Las tradiciones patrias y su papel en la educación

(Tomado de Cuba Socialista)

Dr. Eugenio Suárez Pérez

Lo pasado es la raíz de lo presente.
Ha de saberse lo que fue,
porque lo que fue está en lo que es.

José Martí[1]

La historia, más que realidad vivida, es fuerza inspiradora de la sociedad. Los pueblos tienen la facultad de conservar las acciones de las generaciones pasadas en su memoria histórica, evocarlas y proyectarlas al presente convertidas en emblemas, en símbolos, en pujanza. El amor a la patria, la dignidad nacional, el internacionalismo y los sentimientos de solidaridad son algunas de las mejores tradiciones revolucionarias contenidas en la memoria histórica del pueblo cubano.

Los pueblos necesitan poseer su memoria histórica, que lo ayude a conocer su pasado para enfrentar los problemas del presente y del futuro. No en vano, existe el criterio de que “quien controla la memoria controla la sociedad”. José María Pedreiro, presidente del Foro por la Memoria en España escribió:

El pueblo que no conoce su historia no comprende su presente y, por lo tanto, no lo domina, por lo que son otros los que lo hacen por él. Ese dominio se manifiesta en lo ideológico-cultural, en lo económico y en lo político. El desconocimiento provoca falta de comprensión sobre los procesos históricos que han dado como resultado nuestro presente (...) Vivimos en una democracia de bajo nivel y una de las causas es que está sentada sobre el olvido. Estamos construyendo nuestra historia como pueblo no con nuestro guión, sino con el de los que promovieron (y promueven) el olvido. No somos realmente, dueños de nuestro presente, porque solo conocemos nuestro pasado vagamente.[2]

En Cuba, una parte importantísima de nuestra historia está conservada en documentos, fotos, mapas y textos que guardan testimonios y resultados de investigaciones históricas; en la urbanística, la arquitectura, la literatura y otras artes; así como en la prensa escrita, documentales y filmes; sin embargo, falta mucho por hurgar en la búsqueda de lo acontecido para hallar la riqueza que llene aún más nuestro espíritu de valores.

No se trata de almacenar conocimientos y de mantener o conservar la memoria de lo sucedido en libros y museos. Si el recuerdo no incluye una reflexión sobre las circunstancias que causaron o motivaron los hechos o acontecimientos del pasado ni a descubrir los patrones de conducta, los paradigmas, las normas morales, las experiencias y los ideales que fueron acumulándose, repitiéndose, multiplicándose de generación en generación, conformando nuestras tradiciones patrias, esa memoria puede resultar un simple anecdotario que no ejerce influencia alguna ni contribuye, y mucho menos a convocar a las actuales generaciones a emular o a pedir prestadas a las generaciones pasadas sus consignas, sus valores, sus lecciones y ejemplos.

 

marx5LAS TRADICIONES PATRIAS

Pero, ¿qué son las tradiciones?

Antes de brindar una definición preguntemos a Carlos Marx, a Vladimir Ilich Lenin, a José Martí y a Fidel Castro Ruz sus valoraciones sobre las tradiciones.

En la obra El 18 Brumario de Luis Bonaparte, Carlos Marx, escribió:

Los hombres hacen su propia historia pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino que existen y les han sido legadas por el pasado. Las tradiciones de todas las generaciones muertas oprimen como una pesadilla el cerebro de los vivos y cuando aparentan dedicarse precisamente a transformarse y a transformar las cosas, a crear algo nunca visto, en estas épocas de crisis revolucionarias es precisamente cuando conjuran temerosos en su auxilio los espíritus del pasado, toman prestados sus nombres, sus consignas de guerra, su ropaje, para con ese disfraz de vejez venerable y este lenguaje, representar la nueva escena de la historia universal[3].

