La intervención norteamericana en la guerra entre cubanos y españoles devino en ocupación de la Isla por sus tropas y posibilitó la imposición de un mecanismo de dominación imperialista: la Enmienda Platt. Muchos historiadores e investigadores se han acercado a este proceso que violentó el curso de nuestro desarrollo histórico al imponer un tutelaje que limitaba la independencia nacional de la republica surgida el 20 de mayo de 1902.
En esta oportunidad sometemos a su consideración el artículo del historiador Raúl Rodríguez La O como lectura adicional al tema estudiado en la clase de historia.

• ¿Era la Enmienda la primera manifestación de las ambiciones norteamericanas hacia Cuba?

¿Cuál fue la actitud de los círculos de poder norteamericanos ante las luchas independentistas de los cubanos?

¿Qué ocurrió en 1898 cuando estaba a punto de terminar la guerra organizada por José Martí?

Estas preguntas que puedes haberte hecho antes de estudiar este tema en la clase de historia pueden encontrar elementos adicionales de respuesta en el trabajo del manzanillero Rodríguez La O.


La cañona de la Enmienda
Por Raúl Rodríguez La O
(Tomado de Granma)
Cuba no debe su independencia a los Estados Unidos, sino todo lo contrario. La frustración de esta, luego de tres guerras y 30 años ininterrumpidos de lucha heroica del pueblo cubano, obedeció a la intervención norteamericana en 1898.
Siempre los principales políticos y gobernantes norteamericanos desearon poseer la isla de Cuba por su posición geográfica y estratégica, así como por sus productos y recursos naturales.

