La república neocolonial hasta 1925

Por Roberto Gómez

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Las dos primeras décadas de la república surgida el 20 de mayo de 1902 en Cuba fueron el escenario para la implementación del modelo neocolonial de dominación imperialista que solio tendría fin con el triunfo revolucionario del 1 de enero de 1959.
El estudio de los primeros años de esta república posibilita una caracterización de los gobiernos que en ella transcurren desde la llegada al poder de Tomás Estrada Palma hasta Alfredo Zayas. Estos años (1902-1925) evidenciaron la acumulación de contradicciones que más adelante estallarían en el movimiento revolucionario conocido como la Revolución del 30.
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La República había surgido el 20 de mayo de 1902 atada al imperialismo por mecanismos políticos, económicos y diplomáticos que habían comenzado a gestarse desde la ocupación y continuarían fortaleciéndose en las próximas décadas. A la Enmienda Platt, impuesta como condición para la retirada de las tropas y el surgimiento de la república, le siguieron el Tratado de Reciprocidad Comercial, el de Arrendamiento de territorio para una Estación Naval y el Tratado Permanente de Relaciones, todos firmados por el Gobierno de Tomás Estrada Palma, los que fortalecerían el carácter de neocolonia que tendría Cuba por los próximos 56 años.

Los tratados firmados por los E.U.A. con el gobierno de Estrada Palma sirvieron al imperialismo norteamericano para asegurar el control del comercio cubano, y por ende de las riquezas fundamentales del país; perpetuar las condiciones de sometimiento implantadas por la Enmienda Platt y apropiarse de parte del territorio nacional, en resumen: consolidar el dominio económico y político sobre Cuba.

El pueblo y sus figuras representativas desde un inicio enfrentarían los males que aquejaron a la República desde el 20 de mayo de 1902. Ya fuesen voces provenientes del campo libertador como Manuel Sanguily, quien se opuso al Tratado de Reciprocidad Comercial y a la venta de tierras a los extranjeros, o aquellos que enfrentaron la discriminación racial en la naciente república desde el Movimiento de los Independientes de Color, todos, demostraron el descontento y la oposición a la situación imperante.

El proletariado cubano pronto daría muestras de su inconformidad frente a la explotación y discriminación que padecía. Los movimientos reivindicativos inicialmente encaminados a mejorar las condiciones de vida y trabajo y obtener beneficios económicos, como la Huelga de los Aprendices pronto ganarían fuerza beneficiados por la extensión de las ideas socialistas y la labor de figuras como Carlos Baliño y Agustín Martín Veloz.

Como consecuencia directa del fallido intento reeleccionista de Tomás Estrada Palma se produce la segunda intervención norteamericana, que dio paso a un nuevo período de ocupación de la Isla.

A las 12 de mediodía del 29 de septiembre de 1906, William H. Taft, el Secretario de Guerra de los EUA, asumía las funciones de gobernador de Cuba.

La importancia concedida por el imperialismo a Cuba puede ser evaluada también en el rango de los funcionarios que enviaba en sus “misiones diplomáticas”, léase injerencia en los asuntos cubanos, este gobernador llegaría a presidente de los EUA de la misma manera que lo fue Teodoro Roosevelt el de los jinetes rudos que desembarcó por las cercanías de Santiago durante la Guerra Hispano-Norteamericana.

Tafft fue relevado por Charles Magoon quien encabezó un gobierno caracterizado por la corrupción administrativa y la continuidad de los esfuerzos yanquis para fortalecer su dominio político económico sobre Cuba. Ejemplo del oportunismo yanqui fue el favorecer el éxito de la Huelga de la Moneda ya que convenía a sus intereses de dominación.
Hasta 1925 transcurren sucesivamente los gobiernos de José Miguel Gómez, Mario García Menocal (que logro la reelección) y Alfredo Zayas. Todas estas administraciones se caracterizaron por una profunda corrupción política, evidenciada en las contiendas electorales donde el fraude, la compra de votos y los escándalos eran el comentario de la población que los repudiaba.

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En otro sentido, la corrupción administrativa se reflejaba en los negocios sucios que enriquecían a los políticos, desfalcaban el tesoro de la Nación y hacían más difícil la vida de las masas del pueblo.

La compra del Convento de Santa Clara, el negocio del Dragado de los Puertos y el Canje de los Terrenos de Villanueva, fueron ejemplos de una interminable lista de irregularidades.

En 1917 ante la desvergonzada actuación de Menocal en las elecciones y luego de violentas discusiones públicas recogidas por los periódicos de aquel año, José Miguel Gómez con el apoyo de numerosos jefes del ejército nacional, se lanzó a una insurrección armada. El alzamiento de La Chambelona en 1917 la lucha por el poder entre los partidos dominantes, en la que nada tenían que ver los intereses del pueblo trabajador.

Los yanquis haciendo uso del derecho a la intervención otorgado por la Enmienda Platt, bloquearon con sus buques de guerra varios puertos de Cuba y desembarcaron unos 2600 marines en las provincias de Camaguey y Oriente, tropas que permanecieron en el país al rededor de cinco años durante los cuales la población indefensa fue victima de sus frecuentes inmoralidades, justificando la permanencia en Cuba, bajo el pretexto de realizar un entrenamiento militar.

