou, más impetuoso que los demás, le dijo: “Mi general, una orden suya y ya es hora”. Los ojos de Guillermón se iluminaron: “Así me gusta, muchacho, tú sabes que no tendremos mucho que esperar”.
La caída

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Monumento erigido por el
pueblo santiaguero a
su memoria

 

Guillermón sabía que su misión era encender y mantener la llama de la guerra hasta la llegada de Martí, Gómez y Maceo. Y gastó sus últimas fuerzas en ello. Por órdenes suyas, Benigno Ferié estableció su campamento en las márgenes del río Mayarí para facilitar el paso desde Guantánamo, por donde esperaba la llegada de los tres grandes jefes mambises.
Cuando sintió la proximidad de la muerte, Moncada le entregó a Victoriano Garzón el mando de la tropa subordinada directamente a él. En hamaca, agonizante, lo trasladaron a Joturito, a casa de la familia Ávila. Le acompañaban Rafael Portuondo Tamayo, su hermano y una pequeña escolta. Falleció el 5 de abril de 1895, a las 7:35 de la noche.
Horacio Rubens, muy vinculado a Martí en la preparación de la guerra necesaria, escribiría años más tarde: “Sin Guillermón no hubiera habido Revolución en Oriente el 24 de febrero”.

Fuentes consultadas
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Los ensayos 24 de febrero de 1895: Inicio de la guerra de Martí, de Hortensia Pichardo, y Guillermón, el caballero negro, de Leonardo Griñán Peralta. El texto periodístico Guillermón, de Lino Dou (Diario de la Marina, 1929). El manual Historia de Cuba Tomo 2, de Julio Le Riverend, Antonio Martínez Bello y otros. El Diccionario Enciclopédico de Historia Militar de Cuba (Ediciones Verde Olivo, 2001.2004)

 

 

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