ANTONIO MACEO. 165 AÑOS DE SU NATALICIO

La libertad se conquista

José Martí vio en el Héroe de Baraguá al soldado bravo y tenaz, y también al hombre de hondo pensamiento antianexionista y latinoamericanista

Por: PEDRO ANTONIO GARCÍA (cultura@bohemia.co.cu)
“Firme es su pensamiento y armonioso, como las líneas de su cráneo”, diría Martí de Maceo

1_MaceoEn la noche del 14 de abril de 1896, después de la primera embestida española a las posiciones mambisas en las Lomas de Tapia, Antonio Maceo escribía desde su campamento en El Rubí, Pinar del Río, a Tomás Estrada Palma, quien regía a la sazón el Partido Revolucionario Cubano: “Esto marcha bien y podría durar tiempo indefinido o hasta dejar extenuada a España”. Pero algo le preocupaba enormemente. Había leído en periódicos foráneos que en Estados Unidos se discutía sobre la posibilidad de una intervención en la guerra cubana, bajo el pretexto de “razones humanitarias”. Razonaba el Titán: “A mi modo de ver, no necesitamos de tal intervención para triunfar en plazo mayor o menor. Y si queremos reducir esta (la contienda) a muy pocos días, tráiganse a Cuba 25 ó 30 mil rifles y un millón de tiros en una, o a lo sumo, dos expediciones”.

No era la primera vez que el Héroe de Baraguá abordaba este tema con el entonces Delegado. Cuando en el invierno de 1895 circularon falsos rumores acerca del reconocimiento por Washington de la beligerancia mambisa y del ofrecimiento de trescientos millones de pesos para la causa independentista, acogió con reservas esa noticia “porque soy de aquellos que dicen que si viene (la ayuda estadounidense), bien, y si no, también”.

Desde entonces, reiteraría en sus declaraciones a la prensa yanqui su convicción del triunfo de los mambises por sus propios esfuerzos. “El ejército cubano está lleno de entusiasmo”, expresaría al periódico The Star, de Washington, en enero de 1896. La guerra, predijo, “podrá durar unos meses o algunos años, no podría decirlo. Pero lo que sí es cierto es que el trapo rojo y amarillo de España jamás volverá a triunfar otra vez sobre Cuba esclava”. Y al neoyorquino The World, en abril de 1896, recalcaría su deseo de no querer ver el derramamiento de sangre estadounidense “por nuestra libertad, nos bastamos solos, si dentro del derecho de gentes podemos conseguir todos los elementos que necesitamos, para arrojar de Cuba al derruido poder de España en América”.

La libertad se conquista al filo del machete, no se pide; mendigar derechos es propio de cobardes incapaces de
ejercitarlos

De tez broncínea, Antonio Maceo tenía unos seis pies de estatura. Cuando el coronel y cronista mambí Manuel Piedra Martel lo conoció, ya frisaba los 50 años. Lo describió “de apuesta y arrogante figura. Su elevada talla se armonizaba con la anchura de sus hombros y el resto del cuerpo, dando la sensación del equilibrio, de la agilidad y la fuerza […] Los ojos grandes, en forma de almendra, eran oscuros y sumamente expresivos… Su frente, ancha y despejada […]”

2_carga-al-macheteTenía una forma de hablar muy pausada para disimular su tendencia a la tartamudez. Su voz era grave y sonora. Su palabra era sedosa, al decir de Martí, “como la de la energía constante y de una elegancia artística que le viene de su esmerado ajuste con la idea cauta y sobria”. Para el Apóstol, “Maceo tiene tanta fuerza en la mente como en el brazo. Firme es su pensamiento y armonioso, como las líneas de su cráneo”.

Detestaba las bebidas alcohólicas, las malas palabras y el humo del tabaco. Gustaba de la limpieza y el buen vestir. Su trato siempre fue correcto y respetuoso, aun con el enemigo, “cariñoso casi”, en opinión del historiador Benigno Souza. Dicen que era sincero hasta donde se lo permitía el buen gusto de no herir a los demás. “Ni rechaza ni lisonjea, pero le saludan todos”, acotaba Martí, a lo que el historiador Leonardo Griñán Peralta añadía: “Tenía además la agradabilidad de todo lo que despierta esperanza. Y el deseo de no desagradar”.

Nunca se daba por vencido. Cuando algunos se dejaban abatir por el desaliento en el difícil decenio de 1880, él mantenía el optimismo: “El triunfo de nuestra causa lo siento en mi propio ser, inveterado en la sangre, si desconfiara, moriría en el acto mismo que abrigara esas dudas”. Y por aquellos días (enero de 1886), escribía a su amigo Benito Machado: “Yo me siento cada vez más animado y dispuesto a resistir contra la naturaleza y los hombres que se opongan a la realización de nuestros fines políticos. Venceré”.