Lenin vio en las tradiciones una fuerza reguladora de las relaciones entre las personas, y precisó que cuando no existía el Estado:

Las relaciones sociales, la sociedad misma, la disciplina y la organización del trabajo se mantenían por la fuerza de la costumbre y la tradición. [4]

Por su parte, Martí nos legó sabias palabras que coinciden en mucho con las de Marx.:

El espíritu de los muertos pasa a alentar el alma de los vivos.[5] De amar las glorias pasadas se sacan fuerzas para adquirir las glorias nuevas.[6]

Y Fidel, refiriéndose a la batalla de Guisa, de finales de 1958, dijo:

¿Por qué aquellos reclutas se comportaban tan bien? Porque existía ya una tradición. Esa tradición de lucha contra el armamento moderno, los tanques, la aviación fue creada por el primer núcleo (...) fueron los combatientes de las primeras columnas los que crearon esa tradición y después los nuevos combatientes, los que fueron a la Escuela de Minas del Frío, los que ingresaban en el Ejército Rebelde, eran fieles a la tradición (...) Es la importancia que tiene el estudio de la historia, de las experiencias; la importancia que tienen las tradiciones combativas, porque ya se crea un espíritu, se crea una moral, se crea una convicción. Los reclutas no tendrían la misma experiencia que los veteranos, pero si el mismo valor.[7]

De esas reflexiones se infiere que las tradiciones no son sólo recuerdos del pasado heroico, sino una gran riqueza espiritual y una fuerza inspiradora, que puede transformarse en voluntad, en heroísmo, en fuerza material, y que rigen las relaciones sociales y políticas en la sociedad. Muchas veces, el compañero Fidel ha explicado que los acontecimientos del 26 de julio de 1953 no son un mérito particular de los hombres que elaboraron la estrategia revolucionario y asaltaron los cuarteles, pues ellos recibieron las experiencias de nuestras luchas en el terreno militar y político y pudieron inspirarse en las pasadas contiendas por la independencia. Asimismo, ha esclarecido que el 2 de diciembre de 1956 nació el Ejército Rebelde, como continuador del Ejército Libertador y seguidor de sus mejores tradiciones combativas y revolucionarias. Luego, las Fuerzas Armadas Revolucionarias asumieron ese caudal de tradiciones y son los más legítimos sucesores de aquellos ejércitos que lucharon por la independencia de nuestro pueblo.

Si me preguntaran ahora, ¿cómo usted define el concepto tradiciones? Yo diría que es un conjunto de conductas, actitudes, normas morales o valores formados históricamente que rigen la actividad de los grupos humanos, transmitidos de generación en generación y determinados por los intereses de clase de dichos grupos.

Cada formación económico-social conformó sus propias tradiciones bajo la influencia directa de la actividad diaria de los hombres, de su experiencia y observación personal. En la comunidad primitiva las tradiciones desempeñaron, como precisó Lenin, la fuerza que reglamentaba los vínculos entre las personas. Luego, con el surgimiento de la propiedad privada y la aparición de las clases, los hombres ocuparon situaciones diferentes y adquirieron experiencias prácticas distintas. Sus sentimientos y estados de ánimo se condicionaron a la situación que cada uno ocupaba en la sociedad. Las tradiciones y valores éticos comenzaban a desarrollarse subordinados a la diferencia de intereses entre los diversos grupos humanos.

Las actitudes, conductas y normas morales, es decir las tradiciones, paulatinamente se fueron entrelazando más estrechamente con las concepciones y puntos de vista políticos, jurídicos, estéticos, éticos y filosóficos correspondientes a cada clase, contribuyendo así, a conformar la conciencia social de los pueblos, naciones, clases, colectivos, grupos, familias...

cargajpgLas tradiciones actúan y forman parte de la psicología social y están fuertemente vinculadas con la ideología, de modo tal que se interrelacionan e interactúan. La ideología enriquece a las tradiciones, le aporta conceptos políticos, éticos, clasistas. Las tradiciones, por su parte, crean las condiciones más favorables para la comprensión, aceptación y difusión de la ideología. Ambas se encuentran en diferentes niveles de la conciencia social, pero se fusionan. En Cuba, tenemos experiencias muy cercanas sobre esta fusión, pues como Fidel ha expuesto:

Hay que decir que el desarrollo del pensamiento revolucionario estuvo influido fuertemente por las tradiciones de nuestro país, fuertemente por la historia de nuestro país, por las luchas emancipadoras de nuestro país. Y puede decirse que la concepción que inspiró la estrategia revolucionaria que dio lugar al triunfo en 1959 fue precisamente la unión, la hibridación de una tradición, de una experiencia peculiar de nuestro país con las ideas esenciales del marxismo leninismo. Un país sin las tradiciones de Cuba y sin la historia de Cuba no habría podido arribar en esa fecha a un triunfo de esta naturaleza. Pero un país con las tradiciones de Cuba, sin las concepciones esenciales del marxismo-leninismo—sobre todo en una serie de cuestiones fundamentales— no habría podido tampoco de ninguna manera arribar a un paso de avance semejante.[8]

