Salvador Cisneros Betancourt: una vida por la independencia absoluta de Cuba

Por MsC. Ricardo Muñoz Gutiérrez

(Tomado de la web de la Oficina del Historiador de Camagüey)

cisneros_betancourtEn una de las mejores cunas de Puerto Príncipe nació, el 10 de febrero de 1828, Salvador Cisneros Betancourt; ya su familia llevaba con orgullo el título Marqués de Santa Lucía concedido por el Rey de España unos años antes.

Sin embargo, su larga vida no será objeto de atención por haber sido fiel a la distinción del soberano o por la riqueza acumulada. El amor a la patria y la convicción de que servirla es la más hermosa forma de ser honrado, fijaron su conducta.

Según su propio testimonio, estuvo involucrado en la conspiración que condujo al alzamiento de Joaquín de Agüero y Agüero en 1851; aunque, no es el homónimo que en muchas obras bibliográficas aparece como juzgado y deportado a España.

En 1868 fue uno de los principales líderes de la Junta Revolucionaria de Camagüey y su firme decisión de no permitir que los españoles concentraran todo el poderío contra los patriotas orientales, determinó el alzamiento de los camagüeyanos el 4 de noviembre en Las Clavellinas.

Su actitud, en estos primeros días, contribuyó a que no prevalecieran las gestiones conciliadoras y traidoras de algunos que aún confiaban obtener mejoras de la metrópoli. En la reunión de Las Minas, la noche del 26 y madrugada del 27 de noviembre, antes de que Ignacio Agramonte llamara a arrancarle a España, mediante las armas, la libertad de la patria y decidiera que los patriotas se pronunciasen por la continuación de la revolución, Cisneros se había pronunciado por la continuación de la guerra.

Un día después, fue el combate de Bonilla; bautizo de fuego de los camagüeyanos que se propusieron detener el tren de Puerto Príncipe a Nuevitas que conducía las fuerzas del Conde de Valmaseda, en tránsito a Oriente. Allí estaba Cisneros, de pie sobre la línea del ferrocarril, sin armas y alentando a los patriotas.

El Comité Revolucionario de Camagüey, las asambleas de Representantes del Centro y la Constituyente de Guáimaro, fueron instituciones donde se desempeñó, además de haber ejercido la presidencia de la Cámara de Representante y de la República en Armas, siempre en constante peligro.

Penalidades, confiscación de bienes y, lo más preciado, la muerte de la esposa y varios de los hijos en la manigua es el costo del sacrificio. Nada lo debilita.

Protesta los acuerdos del Zanjón en entrevista con el mismo capitán general Arsenio Martínez Campos, y como comprende que la independencia en esta oportunidad no se puede obtener, reclama, por lo menos, la libertad del esclavo.

 

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Salvador Cisneros Betancourt

No acepta vivir bajo el dominio de España y pobre y sin familia marcha al exilio. Con el mismo traje que embarcó en Santa Cruz del Sur, permaneció en Jamaica y llegó hasta Nueva York.

Tiempo después lo recuerdan, en una de sus principales avenidas, como propietario; pero no de una gran tienda. En la calle, en un puesto de tabacos, cigarros y algún billete, puede verse a un hombre que vende, un hombre que no quiso ser marqués para ser cubano.

Solo regresa a Cuba cuando los grandes de la guerra del `68 y el Maestro José Martí, lo consideran indispensable en el Camagüey para la nueva contienda.

Con 67 años vuelve a la manigua, los años pueden pesar pero no lo vencen. Otra vez la máxima autoridad civil de la República y la defensa de la libertad y los derechos democráticos del pueblo; aunque, no se acomoden mucho a los tiempos.

Cuando España no podía mantener la colonia, los Estados Unidos se disponen, como fiera, a escribir su historia imperialista. Cisneros teme de las palabras endulzadas e impulsa la ocupación de los pueblos por el Ejército Libertador antes que otra fuerza extranjera.

Al fin de la guerra le siguió la ocupación norteamericana y muy pronto comprendió los verdaderos intereses de la nueva potencia. “Nunca ha pasado por mi mente la idea que me haga suponer que los americanos se desprenderán de Cuba. Ellos harán todo lo posible por no soltar la prebenda…”(1)

Denunció de diversas formas las maniobras norteamericanas por apoderarse de Cuba y llamó a la unidad de todos los cubanos para lograr la independencia absoluta. En 1901, dirigiéndose a los de pensamiento advenedizo, expresó:

“No piensen ni sueñen con el protectorado ó la anexión. Los cubanos aún tienen vergüenza, único recurso que nuestro inolvidable general Ignacio Agramonte pedía para concluir con nuestros enemigos, lanzándolos fuera del territorio. Cuba, aún cuando le pese á alguno, tendrá su soberanía y su independencia absoluta, cumpliéndose el juramento de independencia ó muerte, ó de lo contrario se hundirá en el Golfo mexicano, no quedando una piedra sobre otra, desde el Cabo de San Antonio á la Punta de Maisí.”(2)

Si ejemplo de patriotismo fue su lucha contra España, no fue menos la batalla por el fin de la ocupación de los Estados Unidos y en especial contra la imposición de la Enmienda Platt.

Creada la República, muy pronto enfrentó la traición de sus antiguos compañeros de la manigua, que ahora en el poder y sirviendo a los partidos políticos, se olvidaron del pueblo. Invocando a José Martí y al Partido Revolucionario Cubano se propuso la creación de un gran movimiento cívico –cuya fuerza fundamental fueran los veteranos de la independencia, los obreros y estudiantes– para enfrentar los males de antaño que sobrevivieron a la colonia y, lo que consideró la causa principal: la imposición del apéndice constitucional y la injerencia del gobierno de los Estados Unidos.


Notas

El día que lograra ese sueño, decía, ese será el día que descanse en paz.

(1) Salvador Cisneros Betancourt: Resultado Final Folleto Núm. 4. La Habana. Imprenta La Prueba. 1901 p. 17.

(2) Ibid. P.18

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