José Martí Pérez y la preparación de la "guerra necesaria"

Portada José Julián Martí Pérez.

Héroe Nacional de Cuba, fue un hombre de elevados principios, vocación latinoamericana e internacionalista; intachable conducta personal, tanto pública como privada y con cualidades humanas que en ocasiones parecen insuperables. Un cubano de proyección universal que rebasó las fronteras de la época en que vivió para convertirse en el más grande pensador político hispanoamericano del Siglo XIX.
Autor de una obra imprescindible como fuente de conocimientos y de consulta para todas las generaciones de cubanos y el contenido, estilo y belleza singular de los poemas, epistolario, artículos periodísticos, de todos los escritos y discursos que realizó lo sitúan como un intelectual de vasta cultura.
Techo, comprensión, colaboración y abrigo encuentra en la casa de Manuel Mantilla y Carmen Miyares. El hogar de esta familia cubana identificada plenamente con las luchas de nuestra independencia resultará el ambiente propicio para desarrollar en silencio la obra redentora.
Comienza una intensa labor de propaganda y de unidad de las fuerzas revolucionarias en el exterior. El joven Martí es invitado a dirigirles la palabra a sus patriotas emigrados. El 24 de enero de 1880 pronuncia su primer discurso en Steck Hall. Su profunda valoración de lo ocurrido en la pasada contienda y sus emotivas palabras que anuncian una nueva etapa revolucionaria, hacen vibrar el corazón de quienes no han aceptado la paz sin la independencia.
El 26 de marzo de 1880, al partir la expedición del General Calixto García hacia Cuba, asume Martí la alta responsabilidad de conducir en calidad de presidente interino, el Comité Revolucionario Cubano, funciones que realiza hasta el 16 de junio en que asume dicha responsabilidad José Francisco Lamadriz.
Estancia en Venezuela
Se inicia el año 1881 para Martí con la decisión de probar suerte en Venezuela. El 21 de enero ya se encuentra en Caracas, (...) sin sacudirse el polvo del camino, no preguntó dónde se comía ni se dormía, sino cómo se iba adonde estaba la estatua de Bolívar (...)
Regreso a Nueva York
El 10 de agosto de 1881 llega a Nueva York con un objetivo central totalmente definido: organizar la denominada Guerra Necesaria.
Incansable resulta su incesante labor revolucionaria. A mediados de 1882 solicita a los generales Gómez y Maceo sus opiniones acerca del trabajo revolucionario que ha emprendido.
En su carta a Máximo Gómez de fecha 20 de octubre de 1884, luego de una profunda meditación, le comunica su decisión de abandonar esa causa y se pronuncia contra el inicio de una guerra revolucionaria improvisada, sin una adecuada preparación de sus objetivos y una previa y sincera declaración pública de los principios que animan a los servidores heroicos que la convocan. Le argumenta al querido General, las razones y conveniencia de renunciar a este propósito que estaría desde sus inicios condenado al fracaso.
El 8 de abril al producirse las elecciones para integrar la máxima dirección del Partido Revolucionario Cubano, resulta elegido José Martí, Delegado; Benjamín Guerra, Tesorero y designado Gonzalo de Quesada y Aróstegui como Secretario. Dos días después como homenaje al vigésimo tercer aniversario de la Asamblea Constituyente de Guáimaro se proclama ante el mundo esta organización política. Expresan sus bases como objetivo esencial Partido:
• Preparar y ordenar la guerra para la independencia de Cuba
El 10 de abril de 1892 queda proclamada la constitución del Partido Revolucionario Cubano.
El 25 de diciembre de 1894 se han completado los detalles para dar inicio próximamente a la contienda. El conocido hoy, como Plan de Fernandina, había sido cuidadosamente preparado y consistía en llevar a la isla tres expediciones armadas en los vapores Amadís, Lagonda, y Baracoa. Una costosa indiscreción del Coronel López Queralta, traicionando la confianza extrema en él depositada por Martí, abortaba dicho proyecto y ponía en sobre aviso a las autoridades norteamericanas, ocupando las embarcaciones y el armamento adquirido gracias al aporte voluntario de todos los trabajadores y patriotas de la emigración. Estas acciones de los Estados Unidos, formaban parte de su estrategia política de entorpecer todas las expediciones de apoyo a las fuerzas patrióticas en la Isla y en apoyo a España.
Se había infringido un golpe demoledor al proyecto martiano. El Apóstol no se desalienta de tan infame revés de la Revolución que pujaba por nacer, no permite que se apodere el derrotismo de los patriotas de Cuba y del exilio. Había que evitar a toda costa que se pudieran sentir defraudados de los máximos organizadores de la contienda que se avecinaba y se lesionara el espíritu revolucionario y la unidad lograda.
El 29 de enero de 1895, junto con Mayía y Collazo, firmó la orden de alzamiento y la envió a Juan Gualberto Gómez para su ejecución.
Partió de inmediato de Nueva York a Montecristi, en República Dominicana, donde lo esperaba Máximo Gómez, con quien firmó el 25 de marzo de 1895 un documento conocido como Manifiesto de Montecristi, programa de la nueva guerra.
Ambos líderes llegan a Cuba el 11 de abril de 1895, por Playitas de Cajobabo, Baracoa, al noroeste de la antigua provincia de Oriente.
Tres días después del desembarco, hicieron contacto con las fuerzas del Comandante Félix Ruenes.
El 15 de abril de 1895 los jefes allí reunidos bajo la dirección de Gómez, acordaron conferir a Martí el grado de Mayor General por sus méritos y servicios prestados.
El 28 de abril de 1895, en el campamento de Vuelta Corta, en Guantánamo (extremo este de la provincia de Oriente), junto con Gómez firmó la circular
«Política de guerra».
Envió mensajes a los jefes indicándoles que debían enviar un representante a una asamblea de delegados para elegir un gobierno en breve tiempo.
El 5 de mayo de 1895 tuvo lugar la reunión de La Mejorana con Gómez y Maceo, donde se discutió la estrategia a seguir.
El 14 de mayo de 1895 firmó la «Circular a los jefes y oficiales del Ejército Libertador», último de los documentos organizativos de la guerra, la que elaboró también con Máximo Gómez.
El 18 de abril, en el Campamento de Dos Rios, Martí escribe su última carta a su amigo Manuel Mercado, ese documento se le conoce como su testamento político, en un fragmento de la carta Martí expresa:
"...ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país, y por mi deber —puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo— de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso. En silencio ha tenido que ser, y como indirectamente, porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas..."
El 19 de mayo de 1895 una columna española se desplegó en la zona de Dos Ríos, cerca de Palma Soriano, donde acampaban los cubanos. Martí marchaba entre Gómez y el Mayor General Bartolomé Masó.
Al llegar al lugar de la acción, Gómez le indicó detenerse y permanecer en el lugar acordado. No obstante, en el transcurso del combate, se separó del grueso de las fuerzas cubanas, acompañado solamente por su ayudante Ángel de la Guardia.
Martí cabalgó, sin saberlo, hacia un grupo de españoles ocultos en la maleza y fue alcanzado por tres disparos que le provocaron heridas mortales.Caída en combate Su cadáver no pudo ser rescatado por los mambises.
El 27 de mayo de 1895, en el nicho número 134 de la galería sur del Cementerio de Santa Ifigenia, en Santiago de Cuba fue realizado su sepelio.
atras