Resulta imprescindible esclarecer que las normas de conducta o actitudes puestas de manifiesto en una o varias personas aisladas no constituyen aún una tradición del grupo o colectivo donde dichas personas conviven. Para que las normas de conducta o actitudes puedan ser catalogadas como tradición deben tomarse en cuenta al menos cuatro elementos o, llamémosle mejor, exigencias:

La primera de esas exigencias es que las actitudes, conductas o normas han de ser reconocidas y aceptadas por la mayoría, por ejemplo, de una comunidad, un pueblo, una nación, un partido, una organización o por los integrantes de un colectivo —laboral, estudiantil, militar, deportivo, científico, profesional, familiar...— Aquí estamos ante un primer reto del proceso educativo: convertir actitudes individuales y aisladas en patrimonio de un colectivo y hasta de un pueblo.

La segunda exigencia a tener en cuenta es que las normas de conductas han de transmitirse de generación en generación, para asegurar sucesión, continuidad y para garantizar que nunca desaparecerán. Algo que puede suceder es que las tradiciones no transmitidas oportuna y adecuadamente comiencen a perderse paulatinamente, hasta su desaparición final. Es decir, cuando se corta la transmisión desaparece la tradición. Aquí estamos ante otro dilema de la educación.

En tercer lugar, no basta solo con la transmisión. La generación receptora tiene que repetirla, enriquecerla y multiplicarla en correspondencia con las nuevas condiciones políticas, sociales, económicas. ¿Cuál es el Moncada para los jóvenes de hoy? Estamos ante otro desafío de la educación.

Por último, en cuarto lugar, una exigencia importante, es convertir las tradiciones en convicciones y estas en fuerza material, es decir, no basta conocerla y estar de acuerdo con ellas, es transformar el contenido de cada tradición en guía del pensamiento, en actividad práctica, en acciones concretas. Un gran problema que debe enfrentar la educación.

La sociedad ha conformado un sistema de tradiciones en cada grupo humano. El hombre, como ya dijimos, vive en una esfera social concreta y representa al miembro de una familia, de una comunidad, de un colectivo laboral, de una clase, de una nación. Esas condiciones de vida van determinando su moral, sus puntos de vista, sus costumbres y sus tradiciones. Por eso enumerar todas las tradiciones es casi imposible, sin embargo, pueden ser clasificadas o agrupadas en dependencia a diversos criterios de análisis.

Uno de esos criterios de clasificación tiene en cuenta el momento del surgimiento y desarrollo de la tradición, es decir, cuándo surgió, hasta dónde llegó o si desapareció. Así podemos, hablar de tradiciones de la comunidad primitiva, del feudalismo, del capitalismo y del socialismo. También, en el caso de Cuba, podemos clasificarlas atendiendo a los períodos históricos: las surgidas en la colonia —fundamentalmente en las guerras de independencias—, en la neocolonia, y las que surgieron después del triunfo de la Revolución.

Las tradiciones, también pueden agruparse por la esfera de acción o perfil profesional de sus promotores; así reconocemos las tradiciones propias de los estudiantes, de los médicos y trabajadores de la salud, de los maestros, militares y científicos, de los deportistas, de los obreros azucareros, la construcción y de cada esfera de trabajo... Muchas de ellas están institucionalizadas, nacional e internacionalmente, y refrendadas en códigos de ética, pero no por ello hay que dejar de cultivarlas y transmitirlas de generación en generación.

La clasificación más usual y abarcadora de todas las tradiciones es la que las divide a partir del papel que desempeñan y de la influencia que ejercen en la sociedad. Este criterio las agrupa en revolucionarias o progresistas y reaccionarias, retrogradas o contrarrevolucionarias.

