Marxismo y tradición nacional: Raúl Roa (1920-1935)

Juana Rosales García. Investigadora, Instituto de Filosofía.

Tomado de la revista Bohemia noviembre de 2005
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Representante de la generación del 30, Raul Roa constituye un genuino exponente de la intelectualidad revolucionaria comprometida con su patria

En Raúl Roa, como en otras figuras paradigmáticas de las décadas del veinte y el treinta del pasado siglo se constata algo que constituye una regularidad del pensamiento cubano en el pasado siglo: la asunción del marxismo y el leninismo a partir de una inicial formación que se nutre de la tradición histórica y de lucha de la nación cubana, fundamentalmente del pensamiento radical, democrático, revolucionario, antimperialista y nacional liberador de José Martí. En este trabajo nos proponemos demostrar que las ideas de Roa, nos demuestran la forma particular en que se articulan la ideología de la clase obrera y las tradiciones nacionales en nuestra cultura, especialmente el pensamiento martiano.

Raúl Roa García nace el 18 de abril de 1907 en La Habana. De progenie mambisa, el niño pasó muchas de sus horas infantiles a la sombra de su abuelo paterno Ramón Roa, quien ocupara importantes responsabilidades bajo las órdenes de Ignacio Agramonte, Antonio Maceo y Máximo Gómez. Las historias contadas por el viejo mambí fueron formando en el pequeño Raúl el amor a la libertad y la independencia.

El hogar donde creció fue marco propicio para que se consolidara en el niño un odio temprano hacia las ataduras sociales y los prejuicios raciales. El entorno familiar también coadyuvó a una precoz inclinación por los problemas patrios y por la figura del Apóstol, al cual leyó en la colección de libros de Gonzalo de Quesada.[1] “El encuentro con Martí —expresaría mas tarde— me estrujó los huesos y me dio la preparación espiritual que me puso en el camino de Mella”.[2]

Siendo solo un adolescente de 18 años escribirá su primer artículo, precisamente sobre el Maestro: Ensayo sobre José Martí. No por casualidad el sentimiento antimperialista que lo caracterizó desde muy joven, se forjó en el ideario martiano, en el conocimiento temprano de la historia republicana, de la penetración económica y financiera del imperialismo norteamericano en Cuba y en América Latina. Además, fue notable la influencia —como el mismo Roa señala— de los textos de Enrique José Varona, Manuel Sanguily, Mariátegui, Marx y Lenin. Un importante lugar en este proceso lo ocupó el redescubrimiento de Martí a partir de las “Glosas” de Julio A. Mella.[3]

En 1925, mientras estudiaba el bachillerato en el Colegio religioso “Champagñat”, el adolescente siempre atento a su realidad social, se sentirá fuertemente atraído por los aires de rebeldía y renovación que le llegaban de la Universidad. Una importante huella en ese año se la dejó Mella: “me llenó la imaginación de ardientes visiones y advertí, estupefacto, que el corazón me latía a la izquierda del pecho”.[4] Roa siguió atentamente la agonía de Mella durante los 19 días que duró su huelga de hambre.[5]

El ingreso a los estudios superiores (1926) abre una importante etapa en la vida del joven. En el recinto universitario no existía entonces un estudiantado revolucionario sino solo algunos núcleos de jóvenes radicales. Mella, la figura aglutinadora y dirigente es obligado a marchar al exilio. En este contexto Roa, estudiante de Derecho; se destaca muy pronto por sus inquietudes políticas y va a sufrir su primera experiencia carcelaria al firmar un llamamiento en contra de la intervención del imperialismo yanqui en Nicaragua.

El proceso de definición político de Roa, lo vincula rápidamente al pequeño grupo de jóvenes antimperialistas y revolucionarios que participaban en la Universidad Popular José Martí y la Liga Antimperialista. Ambas organizaciones —al ingresar Roa en 1927—, se encontraban en proceso de reestructuración bajo la dirección de Rubén Martínez Villena.

La dimensión humana y revolucionaria de Rubén, cuya amistad cultivaba, influyó a que se desarrollara aún mas la sensibilidad de Roa hacia la problemática social. Será Villena quien lo conduzca a las luchas obreras y sus organizaciones. También será el mejor crítico de la incipiente labor periodística de Roa en el suplemento literario del Diario de la Marina y en los periódicos obreros El Tranviario y Aurora.

Otra actividad revolucionaria importante en la que se destacó, fue la manifestación que —junto a otros estudiantes— realizó a la casa del mentor de la juventud Enrique José Varona; tras la que quedaría fundado el Directorio Estudiantil Universitario (DEU de 1927) contra la prórroga de poderes.[6] El DEU declararía presidente de honor a Mella y se manifestaría como centinela de la obra de este líder antimperialista.