jeffersonPor estas razones, en 1805 el presidente norteamericano Thomas Jefferson comunicó al gobierno de Inglaterra que si su país entraba en guerra con España por la península de la Florida, tomaría a Cuba porque la consideraba imprescindible para su defensa militar. En junio de 1823, el propio Jefferson escribió a James Monroe lo siguiente: "Debemos estar dispuestos a recibir a Cuba cuando ella misma lo solicite, porque su adición a nuestra República es precisamente lo que nos hace falta para redondear nuestro poder".
El 24 de octubre del propio año, Jefferson dijo: "Confieso cándidamente que siempre he mirado a Cuba como la adición más interesante que podríamos hacer en nuestro sistema de Estado. La supremacía que esa Isla y la Florida nos daría sobre el Golfo de México y para los países colindantes, sería suficiente para colmar la medida de nuestro bienestar político".
Más tarde, John Quincy Adams —sexto presidente de USA—, señaló refiriéndose a Cuba: "Su posición dominante tanto en el Golfo de México como en el mar Caribe, el carácter de su población, su situación intermediaria entre nuestras costas meridionales y la isla de Santo Domingo; su espacioso y seguro puerto de La Habana, la naturaleza de su producción y de consumo, la revisten de tal importancia; son ciertamente de tal importancia los intereses que unen a esta Isla con nuestro país y las relaciones geográficas, comerciales, morales y políticas que la naturaleza ha acumulado con el proceso del tiempo y que parecen aproximarse a su madurez que penetrando en el porvenir y adelantando los acontecimientos, que deben suceder dentro de la próxima centuria, es difícil resistir a la convicción de que la anexión de Cuba a nuestra República no llegue a ser una necesidad indispensable para la continuación e integridad de nuestra Unión".
Desde hace más de 200 años los gobernantes norteamericanos fueron preparando el camino con el objetivo de apoderarse de Cuba. De acuerdo con su estrategia política intentaron comprar la Isla a España, como si se tratara de una vulgar mercancía. Esa era la expresión de su "respeto" y "sentimientos" hacia los derechos humanos de los cubanos. Advirtieron a Simón Bolívar y a otros líderes independentistas deseosos de liberar a Cuba y enviar expediciones armadas a ella, que se abstuvieran de hacerlo, pues no se lo permitirían. Y así sucedió. Promovieron, a partir de sus conveniencias imperiales, las corrientes anexionistas en Cuba, e incluso llegaron a financiar varios proyectos, entre ellos las expediciones de Narciso López durante la presidencia de Millard Filmore.
Tales fueron los hechos. Por eso, en consecuencia con tal política, durante las tres guerras independentistas de Cuba en el siglo XIX, los gobernantes norteamericanos nunca reconocieron a los gobiernos de la República en Armas. La razón es bien simple: no estaban interesados en que los cubanos alcanzaran su independencia porque, como hemos señalado, anhelaban la Isla para sí.
Por eso el Padre de la Patria, Carlos Manuel de Céspedes, quien desde el inicio de la guerra de 1868 estuvo observando cuidadosamente la postura oportunista de los gobernantes norteamericanos con respecto a nuestra independencia, llegó a la siguiente conclusión:
"Por lo que respecta a los Estados Unidos tal vez esté equivocado, pero en mi concepto su gobierno a lo que aspira es a apoderarse de Cuba sin complicaciones peligrosas para su nación y entretanto que no salga del dominio de España siquiera sea para constituirse en poder independiente; este es el secreto de su política y mucho me temo que cuanto haga o proponga, sea para entretenernos y que no acudamos en busca de otros amigos más eficaces o desinteresados (...)"
Igualmente José Martí con su gran visión política pudo darse cuenta, como Carlos Manuel de Céspedes, y aún con mayor profundidad que este por los años que vivió y lo que le correspondió ver en ese propio país del Norte, de los verdaderos intereses hegemonistas e imperialistas de sus gobernantes con respecto a Cuba tal y como se desprende de una carta que con fecha del 29 de octubre de 1889, le escribió desde Nueva York a Gonzalo de Quesada, a propósito de la celebración de la Conferencia Internacional de Washington y los peligros que veía para Cuba por parte de los yankis:
"De los pueblos de Hispano América, ya lo sabemos todo: allí están nuestras cajas y nuestra libertad. De quien necesitamos saber es de los Estados Unidos; que está a nuestra puerta como un enigma, por lo menos. Y un pueblo en la angustia del nuestro necesita despejar el enigma; —saber cuál es la posición de este vecino codicioso, que confesamente nos desea, antes de lanzarnos a una guerra que parece inevitable, y pudiera ser inútil, por la determinación callada del vecino de oponerse a ella otra vez, como medio de dejar la Isla en estado de traerla más tarde a sus manos, ya que sin crimen político, a que sólo con la intriga se atrevería, no podría echarse sobre ella cuando viviera ya ordenada y libre"
Lamentablemente el tigre en acecho como lo llamara el Apóstol esperó pacientemente, y cuando se percató de que los cubanos estaban ganando la última guerra por la independencia y de que el triunfo era inminente, decidieron dar el golpe traicionero. No habían ayudado ni reconocido a los beligerantes cubanos, por el contrario, dejaron que nos desangráramos solos. De esta manera y cobardemente, inventaron los pretextos necesarios para realizar la intervención en el conflicto que hasta ese momento era exclusivamente hispano-cubano. Así declararon la guerra a España mediante la Resolución Conjunta del 20 de abril de 1898, aprobada por el presidente MacKinley. Pero uno de los puntos de dicha resolución se convirtió, sin que pudieran evitarlo, en un arma de doble filo y argumento para la lucha de los independentistas cubanos ya que en él se establecía "Que el pueblo de la Isla de Cuba es, y de derecho debe ser, libre e independiente".
Con la decisiva ayuda del Ejército Libertador y las tropas de los Estados Unidos se venció definitivamente a España. El 10 de diciembre de 1898 se firmó la paz entre el gobierno español y los Estados Unidos mediante el Tratado de París, sin que allí estuviese un representante del pueblo cubano que había luchado durante 30 años. Ocuparon el país totalmente y licenciaron al Ejército Libertador con el objetivo de lograr más fácilmente sus objetivos imperiales. Luego convocaron a una Convención Constituyente en cuya apertura de la sesión inaugural, el 5 de noviembre de 1900, el gobernador militar de Cuba, Leonardo Wood, señaló en una de sus partes:
"Será vuestro deber, en primer término, redactar y adoptar una Constitución para Cuba y, una vez terminada esta, formular cuáles deben ser a vuestro juicio, las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos.
"Esa Constitución debe ser capaz de asegurar un gobierno estable, ordenado y libre.
"Cuando hayáis formulado las relaciones que, a vuestro juicio, deben existir entre Cuba y los Estados Unidos, el Gobierno de los Estados Unidos adoptará sin duda alguna las medidas que conduzcan por su parte a un acuerdo final y autorizado entre los pueblos de ambos países, a fin de promover el fomento de sus intereses comunes."
El patriota Juan Gualberto Gómez, quien era uno de los constituyentes, elaboró y presentó un proyecto de respuesta a la humillante declaración del interventor yanki, pero no fue aprobado para evitar más complicaciones y tensiones con los nuevos ocupantes del país.
Los cubanos tenían gran experiencia en la elaboración de Constituciones al servicio de Cuba independiente desde que hicieron y aprobaron la primera en la Constituyente del poblado de Guáimaro, el 10 de abril de 1869, y las sucesivas de Jimaguayú, La Yaya, etc. Por eso y en medio de tan difícil coyuntura histórica, el 21 de febrero de 1901, ya estaba redactado el texto definitivo de la Carta Magna y el 26 de ese mismo mes una comisión integrada por varios miembros de la Constituyente, entre los cuales se encontraba Juan Gualberto Gómez, presentó el proyecto sobre las relaciones que debían existir entre los Estados Unidos y Cuba.