En el caso concreto de Cuba, sin el concurso y la influencia de las tradiciones progresistas y revolucionarias no hubiese sido posible la Revolución ni su desarrollo hasta el día de hoy. Fidel así lo argumenta cuando expresa:

Porque hay que decir que nuestra generación recibió la herencia, el espíritu de todo lo que hicieron aquellas generaciones: la herencia de Céspedes y Yara; la herencia de Agramonte, Calixto García, Máximo Gómez; la herencia de Maceo, la herencia de este hecho singular y extraordinario que fue la Protesta de Baraguá; la herencia de nuestras luchas por la independencia, la experiencia de todas las generaciones anteriores. Porque en los combatientes revolucionarios de nuestra época eso estaba muy presente, y la Protesta de Baraguá estaba muy presente: la idea de no rendirse, la idea de no darse por derrotado nunca.[9]

Por supuesto, las tradiciones progresistas y revolucionarias no se limitan solamente a la lucha política, estas abarcan, al igual que las reaccionarias, las esferas laboral, militar, cultural, deportiva, profesional y científica entre otras.

Como antípoda de las tradiciones progresistas y revolucionarias actúan en la conciencia de los hombres las reaccionarias, portadoras de los valores de los regímenes explotadores. Su contenido abarca todas las actitudes que frenan las transformaciones revolucionarias y progresistas de la sociedad. Entre ellas se encuentran el individualismo y el egoísmo, el oportunismo y el burocratismo, la vagancia y la indiferencia, la pasividad y la indisciplina, la falta de fe y la apatía, el fraude y la indolencia, y muchas más.

Aquí encontramos otra problemática para la acción educativa: contribuir a salir victoriosos en el enfrentamiento y lucha —en la conciencia— entre las tradiciones revolucionarias y reaccionarias, como son por ejemplo: laboriosidad-vagancia, solidaridad-individualismo.

Enumerar las tradiciones que atesora el pueblo de Cuba es una empresa difícil y sumamente compleja que requiere una investigación muy honda. Sin embargo, los cubanos conocemos que entre las tradiciones que forman parte de los valores de conducta de la mayoría de nuestro pueblo están: el amor a la patria, el internacionalismo, el respeto, cariño y confianza al Comandante en Jefe, la solidaridad humana y la hospitalidad, la intransigencia revolucionaria, la fe en la victoria, los sentimientos de unidad, el crecerse ante el peligro y la adversidad, el convertir los reveses en victorias, el respeto y el homenaje perpetuo a los héroes y mártires de la Revolución. Cada una de esas tradiciones tiene su expresión concreta en cada provincia, organización, institución, asociación y colectivo laboral o militar, que le imprimen sus sellos particulares. Asimismo, cada provincia tiene las suyas propias que conforman la identidad del espirituano, guantanamero, matancero, holguinero, pinareño, santiaguero, habanero... luego la integración de todas conforma la identidad del cubano.

¿Cómo investigar las tradiciones para encontrarlas en nuestro rico pasado?

En el análisis e investigación de las tradiciones es necesario aplicar el postulado leninista que dice:

Abordar el problema científicamente es no olvidar el encadenamiento histórico fundamental, enfocar todas las cuestiones desde el punto de vista de cómo el fenómeno de que se trata surgió históricamente y cuáles son las fases por las que pasó en su desarrollo, examinando cómo han ido desarrollándose en su trayectoria histórica hasta convertirse en lo que es hoy.[10]

A partir de esta enseñanza leninista, recordemos las palabras de Fidel, en torno al desarrollo de la tradición internacionalista cubana:

En nuestra guerra revolucionaria, cuando los problemas eran simplemente nacionales todavía, cuando las cuestiones del internacionalismo no se planteaban, tuvimos al Che, que fue otro ilustre y destacadísimo combatiente internacionalista. Ahora tenemos ese inmenso tesoro, esa extraordinaria herencia que permite a nuestro pueblo ser lo que es hoy, y de lo cual, además, se siente justamente orgulloso.[11]

EL PAPEL DE LA EDUCACIÓN EN LAS TRADICIONES

La educación del pueblo cubano en sus tradiciones revolucionarias, combativas, laborales, deportivas, culturales, científicas... es una manera insustituible de conservar la memoria histórica. Este es un proceso consciente dirigido a crear sentimientos de respeto por las actitudes y normas de conductas de las generaciones pasadas, asimilarlas para enfrentar, con el mismo espíritu, la realidad actual. Es transmitir, cultivar y multiplicar el contenido de las mejores tradiciones. Es conservar y afianzar lo mejor de la memoria histórica.