El encuentro con las ideas del marxismo y el leninismo se produjo muy rápidamente en Roa. Siendo un adolescente había leído de Lenin: El capitalismo de estado y el impuesto en especie. Al entrar a la universidad ya había releído el Manifiesto Comunista y estudia la Critica a la economía política de Marx, todo lo cual dice mucho de su temprana vocación por la ideología de la clase obrera. Otras obras que también estudió más tarde fueron El estado y la revolución, El imperialismo, etapa superior del capitalismo, El extremismo de izquierda, enfermedad infantil del comunismo y otros.[7]

Acerca de la escasa bibliografía marxista existente entonces, Roa valoraba: "No hay que olvidarse que en aquella época en Cuba la bibliografía marxista leninista era bastante pobre, era más rica la de Lenin que la de Marx. Por eso yo muchas veces he pensado que todos nosotros fuimos a Marx desde Lenin, y no fuimos a Lenin desde Marx, como suele ocurrir en la mayor parte del mundo.”[8]

Concepción de Revolución Antimperialista.

Aquel primer aprendizaje del pensamiento martiano y de lo mejor de las tradiciones patrióticas que había influido en la formación antimperialista se hace evidente desde sus primeros trabajos. Roa penetra en la raíz de la dependencia política y económica de Cuba y profundiza en la contradicción imperialismo-pueblo, develada por Martí como la principal en América Latina.

Hacia 1927, el joven ya contaba con un prestigio en los medios de prensa y literarios. Sus escritos aparecen en la Revista de Avance y en la manzanillera Orto, donde aparecen sus trabajos sobre la poesía de Martí y otros donde el conocimiento de la obra del Apóstol se hace más profundo. Aunque esta labor periodística se centra, de manera general, en la crítica literaria y en ella no manifiesta abiertamente sus ideas políticas, si se perciben implícitamente cuando analiza la poesía revolucionaria de Villena, José Z. Tallet o Regino Pedroso.

Expresión del proceso de maduración revolucionaria que se opera en Roa, será el artículo sobre la agresión yanqui a Nicaragua que publica en la revista América Libre. En él realiza un análisis marxista del fenómeno imperialista y de su papel en la explotación de los pueblos. Un arraigado espíritu antimperialista y latinoamericanista son las ideas esenciales que expone en este trabajo: “Porque el imperialismo es la explotación mas desvergonzada y abierta de los países pequeños y de las colonias por sus protervas metrópolis... Pero toda explotación supone implícitamente una reacción por parte de los explotados. Estos se baten corajudamente y con tesón por rescatar de manos extrañas sus medios de producción, sus riquezas, su economía nacional”.[9]

No obstante el repliegue de los jóvenes revolucionarios que siguió a los procesos de expulsiones estudiantiles de la Universidad —1927-1928— la actividad de Roa se hará sentir en conferencias y actos políticos demandando la acción juvenil. Él mismo había logrado escapar del llamado “proceso comunista” (1927) que había dado al traste con la Universidad Popular José Martí y la revista América Libre entre otras instituciones de la izquierda.

A nombre de la Asociación de Estudiantes de Derecho del alto centro docente, Roa va a argumentar las principales directrices del movimiento estudiantil y a situar en primer lugar la prioridad de unir a los jóvenes y movilizarlos para el combate contra la tiranía y el imperialismo. También, reflexiona a propósito del proceso revolucionario de las masas populares mexicanas por su liberación nacional y social, acerca de la Revolución que había que librar en Cuba contra el imperialismo yanqui. Y precisa que aunque las condiciones objetivas para el triunfo no estén maduras, lo que importa en definitiva es “el anhelo libertario que las impulsa y el creciente y denodado afán de las masas mexicanas por ejercer, a despecho de todo y contra todo, su propia dirección histórica” —pues— “de esa pugna formidable entre las masas desposeídas y tiranizadas y las clases privilegiadas nativas y el imperialismo... surge la tragedia mexicana”.[10]

Es por ello que los jóvenes revolucionarios cubanos, desde su puesto de combate, deberán luchar por la reforma universitaria hasta el final. Y explica evocando a Martí que “una idea justa que aparece vence”. Dicha reforma en su contenido social —que para Roa era el más importante— tendrá que vincular más la Universidad al pueblo, incorporar su vida intelectual a las masas “elevando su capacidad técnica, suministrándoles los instrumentos adecuados a su redención histórica.” [11]

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