osé Martí Pérez y la preparación de la “guerra necesaria”

José Julián Martí Pérez.

Héroe Nacional de Cuba, fue un hombre de elevados principios, vocación latinoamericana e internacionalista; intachable conducta personal, tanto pública como privada y con cualidades humanas que en ocasiones parecen insuperables. Un cubano de proyección universal que rebasó las fronteras de la época en que vivió para convertirse en el más grande pensador político hispanoamericano del Siglo XIX.

Autor de una obra imprescindible como fuente de conocimientos y de consulta para todas las generaciones de cubanos y el contenido, estilo y belleza singular de los poemas, epistolario, artículos periodísticos, de todos los escritos y discursos que realizó lo sitúan como un intelectual de vasta cultura.

Techo, comprensión, colaboración y abrigo encuentra en la casa de Manuel Mantilla y Carmen Miyares. El hogar de esta familia cubana identificada plenamente con las luchas de nuestra independencia resultará el ambiente propicio para desarrollar en silencio la obra redentora.

Comienza una intensa labor de propaganda y de unidad de las fuerzas revolucionarias en el exterior. El joven Martí es invitado a dirigirles la palabra a sus patriotas emigrados. El 24 de enero de 1880 pronuncia su primer discurso en Steck Hall. Su profunda valoración de lo ocurrido en la pasada contienda y sus emotivas palabras que anuncian una nueva etapa revolucionaria, hacen vibrar el corazón de quienes no han aceptado la paz sin la independencia.

El 26 de marzo de 1880, al partir la expedición del General Calixto García hacia Cuba, asume Martí la alta responsabilidad de conducir en calidad de presidente interino, el Comité Revolucionario Cubano, funciones que realiza hasta el 16 de junio en que asume dicha responsabilidad José Francisco Lamadriz.

Estancia en Venezuela

Se inicia el año 1881 para Martí con la decisión de probar suerte en Venezuela. El 21 de enero ya se encuentra en Caracas, (...) sin sacudirse el polvo del camino, no preguntó dónde se comía ni se dormía, sino cómo se iba adonde estaba la estatua de Bolívar (...)

Regreso a Nueva York

El 10 de agosto de 1881 llega a Nueva York con un objetivo central totalmente definido: organizar la denominada Guerra Necesaria.

Incansable resulta su incesante labor revolucionaria. A mediados de 1882 solicita a los generales Gómez y Maceo sus opiniones acerca del trabajo revolucionario que ha emprendido.