La educación en las tradiciones no es solo un proceso de influencia política e ideológica, es además una exigencia que asegura la propia existencia, conservación y desarrollo de las tradiciones. La ruptura de los mecanismos educativos conduce a la pérdida de la experiencia y al aniquilamiento de las conductas y actitudes acumuladas a través de los años, hasta que definitivamente desaparecen. No es casual que los enemigos de las revoluciones, siempre hayan intentado atrofiar el mecanismo de transmisión de las mejores tradiciones revolucionarias y de desvirtuar el sentido verdadero de ellas para imponer las suyas. Lenin lo advirtió ya en su época. Analizando una carta escrita por Carlos Marx, donde éste precisaba el papel del partido proletario y los designios de las fuerzas reaccionarias, Lenin observó que:

El objetivo de la reacción consiste en extirpar estas tradiciones (...) en hacer olvidar a la población las formas de lucha, las formas de organización, las ideas y consignas que la época revolucionaria engendraba con toda abundancia y diversidad.[12]

Cuánta coincidencia con la esencia de las palabras de Fidel cuando en el Informe Central al Primer Congreso del Partido destacaba:

El capitalismo yanqui dueño y señor de los medios de difusión masiva, los empleó para mistificar y aplastar nuestra cultura nacional, liquidar el sentimiento patriótico, conformar el pensamiento político y exaltar el culto de los Estados Unidos.[13]

Un ejemplo evidente de esta manera de proceder es el proceso que se impuso al Ejército Nacional de Cuba a partir de su creación en 1899.[14] Como el gobierno interventor norteamericano necesitaba crear en Cuba una fuerza represiva encargada de mantener el orden y defender la propiedad establecida, trató de lograr una ruptura con la conducta anterior del ejército Libertador, intentando liquidar todo lazo orgánico histórico, político e ideológico con un pasado de profundo contenido revolucionario. Los ocupantes necesitaban interrumpir la transmisión de las tradiciones independentistas y combativas de las dos guerras que libró Cuba contra el colonialismo español.

Para ello siguieron dos líneas diferentes, que al final convergían: la primera consistió en afirmar que la independencia del yugo español se había logrado por la intervención norteamericana en la guerra y que sin ella Cuba jamás hubiese obtenido el triunfo en la contienda. La segunda, fue minimizar el proceso independentista hasta despojarlo de su carácter anticolonial. Al final parecía que no había existido el Ejército Libertador, ni batallas mambisas ni invasión de Gómez y Maceo. También se trató de ignorar la fuerza y pujanza del Partido Revolucionario Cubano. El estudio de la historia y sus acontecimientos reales fue sustituido por una versión de hechos sin contenido patriótico, para brindar en el mejor de los casos, solo una información banal, libre del carácter emotivo e inspirador de las contiendas.

Entre las medidas que se tomaron en tal sentido, estuvieron las siguientes:

· La aprobación del Decreto No. 45, de 13 de enero de 1912, por el cual se le prohibía a todos los miembros de las Fuerzas Armadas su asistencia y participación en las reuniones de los Centros de Veteranos de nuestras guerras de independencia. En esos centros se criticaba la labor y la conducta política que asumían los diversos partido y sus representantes y por lo tanto los miembros de las fuerzas armadas no podían tomar parte de esas deliberaciones.

· La publicación del libro Moral Militar, convertido en texto de la asignatura Instrucción Cívica de la escuela de formación de oficiales, donde estaban ausentes los valores reales, concretos y más significativos de la verdadera historia. Sin embargo se enunciaban conductas de pueblos y personajes involucrados en la Primera Guerra Mundial, ajenos a la historia de Cuba.

· El Boletín del Ejército cuyo contenido estaba dirigido a liquidar todo vínculo con la tradición militar cubana. Muestra de ello es que en las páginas de este órgano no dejaban de publicarse asuntos relacionados con la moral militar que exaltaba la organización militar y los valores morales en que se basaba la disciplina del Ejército de los Estados Unidos; mientras, tuvieron que pasar nueve años después de su fundación para que, en 1925, apareciera por vez primera una sección dedicada a la vida y obra de José Martí.

