baner35-52El siguiente tema trata el período histórico que transcurre entre 1935 y 1952 y se inicia con el análisis de los acontecimientos posteriores al derrocamiento del Gobierno de los Cien Días,  como preambulo para exponer el curso de los acontecimientos en un período caracterizado inicialmente por la represión y el ascenso del militarismo.
Durante su desarrollo se exponen las características de los gobiernos hasta el golpe de estado de 1952, la continuación de la lucha de nuestro pueblo durante esta etapa y la influencia de los acontecimientos internacionales en la situación de Cuba.
 
La república neocolonial entre 1935 y 1952
Por Roberto Gómez Montano

En enero de 1934, resultado de las presiones y manejos del imperialismo y las ambiciones de Fulgencio Batista, un golpe de estado pone fin al Gobierno de los Cien Días, e instaura en el poder al político Carlos Mendieta. Pero el verdadero hombre fuerte del mismo era el embajador Jefferson Caffery, quien culminaba de esta forma la labor de su colega anterior Benjamín Sumner Welles, en lo que podemos calificar una obra maestra de la diplomacia norteamericana de la época, al no tener que emplear las tropas de su país, para restablecer el control de la oligarquía proimperialista sobre Cuba.

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El período histórico que transcurre a partir de entonces y hasta 1952, fue reflejo del nuevo papel del ejército en el devenir de la política cubana, el cual cambia radicalmente, dejando de ser el instrumento que realiza la voluntad del presidente de la república, para convertirse en el verdadero poder real, capaz de dictar la política y de imponer los intereses de sus jerarcas a los presidentes de turno, pero además, es una etapa que refleja con mayor crudeza la imposición de la voluntad imperialista en nuestra patria, con la aplicación de nuevos mecanismos de dominación y de la realización de aperturas democráticas, si estas estaban en sintonía con los intereses del imperialismo.

Desde 1934 el reforzamiento del control imperialista sobre Cuba, se evidencia con la aplicación de nuevos mecanismos de dominación, como fueron: el nuevo Tratado de Reciprocidad Comercial de 1934, que era aún más desventajoso para Cuba que el de 1903, al estipular rebajas arancelarias para una gran variedad de productos norteamericanos de hasta un 60 % y la Ley Costigan Jones o Ley de Cuotas Azucareras, que establecía una cuota para el azúcar cubano que sería vendido en los Estados Unidos, para fijar la cual, fueron promediados los años de menor venta nuestra hacia ese mercado, con el natural perjuicio que esto provocaría en lo que en ese entonces era nuestra principal industria.

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Indudablemente que el establecimiento de estos mecanismos de dominación, contribuyó a profundizar el proceso de deformación económica, iniciado desde los primeros años de la república. Producíamos lo que al imperialismo le convenía, en el nivel que éste necesitara y estábamos sujetos a los vaivenes originados por las crisis que periódicamente los afectaban.

La industria nacional era duramente golpeada por la competencia de la avalancha de productos norteamericanos, que recibían el beneficio de rebajas arancelarias a su entrada en el país y que podían competir con ventaja con sus similares producidos en Cuba. Esta situación impedía la diversificación de nuestra economía, a la cual se le había asignado el papel de abastecedora de materias primas y productos semielaborados para el mercado norteamericano, donde no eran justamente pagados. Como resultado lógico de esta situación, continuaba el agravamiento del nivel de miseria de las masas y se profundizaban males como el analfabetismo, el desempleo, y la insalubridad.

vanguardias_revolucionariasPara enfrentar el ascenso del militarismo y la represión desde 1934 nuestro pueblo se apoyó en sus vanguardias que hasta 1935 estuvieron representadas por el partido comunista y sus organizaciones afines a las cuales les había orientado la formación de soviets, (órganos de poder local integrados por obreros y campesinos) que sirvieran para lograr la toma del poder central, utilizando para ello la lucha huelguística y por la Joven Cuba, organización liderada por Antonio Guiteras, que preconizaba la lucha armada como método para alcanzar el poder político.