Durante el gobierno de Alfredo Zayas la corrupción fue tan escandalosa que el imperialismo, preocupado por no poder cobrar los préstamos otorgados por sus bancos decidió el envío de un representante personal del presidente, quien supuestamente debía contribuir a sanear la administración de Zayas.

La labor del diplomático norteamericano Enoch H. Crowder al intervenir prácticamente en todos los asuntos de la administración cubana evidenció de manera descarnada la injerencia de los Estados Unidos en la política cubana y reflejó el grado de sometimiento al que habían llegado los gobiernos republicanos.

La crisis económica de 1920-1921, golpeó duramente a la economía cubana agravando la miseria de las masas y reforzando las relaciones de dependencia al vecino imperialista.
En estas condiciones el movimiento obrero fortaleció su lucha por reivindicaciones económicas y sociales, las huelgas se convirtieron en una eficaz arma del proletariado, que comenzó a dar muestra de madures al buscar la unidad entre sus filas. Un ejemplo de ello fue el Congreso Obrero de 1920 organizado por el empuje proletario de Alfredo López y sus compañeros.

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Una de las posibilidades que ofrece el análisis de datos económicos en los estudios de historia es facilitar la comprensión de procesos a partir de establecer las relaciones causa – efecto, además de constituir elementos probatorios del conocimiento por ejemplo con relación a la crisis de 1920-21 puede ser apreciada:

• La relación existente entre las afectaciones provocadas por la guerra y el alza del precio del azúcar

• El incremento de las inversiones de capital norteamericano en la industria azucarera

• La caída del precio del azúcar con los desastrosos efectos que tuvo en la economía cubana.

Ejemplo del enfrentamiento a los males de la República Neocolonial y de la lucha por transformar sus instituciones lo constituye la Protesta de los Trece, protagonizada por Rubén Martínez Villena y una vanguardia de jóvenes intelectuales que puso de manifiesto la llegada a la vida política republicana de una generación nueva, sin compromiso con la politiquería tradicional, que ya se había acercado a la lectura de Martí y que pronto demostraría que estaba dispuesta a combatir la situación de corrupción imperante.

Acontecimientos como La Protesta de los Trece demuestran el nivel de conciencia patriótica que tomaba una buena parte de los intelectuales jóvenes que a partir de entonces asumirían la actitud combativa que les correspondía y pondrían su cultura y capacidad a disposición del pueblo mediante la denuncia de los graves males que padecía el país, entre ellos, muy especialmente, la dominación imperialista, y la organización de los cubanos para la lucha por su liberación.

La agitación revolucionaria en la Universidad de La Habana a finales de 1922 se encausaría en el desarrollo de un intento de reforma de esta institución que pondría de manifiesto la toma de conciencia patriótica y de la necesidad de transformarla en beneficio del país.

El 10 de enero de 1923 la FEU había divulgado un manifiesto que se reconoce como un documento programa de la Reforma Universitaria en Cuba y que esencialmente planteaba la reorganización material, docente y moral de la universidad lo cual significó el surgimiento de la FEU a la vida pública nacional.

En su condición de secretario de la FEU Mella se dirigió a la Asamblea Universitaria el día 12 de enero de 1923 y sus palabras resonaron en el Aula Magna exhortando no solo a transformar a este centro, sino a todo el país.

La Reforma Universitaria constituyó una muestra de la batalla emprendida por el sector más consciente de la juventud cubana para transformar las instituciones caducas de la república, las que reflejaban los males que afectaban a la Nación en general.

Al frente de este intento de transformar la Universidad y adaptarla a las necesidades de la Patria estuvo Julio Antonio Mella, quien rápidamente traspasaría los muros del recinto estudiantil hasta convertirse en un líder del proletariado a escala Nacional y fundar el primer partido Comunista en Cuba.

Destacado luchador revolucionario de la década del 20 en Cuba, Julio Antonio Mella constituye una de las figuras más descollante de la generación de jóvenes cubanos que; sin compromisos con la politiquería tradicional y con profundo patriotismo y antimperialismo de raíz martiana, comenzó a enfrentar la dominación neocolonial y pretendió transformar las instituciones corruptas de la República. Su labor dentro del estudiantado universitario se extendió al proletariado en la medida que maduraba como revolucionario hasta el punto en que llegado el año 1925 funda el primer partido comunista de Cuba.

Agosto de 1925 marca un hito en el desarrollo de la lucha revolucionaria del proletariado cubano por ser el momento en que surgen como reflejo de su madurez ideológica y comprensión de la necesidad de la unidad de las fuerzas que enfrentaban la dominación neocolonial, dos importantes organizaciones: la Confederación Nacional Obrera de Cuba (CNOC) y el primer Partido Comunista.

Vinculados a la creación y trabajo de estas dos organizaciones se hallan respectivamente Alfredo López, líder proletario impulsor del Congreso Obrero de 1920 y fundador de la Federación Obrera de La Habana y Julio Antonio Mella dirigente estudiantil protagonista de la Reforma Universitaria.

La CNOC, organización obrera a escala nacional y el Partido Comunista como vanguardia ideológica, dieron al proletariado la posibilidad de enfrentar con mayor éxito la explotación de la oligarquía nacional y proimperialista.

Ante el auge de la lucha revolucionaria del pueblo cubano, que enfrentaba los males de la neocolonia causados por la dominación imperialista, la oligarquía y el gobierno de los Estados Unidos emplearían el recurso de la violencia extrema con la llegada al poder de Gerardo Machado en 1925.

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