En su carta a Máximo Gómez de fecha 20 de octubre de 1884, luego de una profunda meditación, le comunica su decisión de abandonar esa causa y se pronuncia contra el inicio de una guerra revolucionaria improvisada, sin una adecuada preparación de sus objetivos y una previa y sincera declaración pública de los principios que animan a los servidores heroicos que la convocan. Le argumenta al querido General, las razones y conveniencia de renunciar a este propósito que estaría desde sus inicios condenado al fracaso.

El 8 de abril al producirse las elecciones para integrar la máxima dirección del Partido Revolucionario Cubano, resulta elegido José Martí, Delegado; Benjamín Guerra, Tesorero y designado Gonzalo de Quesada y Aróstegui como Secretario. Dos días después como homenaje al vigésimo tercer aniversario de la Asamblea Constituyente de Guáimaro se proclama ante el mundo esta organización política. Expresan sus bases como objetivo esencial Partido:

· Preparar y ordenar la guerra para la independencia de Cuba

El 10 de abril de 1892 queda proclamada la constitución del Partido Revolucionario Cubano.

El 25 de diciembre de 1894 se han completado los detalles para dar inicio próximamente a la contienda. El conocido hoy, como Plan de Fernandina, había sido cuidadosamente preparado y consistía en llevar a la isla tres expediciones armadas en los vapores Amadís, Lagonda, y Baracoa. Una costosa indiscreción del Coronel López Queralta, traicionando la confianza extrema en él depositada por Martí, abortaba dicho proyecto y ponía en sobre aviso a las autoridades norteamericanas, ocupando las embarcaciones y el armamento adquirido gracias al aporte voluntario de todos los trabajadores y patriotas de la emigración. Estas acciones de los Estados Unidos, formaban parte de su estrategia política de entorpecer todas las expediciones de apoyo a las fuerzas patrióticas en la Isla y en apoyo a España.

Se había infringido un golpe demoledor al proyecto martiano. El Apóstol no se desalienta de tan infame revés de la Revolución que pujaba por nacer, no permite que se apodere el derrotismo de los patriotas de Cuba y del exilio. Había que evitar a toda costa que se pudieran sentir defraudados de los máximos organizadores de la contienda que se avecinaba y se lesionara el espíritu revolucionario y la unidad lograda.

El 29 de enero de 1895, junto con Mayía y Collazo, firmó la orden de alzamiento y la envió a Juan Gualberto Gómez para su ejecución.

Partió de inmediato de Nueva York a Montecristi, en República Dominicana, donde lo esperaba Máximo Gómez, con quien firmó el 25 de marzo de 1895 un documento conocido como Manifiesto de Montecristi, programa de la nueva guerra.

Ambos líderes llegan a Cuba el 11 de abril de 1895, por Playitas de Cajobabo, Baracoa, al noroeste de la antigua provincia de Oriente.

Tres días después del desembarco, hicieron contacto con las fuerzas del Comandante Félix Ruenes.

El 15 de abril de 1895 los jefes allí reunidos bajo la dirección de Gómez, acordaron conferir a Martí el grado de Mayor General por sus méritos y servicios prestados.

El 28 de abril de 1895, en el campamento de Vuelta Corta, en Guantánamo (extremo este de la provincia de Oriente), junto con Gómez firmó la circular

«Política de guerra».

Envió mensajes a los jefes indicándoles que debían enviar un representante a una asamblea de delegados para elegir un gobierno en breve tiempo.

El 5 de mayo de 1895 tuvo lugar la reunión de La Mejorana con Gómez y Maceo, donde se discutió la estrategia a seguir.

El 14 de mayo de 1895 firmó la «Circular a los jefes y oficiales del Ejército Libertador», último de los documentos organizativos de la guerra, la que elaboró también con Máximo Gómez.

El 18 de abril, en el Campamento de Dos Rios, Martí escribe su última carta a su amigo Manuel Mercado, ese documento se le conoce como su testamento político, en un fragmento de la carta Martí expresa:

"...ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país, y por mi deber —puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo— de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso. En silencio ha tenido que ser, y como indirectamente, porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas..."

El 19 de mayo de 1895 una columna española se desplegó en la zona de Dos Ríos, cerca de Palma Soriano, donde acampaban los cubanos. Martí marchaba entre Gómez y el Mayor General Bartolomé Masó.

Al llegar al lugar de la acción, Gómez le indicó detenerse y permanecer en el lugar acordado. No obstante, en el transcurso del combate, se separó del grueso de las fuerzas cubanas, acompañado solamente por su ayudante Ángel de la Guardia.

Martí cabalgó, sin saberlo, hacia un grupo de españoles ocultos en la maleza y fue alcanzado por tres disparos que le provocaron heridas mortales. Su cadáver no pudo ser rescatado por los mambises.

El 27 de mayo de 1895, en el nicho número 134 de la galería sur del Cementerio de Santa Ifigenia, en Santiago de Cuba fue realizado su sepelio.

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