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Pero como los gobernantes e interventores norteamericanos pudieron comprobar que en ambos casos los cubanos en su mayoría defendían la independencia absoluta, velaban por los intereses del país y deseaban y exigían la retirada de las tropas norteamericanas del territorio nacional, decidieron adelantarse e imponer por la fuerza la Enmienda Platt como apéndice de la nueva Constitución, donde quedaría plenamente condicionada la soberanía cubana. La anexión no podían lograrla, como se deduce por una nota que el senador Orville H. Platt envió a Mr. Atkins, quien era un negociante yanki anexionista con propiedades en Cuba, amigo y confidente del presidente McKinley y en donde le dice que la referida "enmienda" "es un sustitutivo" porque había una foolish Joint Resolution (una necia Resolución Conjunta) que impedía a los Estados Unidos hacer la anexión".

Finalmente la fuerza se impuso, pues los yankis dijeron que no abandonarían el país si no se aprobaba la Enmienda Platt como apéndice de la Constitución. De esa manera, se llevó a votación y con un voto de diferencia se aprobó definitivamente el 12 de junio de 1901.
Entre los constituyentes que más se opusieron se destacaron Salvador Cisneros Betancourt (Marqués de Santa Lucía) y Juan Gualberto Gómez, quien escribió la ponencia más importante contra la Enmienda Platt y en defensa de Cuba independiente y soberana. En una de sus partes dicho patriota señala con gran valentía y dando prueba de su capacidad y talento político, lo siguiente:
"Hoy parece Cuba un país vencido, al que el vencedor, para evacuarlo impone condiciones, que tiene que cumplir precisamente, pues de lo contrario seguirá sometida a la ley del vencedor. Y esas condiciones en el caso presente son duras, onerosas, humillantes: limitación de la independencia y soberanía, poder de intervención y cesiones territoriales: de todo eso hay en el acuerdo del Congreso de los Estados Unidos que se nos comunica. Si en vez de hacer la guerra a España para asegurar la independencia de Cuba, los Estados Unidos se la hubiesen declarado a Cuba misma por cualquier motivo o cualquier propósito, ¿qué otras condiciones, a no ser la franca incorporación, podrían imponer a los cubanos?"
Con esa misma perfidia se comporta la política norteamericana hoy, contenida en la Ley Helms-Burton y en el Plan Bush.

Fundamental

La lectura del artículo permite comprender que:
• Cuba no debe su independencia a los Estados Unidos
• Por mucho tiempo los gobiernos norteamericanos han ambicionado apoderarse de Cuba
• Su intervención interesada en la Guera del 95 les allanó el camino para imponer la Enmienda Platt
• El pueblo cubano y sus figuras representativas se opusieron radicalmente a la Enmienda desde un principio

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