· A los maliciosos intereses de esta política oficial encaminada a tergiversar la realidad de nuestra historia, contribuyó también, el libro Estudio acerca de la guerra de guerrillas, texto donde se argumentaba que la independencia de Cuba se obtuvo debido a la ayuda de los EEUU y que nunca nuestros heroicos mambises hubiesen podido vencer al ejército español, cuando todos sabemos que el ejército de Estados Unidos intervino en la guerra de los cubanos contra España, solo cuando los patriotas cubanos tenían prácticamente derrotado al ejército español.

Hasta 1958 duró este fraude histórico. El compañero Fidel así lo recuerda:

¿Qué nos dijeron en la escuela? ¿Qué nos decían aquellos inescrupulosos libros de Historia sobre los hechos? Nos decían que la potencia imperialista no era la potencia imperialista, sino que lleno de generosidad el gobierno de Estados Unidos, deseoso de darnos la libertad, había intervenido en aquella guerra y que, como consecuencia de eso, éramos libres.[15]

Pero no solo ese pasado trataron de tergiversarlo, también lo harían hoy, si tuviesen la menor posibilidad. Así lo valoró Fidel, cuando dijo:

Porque sabemos que si un día el imperialismo pudiera apoderarse otra vez de esta tierra, donde tendría que recoger, como dijo Maceo, el polvo de nuestro suelo anegado en sangre si no perece en la contienda, la memoria de nuestros mártires y héroes sería barrida, la lucha de más de 120 años, estaría pérdida, ni los restos de nuestros héroes quedarían, nada que recordara su historia, un solo símbolo, una sola estatua, una sola tumba, un solo nombre de mártir en cualquiera de nuestros hospitales, de nuestras cooperativas, de nuestras fábricas.[16]

Estos ejemplos bastan para alertarnos y alentarnos acerca de la necesidad de transmitir adecuadamente nuestras sagradas tradiciones a las presentes y futuras generaciones. Los revolucionarios no podemos incurrir jamás, consciente o inconscientemente, en el grave error de romper los lazos que nos unen a nuestra historia. De ahí la importancia de mantener en el recuerdo perenne la memoria histórica para enriquecer las tradiciones, tal y como lo ha explicado el líder de la Revolución Cubana:

Los que realmente están llamados y tienen que ser los más interesados en divulgar esa historia, en conocer esa historia, en conocer esas raíces, en divulgar esas verdades, somos los revolucionarios.[17]

El proceso de educación en las tradiciones no solo exige el conocimiento de la historia, sino reclama un profundo análisis que nos lleve a encontrar en esa fuente inagotable de conductas y valores históricos, aquellos que fueron asimilándose y repitiéndose por la mayoría, de generación en generación. Para hacer más efectivo este proceso es necesario que todo colectivo, en cualquier esfera de la sociedad pueda ser capaz de:

· reconocer cómo se manifiestan las tradiciones generales del país en los integrantes de su institución u organización;

· determinar las tradiciones particulares, que caracterizan e identifican al colectivo. Descubrirlas, conservarlas, desarrollarlas y transmitirlas es una premisa para la cohesión del colectivo. En ellas se encuentran los valores que los unen;

· crear y desarrollar nuevas tradiciones y enriquecer otras. Es tarea permanente de los educadores convertir los ejemplos aislados de conductas sobresalientes, en conductas de cada colectivo, e introducir conscientemente, una innovación que, con el tiempo, se transforme en una tradición. Muestra de ello es la patriótica tradición que cada 28 de Octubre, mueve al pueblo cubano a depositar en las aguas del mar una flor dedicada a Camilo Cienfuegos.