La represión desatada por oligarquía, apoyada en los militares y con el visto bueno del imperialismo y las debilidades que se presentaron dentro de las fuerzas revolucionaria, determinaron que no se pudiese alcanzar el triunfo en este instante y que se produjera un repliegue momentáneo de las fuerzas revolucionarias. Pero la lucha no se detendría y nuevas figuras continuarían el enfrentamiento a la dominación burguesa proimperialista.

En el contexto del enfrentamiento a la amenaza del fascismo en Europa, y tratando de garantizar lun mayor control de  su traspatio colonial (América latina), el imperialismo orientó un proceso de apertura democrática, que fue impulsado a partir de 1937 durante el gobierno de Federico Laredo Bru. Las concesiones que al movimiento popular hizo entonces la oligarquía criolla, evidenciaron aún más su grado de dependencia al imperialismo. Los hasta ese instante represores sanguinarios de nuestro pueblo, enfundaron sus manos en guantes blancos y se decidieron a participar del juego de la democracia burguesa, no por voluntad propia, sino, por orientación recibida de sus amos yanquis.

apertura_democrticaLos aspectos que caracterizan esta apertura democrática a partir del año 1937 se hallan contenidos en el cartel de la izquierda.

Entre 1944 y 1952 transcurrieron los gobiernos de los candidatos del PRC(A), Ramón Grau San Martín y Carlos Prio Socarrás, caracterizados por postulados demagógicos lanzados desde sus respectivas campañas electorales, la corrupción político administrativa, que rebasó límites insospechados, el pandillerismo y el anticomunismo.
Con estos gobiernos, que defraudaron las esperanzas populares de lograr una solución a los graves problemas que afectaban a Cuba, se puso de manifiesto la incapacidad del reformismo burgués para sacar al país de la crisis estructural y permanente en que se hallaba sumido.

La situación del país se agravaba día a día. De una fuerza laboral de 2 204 000 cubanos, 738 000 se hallaban desempleados para un 33,4 %.

Este tétrico panorama lo completaban 11 500 mujeres dedicadas a la prostitución, 15 064 mendigos en nuestras calles y 26 710 viviendo del juego de azar.

Los datos que sobre la vivienda rural en Cuba durante la década del 40 aparecen a la izquierda, evidencian la dura realidad del campesino cubano, que debía sumar a esta terrible situación la constante amenaza del desalojo, los bajos salarios, el tiempo muerto, el pago en vales y la creciente agudización de la falta de atención médica y el analfabetismo.
Mientras esto ocurría en nuestros campos los gobernantes del partido Auténtico asaltaban el tesoro de la nación como podrás comprobar en el siguiente fragmento de un artículo tomado del periódico Trabajadores.

“Alemán al desnudo” de Alina Martínez Triay

Durante la administración de Ramón Grau San Martín se dio uno de los más escandalosos casos de malversación, el del titular de Educación, José Manuel Alemán, protegido del mandatario, quien al "meter mano" en el presupuesto del Ministerio no olvidaba enviar donaciones a Palacio.
Una de sus fuentes de enriquecimiento ilícito fue el llamado Inciso K, creado por el Congreso para establecer un presupuesto anual destinado. al pago de las plazas de maestros y profesores que fueran creándose en el Ministerio. Este fondo fue descaradamente saqueado por funcionarios del gobierno, mientras la enseñanza atravesaba una situación caótica, los maestros se veían obligados a pagar para conseguir un puesto, las escuelas carecían de los recursos más elementales y algunas -como denunció el periódico Hoy- sufrían desalojo porque el Estado no pagaba el alquiler del local a sus propietarios.

Estos hechos contrastaban con la fortuna del ministro Alemán, cuyas inversiones en Miami eran del orden de millones de pesos. Cuando en una comparencia televisada en el programa Ante la Prensa los panelistas le preguntaron a Grau sobre esos negocios, el ya exmandatario respondió con cinismo: "Yo sabía que José Manuel era un muchacho muy ahorrativo."

Al presidente Carlos Prío Socarrás, como denunció Fidel en el periódico Alerta, los pandilleros armados lo escoltaron a través de su campaña y subió al poder saturado de compromisos. La presión popular lo obligó a aprobar una llamada Ley contra el gangsterismo, que declaraba ilegales a todas las organizaciones y establecía las sanciones más severas.

