Manuel Sanguily, defensor de la soberanía nacional

Josefina Ortega • La Habana

Revista "La Jiribilla"

Raro es el cubano que no se sepa de memoria algunos de sus aforismos.

“Instruir puede cualquiera, educar solo quien sea un evangelio vivo”, es quizás el más recordado de todos y que define mejor su vida dedicada al magisterio y a la dirección de aquel famoso colegio llamado San Salvador.

Sin embargo existen otros creados por él, de igual valía y no menos contundentes: “Solo la verdad nos pondrá la toga viril”; “Para todo se necesita ciencia y conciencia”; “Es menester impacientarse y no impacientarse: lo primero para madurar la fruta; lo segundo, porque ha de madurar”; “ Hombre más que instituciones suelen necesitar los pueblos para tener instituciones, y cuando se necesitan los echa al mundo la providencia”; “Antes quisiera ver yo desplomadas, no digo las instituciones de los hombres, sino las estrellas todas del firmamento, que ver caer del pecho humano el sentimiento de la justicia, ese sol del mundo moral”.

Martí lo llamó el “silencioso fundador”. Varona dijo de él que era el “pensador de ideas más profundas y originales conque se honra el nuevo mundo”.

caballeroSe llamó José de la Luz y Caballero y fue considerado maestro por excelencia y “formador de conciencias que engrandeció el sentido de la nacionalidad cubana”.

Nació en casa patricia y clerical, en La Habana, el 11 de julio de 1800. Su madre, doña Manuela Caballero era mujer de recio carácter; su padre Antonio de la Luz, además de Teniente Coronel de las Milicias y Regidor perpetuo del Ayuntamiento de la ciudad, era dueño de un ingenio azucarero con su correspondiente dotación de esclavos.

Debió haber sido muy influyente en su formación un tío presbítero ?nada menos que José Agustín Caballero?, profesor del Seminario de San Carlos y promotor de la renovación de la enseñanza filosófica en Cuba y de la autonomía para la Isla.

A los 12 años, José comenzó estudios de filosofía en el convento de San Francisco. En la universidad terminaría el grado de bachiller en artes, estudios que llevaría de modo paralelo a sus inclinaciones en el sacerdocio pues recibía las órdenes menores que lo llevarían a la carrera clerical. Según algunos biógrafos, por aquellos años se enamoró de la hija de los Condes de Jibacoa; aquellos amores fugaces tuvieron que ver, sin dudas, en el abandono de su vocación eclesiástica.

Entonces era un joven que practicaba ejercicios físicos y se distinguía en la equitación. Había comenzado a traducir textos y se adentraba en temas de la ética y la ideología liberal al uso; sin embargo el 18 de mayo de 1828 partiría hacia un largo viaje ?que duraría tres años?, cuando había sustituido a José Antonio Saco en la cátedra de Filosofía. Pero al decir de Salvador Bueno: una “enfermedad nerviosa, las ansias de conocimientos y quizás la búsqueda de mayor serenidad de espíritu” motivaron aquel viaje insólito con solo 28 años y un prometedor futuro dentro de la intelectualidad cubana. Mas su mala salud le persiguió por el resto de sus días.

Su primera escala sería EE.UU.; de tal periplo tendría, en cambio, la suerte de conocer allí al gran poeta Longefellow; en Escocia, al novelista Walter Scott; en Francia, al gran sabio Couvier.

Compra libros, trabaja y estudia, pero extraña su casa y su gente: “lloro de ternura y gratitud”, escribió a la familia al tener en la mano un recuerdo entrañable.

En Alemania e Italia tiene otra reacción: “estoy en mis glorias”, escribió. En Dresde conoce a Goethe; en Italia al cardenal Mezzofanti, políglota famoso.

De todos esos viajes saca también el provecho de adquirir instrumental de física para el Seminario de San Carlos.

Está de regreso en La Habana en 1831, y comienza la etapa más fecunda de su vida. Recién había aparecido Revista Bimestre Cubana y en ella se encuentran colaboraciones suyas en temas científicos; se incorpora a la Sociedad Patriótica Amigos del País.

“Sin manipular en un laboratorio no se aprende Química. Sin un buen profesor que ilustre las materias, no se aclaran ciertos puntos matemáticos. Sin la viva voz del maestro no se pronuncia bien una lengua extraña”, escribió en su Informe sobre el Instituto Cubano.

Se suceden ediciones de sus textos sobre métodos de lecturas con el método explicativo o el famoso “Elenco de Carraguao”, texto que dedica a la enseñanza, métodos y procedimientos: “Nada robustece tanto el entendimiento como la costumbre de no admitir más que lo demostrado”.

En 1833 se casó con Mariana, hija del célebre científico don Tomás Romay. Mariana era una joven hermosa, pero al decir de algunos, también “orgullosa y arisca”. Diez años después José de la Luz y Caballero vuelve a Europa y desde allí pide a sus amigos que influyan en su esposa para que le escriba.

Profundo pensador y amante de la vida y las cosas de su país, promovió el desarrollo de la nacionalidad, y sin embargo, le fue criticada en vida su visión conservadora sobre la independencia de Cuba. Al general Narciso López le escribiría cuando este andaba en la víspera de alzamiento: “Si usted se lanza recibirá un desengaño. El pueblo lo abandonará. Cuba no está preparada para gozar la independencia: para que lo esté soy yo maestro de escuela”.

También se le señaló que no se declarara enemigo de la esclavitud, influido por la corriente que propugnó el “miedo al negro”, después de la Revolución Haitiana, no se manifestó por la abolición inmediata, pero personalmente no tuvo esclavos, ni se aprovechó de la esclavitud aunque lamentara explícitamente “Cómo contamina la esclavitud a esclavos y a amos” y también que “en la cuestión de los negros lo menos negro es el negro”.

Cuando murió, a las siete de la mañana del 22 de junio de 1862, la noticia conmocionó a la ciudad. Se dice que 500 carruajes y más de seis mil personas acudieron al sepelio y que el mismísimo Capitán General decreta un homenaje póstumo al “destacado director del colegio San Salvador”.

En medio de todo, alguien redactó una pequeña nota dirigida a Manuel Sanguily en la que comentaba que “¡Cuántos pobres negros revolverán mañana sus baúles buscando algunos trapos negros para asistir al entierro de don Pepe!”.

Regresar a Figuras de la historia

Comentarios


Deja un comentario