Reitero, que en la conciencia de los hombres se desarrolla una batalla permanente de ideas, donde entre muchos conceptos, se oponen las tradiciones revolucionarias y las reaccionarias, el espacio que una ceda lo ocupa la otra. Ya el Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba destacó que:

Las ideas, concepciones, hábitos y patrones de conducta del pasado, arraigados durante décadas o siglos, transmitidos de generación en generación permanecen en la conciencia de la gente aún después de triunfar el socialismo.[18]

El propio Lenin mucho antes había señalado que ninguna muralla china ha separado jamás a los obreros de la vieja sociedad, por lo que estos conservan mucho de la psicología tradicional de la sociedad capitalista.[19] Por eso, en el Segundo Congreso del PCC se ratificó la necesidad de:

Desarraigar viejos prejuicios y fomentar, paralelamente, las nuevas costumbres y hábitos que tienden a fortalecer las relaciones fraternales y solidarias de nuestra sociedad socialista.[20]

Aunque también, Vladimir Ilich Lenin había aclarado que, las costumbres del régimen capitalista están tan arraigadas en el pueblo educado en esas costumbres, que reeducarlo es una obra complicada y requiere mucho tiempo.[21]

La transmisión del contenido de las tradiciones a las nuevas generaciones debe producirse de manera continúa y no limitarse jamás a la simple repetición de la experiencia y su ciega imitación. El líder de la Revolución rusa también nos enseñó que las nuevas generaciones:

No guardan la herencia como los archiveros los viejos documentos. Guardar la herencia —dijo— no significa, ni mucho menos, limitarse a ella.[22]

El compañero Raúl Castro Ruz, Segundo Secretario del CC PCC, en este sentido llamó la atención cuando expresó:

Cada generación necesita de sus propias motivaciones y de sus propios valores (...) El recuerdo y la evocación del triste pasado en que vivieron otras generaciones de jóvenes tienen que ir acompañado por el precepto que les indique a los de hoy qué deben hacer en esta hora y qué les depara el porvenir.[23]

No en vano Lenin alertó que los jóvenes tienen que:

aproximarse al socialismo de una manera distinta, no por el mismo camino, ni en la misma forma, ni en la mismas circunstancias en que lo han hecho sus padres.”[24]

La vinculación del contenido de las tradiciones con las tareas de los colectivos laborales enriquece el proceso educativo. En cada tarea o misión asignada habrá siempre un antecedente histórico, con sus ejemplos, actitudes y conductas: ¡busquémoslo!, para emplearlo como motivación espiritual, como fuerza inspiradora que contribuirá a la obtención de mejores resultados.



[1] José Martí: O. C., t. 12, p. 302.

[2] http://www.rebelion.org/ y www.nodo50.org/foroporlamemoria

[3] Obras escogidas en dos tomos. M. 1971, t. 1, p. 230

[4] V.I. Lenin: O.C., t. 20. Progreso, pp. 466-467.

[5] José Martí: O,C., t. 4, p. 189.

[6] José Martí: O.C., t. 9, p. 88

[7] Fidel Castro Ruz: Ediciones OR. Trimestre enero-febrero-marzo de 1981, p. 39.

[8] Fidel Castro Ruz: Granma, 23 de abril de 1970, p. 2.

[9] Fidel Castro Ruz: Granma, 17 de marzo de 1978, p. 3.

[10] V. I. Lenin: O. C., t.29, p. 465.

[11] Fidel Castro Ruz: Granma, 17 de marzo de 1978, p. 3.

[12] V. I Lenin: O. C., t. 16. Progreso, p. 24.

[13] Fidel Castro Ruz: Informe Central Al Primer Congreso del PCC. Editora política, p. 14.

[14] Consultar a Federico Chang: El Ejército Nacional de la república neocolonial. Ciencias Sociales, 1981.).

[15] Fidel Castro Ruz: Granma, 11 de octubre de 1868, p.2.

[16] Fidel Castro Ruz: Granma, 8 de septiembre de 1992, p. 6.

[17] Fidel Castro Ruz: Discursos. Ciencias Sociales, t. 1, p. 79.

[18] Resolución sobre la lucha ideológica. Tesis y Resoluciones del I Congreso del PCC. DOR, 1976, p. 230.

[19] Ver: V. I. Lenin: O. C., t. 37. Progreso, p. 464.

[20] Informe Central al II Congreso del Partido. Editora Política, p. 119.

[21] Ver: V. I. Lenin: O. C., t. 36. Progreso, p. 502.

[22] V. I. Lenin. O. C., t. 2, Progreso, p. 566.

[23] Raúl Castro Ruz: Granma, 29 de enero de 1980, p. 3.

[24] V. I. Lenin: O. C., t. 30, Progreso, p. 233.

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