No obstante, la influencia de estos elementos era tan fuerte que en un momento dado el presidente hizo trizas la ley, reconoció la beligerancia de los pandilleros y entró en tratos con todas las organizaciones.

Todos los meses, desde el Palacio Presidencial se les enviaban sobres con dinero en efectivo que llevaban el membrete "Presidente de la República", "Asunto personal", y que ascendían a una suma mensual de 18 mil pesos, cantidad que, como precisó Fidel, superaba a la que se empleaba en el Hospital Calixto García para alimentar a los enfermos.
Mayor entrega del país a la oligarquía financiera yanqui, la eliminación de las libertades democráticas burguesas, persecuciones, asesinatos y el más desenfrenado robo del tesoro público caracterizaron el último mandato del dictador Batista.

Bajo su administración no solo se sentían seguros los magnates de los Monopolios yanquis radicados en Cuba sino las figuras del hampa norteamericana que habían tomado en sus manos el floreciente negocio del juego."Parece –decía la revista Time- que para los pandilleros del este de los Estados Unidos, que se encuentran operando nuevos casinos de juego en La Habana, este invierno será la zafra de mayor bonanza.”

 

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El líder azucarero Jesús Menéndez, El General de las Cañas, quien pago su vida el enfrentamiento a la oligarquía proimperialista y a quien nuestro poeta nacional, Nicolás Guillén, dedicara estos conmovedores versos:

Jesús no está en el cielo, sino en la tierra,
no demanda oraciones, sino lucha;
no quiere sacerdotes, sino compañeros;
no exige iglesias, sino sindicatos:

Nadie lo podrá matar.

 

 

 

sabinoAsesinado el 20 de octubre de 1948, fue Sabino Pupo uno de los más destacados líderes campesino en esta etapa, le había antecedido Niceto Pérez, el 17 de mayo de 1946 y le seguiría Amancio Rodríguez, el 18 de septiembre de 1949, todos victimas de la brutal represión desatada en estos años contra líderes sindicales, campesinos y obreros como fue Aracelio Iglesias, el 17 de octubre de 1948.

En el año 1952 terminaría el periodo presidencial de los gobiernos auténticos, primero Ramón Grau San Martín (1944 – 1948), seguido por Carlos Prio Socarrás (1948 – 1952). Para el 1ro de enero de 1952 estaban convocadas las elecciones generales en Cuba, por lo que iba llegando a su fin el gobierno corrupto y entreguista de Carlos Prio. Pero veamos que elementos caracterizaron el gobierno de Prio en los últimos meses de la presidencia.

Los intereses del imperialismo, determinantes en el curso de la vida política de la republica neocolonial exigían que el nuevo gobierno que se constituyera en Cuba pusiera en práctica una política por completo antipopular y de sometimiento sin ningún disfraz a los monopolios yanquis. Debían aceptarse las recomendaciones antiobreras del Plan Truslow; ofrecer plenas garantías y facilidades a los inversionistas extranjeros, restringir las zafras azucareras a partir de 1952 y como colofón desplegar la “Guerra Fría” contra el movimiento obrero y los comunistas. Con vistas al proceso eleccionario un grupo de partidos políticos se agruparon en la coalición gubernamental (como había ocurrido en 1944 y 1948) otros por separado representaron la oposición.

Ante la inminente victoria del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo) a los imperialistas solo les quedaba un camino para imponer sus intereses, violar la constitución de 1940 e imponer por la fuerza el régimen de gobierno que les convenía. Era el método violento para arrebatar al pueblo el triunfo en las urnas e instalar en el poder al “hombre fuerte”, Fulgencio Batista, figura sin escrúpulos que llevaría a cabo, al pie de la letra, todas las exigencias del imperialismo.

Durante un año Batista se había dedicado a organizar el golpe del 10 de marzo. Escudado en su condición de senador primero y de candidato presidencial después, pudo preparar meticulosamente las condiciones para el cuartelazo, consciente de la imposibilidad de su triunfo electoral. Cuando ya la conspiración había tomado suficiente fuerza y era seguro el respaldo de las principales guarniciones militares de la capital y del interior del país, Batista puso en marcha la última fase de su plan: la acción golpista, que fue ejecutada en la madrugada del 10 de marzo de 1952.

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