3_MaceoFue el historiador Emilio Roig de Leuchsenring el primero en subrayar las coincidencias del pensamiento maceísta con las facetas fundamentales del ideario martiano. Mucho antes de que el Apóstol plasmara en las bases del Partido Revolucionario Cubano la misión de ayudar a los borinqueños en su lucha por la independencia, el Héroe de Baraguá confesaba en carta a Anselmo Valdés (6 de junio de 1884): “Cuando Cuba sea independiente, solicitaré al Gobierno que se constituya, permiso para hacer la libertad de Puerto Rico, pues no me gustaría entregar la espada dejando esclava esa porción de América”.

El general e historiador mambí José Miró Argenter señaló en sus Crónicas de la Guerra que el general Antonio confiaba en el apoyo de las repúblicas latinoamericanas a la causa mambisa. Ejemplo de esto es la carta que el Titán envió el 30 de octubre de 1895 al general Joaquín Crespo, presidente de Venezuela: “La Revolución (cubana) se halla en camino de asegurar su triunfo decisivo. Para ello nos hace falta solamente armamento necesario… Ninguna nación (latino) americana querrá por sí sola la responsabilidad que le traería intervenir en los asuntos que favorezcan directamente a la República de Cuba, pero creo que ninguna, tampoco, se denegaría a aceptar esa misma responsabilidad si fuese colectiva y solidaria entre todas.

“Así, pues, si nuestros hermanos del Centro y del Sur del Nuevo Mundo tuviesen a bien favorecer a Cuba, podrán garantizar, en nombre nuestro, el pago de un empréstito de un millón de dólares, los cuales serían invertidos en comprar elementos de guerra para los cubanos; y ordenar que esos elementos fuesen contratados y embarcados bajo los auspicios del Cuerpo Consular Hispanoamericano, residente en Nueva York.”

Acertada negociación, comentaría años después Roig de Leuchsenring. El dinero vendría de Estados Unidos, pero ni Washington ni Wall Street podrían encadenar a Cuba económicamente con peligro de su soberanía política, porque en el cumplimiento de los términos de ese préstamo saldrían fiadoras las naciones de nuestra América.

“Mendigar derechos es propio de cobardes”

“Creo más bien que en el esfuerzo de los cubanos que trabajamos por la patria independencia (sic), se encierra el secreto de nuestro definitivo triunfo.”

El arribo de la expedición de Leyte Vidal, en el verano de 1896, alegró al Titán, porque podía disponer de 200 nuevos fusiles y unos 300 mil tiros. Esta grata noticia, relataría Miró Argenter en sus Crónicas…, “fue amargada por otras recibidas simultáneamente que proporcionaron malestar y desencanto”. Se refería a una serie de cartas recibidas por el general Antonio, “en las cuales se indicaba la conveniencia de concertar voluntades y esfuerzos para hacer necesaria la intervención de Estados Unidos”.

Maceo alertó a sus amigos del peligro de tales propuestas. A Federico Pérez Carbó, de misión en Nueva York, escribió desde el campamento de El Roble (Pinar del Río), el 14 de julio de 1896: “De España jamás esperé nada, siempre nos ha despreciado y sería indigno que se pensase en otra cosa. La libertad se conquista al filo del machete, no se pide; mendigar derechos es propio de cobardes incapaces de ejercitarlos. Tampoco espero nada de los (norte) americanos”.

En otra misiva, enviada al patriota Alberto Díaz un día después, puntualizaba: “No me parece cosa de tanta importancia el reconocimiento de nuestra beligerancia ni tan provechosa al porvenir de Cuba la intervención (norte) americana como suponen la generalidad de nuestros compatriotas. Creo más bien que en el esfuerzo de los cubanos que trabajamos por la patria independencia [sic], se encierra el secreto de nuestro definitivo triunfo, que solo traerá aparejada la felicidad del país si se alcanza sin aquella intervención”.

No había terminado de firmar su mensaje a Alberto Díaz y ya comenzaba otra carta, dirigida al patriota José Dolores Poyo: “Y si hasta hoy las armas cubanas han ido de triunfo en triunfo […] ¿A qué intervenciones e injerencias extrañas que no necesitamos ni convendrían? Cuba está conquistando su independencia con el brazo y el corazón de sus hijos; libre será en breve plazo sin que haya menester otra ayuda”. Reiteración de lo que ya había alertado en la carta a Pérez Carbó antes mencionada, advertencia desoída por algunos cubanos en los años siguientes: “Todo debemos fiarlo a nuestros propios esfuerzos, mejor es subir o caer sin ayuda, que contraer deudas con vecino tan poderoso”.
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Fuentes consultadas:
La compilación Antonio Maceo. Ideología política. Cartas y otros documentos. Los libros Antonio Maceo. Análisis caracterológico, de Leonardo Griñán Peralta; Mis primeros 30 años, de Manuel Piedra Martel; y Maceo. Estudio Político y patriótico, de Leopoldo Horrego. Textos periodísticos del autor de este trabajo publicados en el diario Granmadurante 1996.

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